Catolicismo africano

¿La hora de los católicos de África? Es el continente con mayor número de convertidos y de mártires 

Un pasado glorioso y un peso cada vez mayor en la Iglesia

Haría mucho bien “a los cristianos de Europa tomar conciencia que una parte notable de sus raíces cristianas latinas se encuentra en el sur del Mediterráneo”, advertía casi proféticamente al comienzo del tercer milenio Henri Teissier, el entonces obispo de Argelia. También porque, escribía el historiador francés Claude Lepelley, fallecido hace un mes, “el cristianismo occidental no nació en Europa, sino en el sur del Mediterráneo”.

Parece extraño a quien piensa que todo ha tenido origen con san Benito y su Regla; y que antes de Montecassino y Cluny sólo hubo cristianos dados en pasto a los leones en las arenas por los romanos paganos, después de haber sido sorprendidos rezando al Dios hecho hombre.

Ahora bien, esto es historia. Después de todo, las más antiguas obras de teología cristiana compuestas en latín provienen de Cartago, no de Italia.

Sacerdotes para África
Gantin, profeta que había vivido en primera persona los dramas del colonialismo y de la descolonización esmerada, sugería que los jóvenes y determinados sacerdotes salidos de los seminarios africanos no se alejaran demasiado de la madre patria: “Luego, si su obispo lo permitiera, podrían volver de nuevo a Occidente. Lo que es necesario evitar es que los sacerdotes africanos, sin el consenso de los propios obispos, deambulen por las diócesis del mundo occidental más a la búsqueda de un propio bienestar material que por un auténtico celo pastoral”. Además, aconsejaba las congregaciones religiosas “europeas agonizantes o amenazadas de extinción” a “no ir a rejuvenecerse a buen precio entre las jóvenes Iglesias de Asia o África”.

El catolicismo no es protestantismo
Ciertamente, existe el problema de las liturgias, con frecuencia abrumadas por el espíritu festivo y alegre de tantas realidades sub-saharianas. Pero los primeros en poner límites son justamente ellos, los obispos africanos, que a diferencia de tantos sacerdotes de las parroquias de Occidente – acostumbrados a gestionar las liturgias como haría un animador turístico en una villa veraniega – nos mantienen en el culto del misterio. Decía Gantin: “Jamás es necesario separarse del magisterio de la Iglesia universal. Y nuestras Misas no deben ser demasiado particulares. No deben ser comprendidas sólo por nosotros los africanos. Cualquier católico que participa en una de nuestras funciones religiosas debe poder reconocerla, debe poder encontrarse en su casa. El catolicismo no es protestantismo”.

Junto a la Iglesia joven y dinámica, en África está también esa Iglesia antiquísima que hunde sus raíces en la etapa inmediatamente posterior a Cristo. Son millones los egipcios coptos que desde hace siglos viven como minoría más o menos tolerada en el país árabe más poblado del mundo, custodios de la Iglesia fundada por el evangelista san Marcos, quien puso en Alejandría las bases de su predicación, antes de ser martirizado con una cuerda apretada alrededor de su cuello.

En la Etiopía ortodoxa tiene un 80% de asistencia a Misa
Centenares de kilómetros más al sur, en la Etiopía que había escapado de la invasión islámica, se anidan todavía viejos monasterios esparcidos aquí y allá entre las montañas. “Mi Iglesia es la más antigua del mundo y su fundación se remonta directamente a la época de Jesús, en torno al año 35, inmediatamente después de su muerte y resurrección”, contaba a la revista «Jesus» Abune Paulos, patriarca de la Iglesia Ortodoxa Etíope, fallecido hace tres años. Iglesia antigua pero viva: “Tenemos cincuenta mil y más iglesias en todo el país. Nuestros jóvenes vienen regularmente a Misa, con presencias parecidas al setenta por ciento. En su totalidad, considerada la tenacidad con la que los grupos adultos y ancianos vienen al culto, rozamos el ochenta por ciento del pueblo en Misa cada domingo”.

