La clase política se rebota y revuelve intolerante ante cualquier declaración crítica de cualquier miembro de la Iglesia Católica.
Esto es lo que ha ocurrido hace unos días ante las palabras Mons. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, durante la conferencia de clausura del Curso de Verano de la fundación Pablo VI titulada “La respuesta de las democracias a los retos éticos y antropológicos de la sociedad.”
Vamos a comentar esta polvareda levantada:
Algunas cosas dijo Argüello:
“Ante el colapso de las democracias, ¿Hay posibilidad de regenerar las democracias?”
“Hay un proyecto de deconstrucción antropológica, que consiste en decidir yo mi propio género despreciando mi cuerpo”
“¡Qué bien lo del orgullo! Porque ese es el pecado de Satán, el orgullo para decir yo puedo ser lo que quiera y el cuerpo no es más que un instrumento. El territorio que el capitalismo me deja para poder experimentar que soy libre. ¡Madre mía”. “Y, como te salgas del carril, Derecho Penal”.
“Un hecho inédito en nuestra parte del mundo: mueren más personas de las que nacen. Esto no había ocurrido nunca fuera de tiempos de guerra”. “Se ha impuesto una mentalidad en la que no tener hijos es un proyecto liberador”.
“El capitalismo, las grandes fortunas del mundo desarrollado, ha fomentado la reducción de la natalidad”; “un proyecto que ha encontrado en la izquierda europea a sus cómplices”. “Reducir los comensales a la mesa, promoviendo medidas como el aborto y la eutanasia.”
“En nuestro tiempo, el hombre se ha puesto de pie. Una vez de pie, sospecha. Sospecha de todo lo que ha creído previamente. Va emergiendo una propuesta antropológica que supone una reducción del pensamiento que se gesta a lo largo de toda la Edad Media”. “Se llega a un individualismo que «olvida el bien común, que olvida a los demás”.
.“En lo que antes se llamaba disforia de género y hoy se llama LGTBIQ+; hay una deconstrucción y se condena -llamando ‘terapias de conversión’- el acompañamiento a las personas. Se prohíben las ‘terapias de conversión’ a la vez que se consolidan las terapias de afirmación”.
“Hay que recuperar unos principios éticos comunes a toda la sociedad, el bien común y el principio de subsidiariedad”. “Cuando un Estado olvida la ética, se convierte en una cueva de ladrones, y a las pruebas me remito”. “Cueva de ladrones, y me miro a mí, y os miro a vosotros. Porque, si hemos hecho trampas en la Declaración de la Renta, o pedimos una factura en negro… Las referencias éticas son para todos y, si no hay un pueblo, un ‘demos’ con referencia ética, ¿cómo vas a exigírselo a quien sea tu representante?”.
“El Estado lo que hace es ofrecer limosnas a las clases medias. Pagas. Es verdad que las personas necesitadas necesitan una ayuda, pero el principio de subsidiariedad exige una responsabilidad por parte de los ciudadanos”. “Se busca comprar al ciudadano y hacerle dependiente del Estado”.
“Las democracias se han convertido en asistencialistas porque les interesan ciudadanos pasivos comprados por las subvenciones para tener un voto cautivo”. “No vale, sin más, te doy una paguita y te quedas tranquilo, porque eso es una mutación antropológica. Es necesario que trabajemos ladrillo a ladrillo, como ha pedido el Papa León XIV, y estar dispuestos a acoger todos los ladrillos”. “Las propuestas que vienen de un lado y de otro. No porque todas sean iguales, pero no valen soluciones simplistas”. “Construyamos un pueblo, exijamos que se respeten las reglas básicas de la democracia: la libertad de Prensa, la división de poderes, el respeto a las leyes”. “Hay necesidad de una verdadera aconfesionalidad del Estado. Actualmente el Estado hace sus propuestas confesionales: te dice qué tienes que decir, o comer, o vestir, o pensar, imponiendo su antropología”.
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Participemos completamente en lo dicho por Mons. Argüello. Y si hay alguien que se ha escocido por sentirse de alguna manera aludido, se lo debería hacérselo mirar. Pero no, pedir a los políticos (a estos de aquí y de hoy día) una reflexión sincera y profunda sobre cómo están actuando, si moral y democráticamente, es un imposible.
