Algo más que compartir

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           «Sólo dais realmente

           cuando dais algo de vosotros mismos».

          «Sois buenos

           cuando os esforzáis por dar de vosotros mismos»

                                                                                 (G. Jalil Gibrán)[1].

  *****

            Llevaba a su hijito de la mano. El crío se quedó mirando a un pobre que en la acera le extendía la mano pidiendo una limosna. El niño, quieto, no apartaba su mirada compasiva del mendigo. La madre se dio cuenta y se detuvo. Entonces el crío quiso darle el bollo que llevaba, y miró a la madre buscando su aprobación; esta asintió. Extendió su manita y se lo entregó.

           Yo caminaba con ellos. Y le dije a la madre:

          —Premiará ahora a su hijito con otro bollo, y aún mayor.

           La madre, convencida, me dijo sencillamente:

           No

           —¡No! ¿Por qué?

           —Quien da tiene que dar renunciando.

 *****

      

“La compasión de nuestro corazón es perfecta cuando no tememos exponernos nosotros mismos a la necesidad por el prójimo para librarle a él de su miseria. El que da bienes temporales, no abandona más que cosas que están fuera de él, pero quien da su compasión y su dolor a su prójimo, le da algo de sí mismo. Nosotros estimamos más el espíritu de compasión que la limosna, porque el que no tiene ninguna compasión por la miseria de su prójimo deja alguna vez de socorrerle, pero el que tiene una verdadera compasión es incapaz de negarle nunca todo lo que sabe le es necesario en sus necesidades”[2].

Hay que compartir algo que «duela». Si no compartimos algo que suponga algo, que nos cueste,… es que no lo damos la necesaria importancia, no nos hallamos implicados, no nos comprometemos en ello nosotros mismos.

No todo el mundo tiene esa capacidad de dar dándose, de desprenderse de algo que nos afecte y sobre todo si es valioso y personal.

Lo de menos es lo que se da; lo importante es el dar, y cómo.

Para el cristiano el dar es un dar a imagen de Dios: un dar que es donarse misericordioso, gratuito, sin límite.

Desde la persona, dar significa aportar, abrirnos, entablar una relación personal. Entrar en relación con otra persona mediante el puente de la generosidad es un acto bellísimo del que a veces no somos conscientes; pero que queda ahí, en nosotros, como algo irremplazable.

Dar, es la presencia del sujeto que se ofrece, el objeto dado sólo es la excusa, el medio, y éste carece en parte de importancia.

Un dar que no es preciso tener para tal, sino que es una gracia, una capacidad, una disposición, una inclinación, un deseo íntimo, una vocación intrínseca, que acompaña a su fe, a dar, dar lo que sea, a darse. El hombre de fe es un hombre con capacidad de dar, dándose.

…..

 

«‘No rechazarás al necesitado’, sino que comunicarás en todo con tu hermano, y de nada dirás que es tuyo propio. Pues si os comunicáis en los bienes inmortales, ¿cuánto más en los mortales?»[3].

…..

 

Nadie da sin ser mendigo. Mendigar lo que se va a dar; se da de lo dado, o por lo dado, se da desde la gracia. Se da con humildad o no se da, aunque se de.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

[1] JG, pp. 33 y 39.

[2] GM, n.1868, p.913.

[3] DIDACHE, en SB, n.58.

 


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