Ese empeño por destruir la dignidad humana, su naturaleza diferente, propia, única, excepcional, maravillosa, milagrosa… es más que sospechoso, se diría que tiene un designio maligno.
Lo más jocoso de esto es la contradicción de quienes la niegan. Quienes niegan la realidad de la naturaleza humana, resultan ser naturalistas a fuer de materialistas. Curiosamente, afirman algo original, distinto, salido de sus manos, pero tras ser negado lo que había; es decir, en su afirmación de lo que pueden construir hay un allanamiento de lo que había (reconstruir después de destruir).
No les gusta el ser humano, en sí, el que sea un ser prodigioso, dotado de voluntad, libertad y responsabilidad y abierto a la trascendencia. Esta dimensión cualificante de la espiritualidad humana es algo más, mucho más, que un aparatosamiento de conexiones neuronales e impulsos eléctricos, sin más. Niegan el espíritu humano, y a lo sumo lo denominan como psíquico. En fin, pero si hacen alguna concesión en este sentido, no lo hacen en cuanto a lo místico trascendente genuino de la persona, sino en cuanto a una especie de una energía, potencial de fuerza por desarrollar en el cerebro humano, a base de técnicas esotéricas-espiritistas.
Es grave esta merma impuesta a la concepción del ser humano, ese ningunear su grandeza, su naturaleza singular, espiritualizada, su elevada dignidad. Esta falta de reconocimiento de ese ser persona y el respeto que merece desemboca en cosas como en la actitud impasibilidad y consentimiento ante el aborto, la eutanasia (que viene), la ideología de género, perversión moral, la corrupción, la irresponsabilidad, la depravación sexual, la manipulación de todo tipo (mental, ideológico, biológico, sexual, transhumano, etc.).
Y de modo que al ser cuestionada la dignidad de la naturaleza humana, se cuestiona todo lo que de ella se deriva: su conciencia, sus valores, sus derechos, sus obligaciones (responsabilidades), su orden, su vocación… Y las esferas en que se desenvuelve: la sociedad, su equilibrio; la familia, tradicional, estructurada; la religión, donde ésta queda abajada la categoría de secta, y las sectas elevada a categoría de religión.
Esto que está sucediendo en nuestros días es único, jamás ha ocurrido en la historia humana, hasta este momento. Lo que nos espera con esta deshumanización inquieta, y mucho. El ser humano queda expuesto a merced de cualquier manipulación sin escrúpulos, y dado el poder tecnológico y científico que se está alcanzando, el devenir de la existencia humana puede llegar a ser algo verdaderamente dramático.
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