1.200 monasterios en Etiopía
Al igual que en Egipto, también en Etiopía es fundamental la presencia de los monasterios, ermitas que han resistido las vicisitudes de la historia: “Cada vez más jóvenes piden ser monjes. Tenemos mil doscientos monasterios en todo el país y cerca de quinientos mil religiosos. Tenemos cuarenta y cinco millones de fieles, si se calculan los numerosos cristianos etíopes que viven en el exterior”.

Un reconocimiento con la creación de cardenales
El mes pasado, el papa Francisco quiso reconocer el valor de la Iglesia Católica local, la cual, a pesar de ser pequeña y minoritaria, representa uno de esos “signos” de los que había hablado el obispo Teissier. El arcieparca de Addis Abeba, Berhaneyesus Demerew Souraphiel, fue creado cardenal. El segundo en la historia de Etiopía, luego de Paulos Tzadua. Y ha sido precisamente el nuevo purpurado quien explicó en Radio Vaticana la fe profunda de su país: “La gente toma su fe en serio: la fe es un don de Dios. Y lo viven así. Afrontan las cosas viendo que si Dios quiere, las cosas pueden cambiar. No pierden la esperanza. Por eso aman la vida, desde la concepción hasta la muerte. Esto es importante”.

África, el continente del futuro
África continente de la esperanza, depósito de la fe para el porvenir que progresivamente verá a Europa marchita y a sus iglesias cada vez más vacías. “Mientras se tiende a describir a África en modo restrictivo y con frecuencia humillante, como el continente de los conflictos y de los problemas infinitos e insolubles”, por el contrario “África es para la Iglesia el continente de la esperanza, el continente del futuro”, dijo Benedicto XVI en el discurso a los miembros de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel, recibidos en audiencia en febrero del 2012.

Un baluarte contra el relativismo
No es por casualidad que los obispos africanos se sienten el baluarte contra todo lo que pueda degradar o empañar el mensaje cristiano tal como fue transmitido a lo largo de los siglos. Se lo ha visto bien en el reciente sínodo extraordinario sobre la familia, en el que ellos estuvieron a la cabeza del despliegue opuesto al «Zeitgeist», al espíritu del tiempo que está tan a la moda miles de kilómetros más al norte, donde las iglesias tienen las cajas llenas y los pasillos vacíos.

La Iglesia de África fiel a las enseñanzas de Jesús
“África propone a Occidente sus valores sobre la familia, el acogimiento, el respeto de la vida. Los últimos Papas han tenido gran confianza en la Iglesia de África, lo cual es una invitación a aportar nuestra parte”, ha escrito recientemente el cardenal guineano Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en el libro “Dieu ou Rien”, editado en Francia por Fayard. “Afirmo solemnemente – prosigue el purpurado – que la Iglesia de África se opondrá firmemente a toda rebelión contra la enseñanza de Jesús y del magisterio”.

Una Iglesia con mártires diarios
Una Iglesia plagada por las persecuciones, pero de ninguna manera de rodillas, como ha recordado sólo hace algunas semanas en el Duomo de Milán el cardenal John Onaiyekan, arzobispo de Abuja, en Nigeria. Él, que cada día cuenta los muertos por mano de Boko Haram, ha dado un mensaje de confianza a ese Occidente que pasa los días removiendo pesebres y silenciando campanas porque perturban la conciencia y violan el sagrado laicismo racional: “Estuve en la basílica de san Ambrosio, en la tumba del gran obispo que bautizó al africano Agustín: signo de una herencia que se remonta hasta los primeros que siguieron a Jesús. No es posible que una Iglesia no viva con este fundamento”.

Matteo Matzuzzi / Il Foglio, 12 marzo 2015

Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.

Fuente: http://www.religionenlibertad.com/la-hora-de-los-catolicos-de-africa-es-el-continente-con-41061.htm

 


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