En cambió, lo que si hacen es tratar de acallar las voces críticas ya sean de adversarios políticos, periodistas, jueces, etc. Ahora la ha tocado a la Iglesia. Con esta lo tienen fácil: machacarla no tiene ninguna merma de votos, es más, dado el desprestigio y anticlericarlismo existente en este país, les resulta hasta favorable el meterse con la Iglesia.
A lo dicho por Mons. Luis Argüello, el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha enviado una carta quejándose con mal talante al presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). En la que cabe destacar:
Califica que comentario ofensivo «cuando un Estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones, y a las pruebas me remito».
Bolaños ha recurrido a una comparación que ha provocado estupor en medios eclesiásticos: «¿Y si calificásemos a la Iglesia como una banda de agresores sexuales?». Aunque a renglón seguido matiza que tal afirmación sería «falsa y profundamente injusta», la sola formulación de la pregunta retórica introduce en el debate público una equiparación que señala al conjunto de la Iglesia católica por los delitos de una parte de sus miembros.
Bolaños invita a Argüello a que las relaciones entre el Gobierno y la CEE estén «marcadas por la moderación, el respeto y la justicia», en lugar de por «la exageración y el partidismo en favor de las fuerzas de la derecha y la ultraderecha».
En fin, lo de siempre: el poder político trata de acallar la voz de los profetas que señalan, no ya los graves errores de los que gobiernan, sino de la sociedad. Es obvio que el prelado no hace referencia al Gobierno sino al Estado; pero tal vez sea que el Gobierno se confunda con el Estado, indebidamente, y de ahí la furibundez de su expresión: «¿Y si calificásemos a la Iglesia como una banda de agresores sexuales?». Posteriormente Argüello ha querido afirmar lo dicho, subrayando la «referencia ética» no debe aplicarse solo a los «líderes políticos», sino a todos los ciudadanos, a quienes exhortó a evitar «trampas» en la «declaración de la renta» o a solicitar «facturas en negro». «Las referencias éticas son para todos y, si no hay un pueblo con referencia ética, ¿cómo vas a exigírselo a quien sea tu representante?» insistiendo en que la regeneración democrática comienza por la responsabilidad personal de los ciudadanos.
El intercambio refleja el creciente distanciamiento entre el Ejecutivo y la Conferencia Episcopal en cuestiones relacionadas con la ética pública, la antropología, la libertad educativa y el papel de la Iglesia en el debate social.
Este mal estilo de los políticos gobernantes, que pretenden amordazar a los que muestran la llaga de una sociedad cada vez más carente de principios y valores morales, fiel reflejo de los que a manos del Estado hacen y deshacen autoritaria y corruptamente -como se está viendo día tras día-, no es sino un intento, una vez más, por amordazar a quien tiene derecho a manifestar su opinión de una realidad social que salta a la vista, está ausente la moralidad y el bien común.
Sobre este albañal de corrupción en que nos encontramos en España no es posible guarda silencio. Hay que denunciarlo, aunque te lluevan las críticas de los que se dan por aludidos.
En cuanto a la réplica grosera del político, «¿Y si calificásemos a la Iglesia como una banda de agresores sexuales?», decir que es ya lo que viene haciendo desde hace varios años, desde que accedieron al poder; año tras años, durante 7 años, han estado aireando sin más la cuestión de los abusos; desprestigiando innecesariamente a la Iglesia y humillando gratuitamente a su clero. Esto ha sido una constante, cada cierto tiempo, lo sacan a la palestra. Y es más cuando vino de visita el Papa, hace poco más de un mes, no tuvieron el decoro de no hacer alusión al asunto de marras; en cambio, el Papa sí guardo silencio al asunto de la corrupción. Al respecto esto fue lo que de manera breve escribimos sobre el asunto:
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- El primer acto que tuvo lugar, fue la recepción por el jefe del estado, Felipe VI, tras la llegada a España del Papa. Aquí hay que mostrar lo que consideramos una sorpresa desagradable, como fue el que ya de entrada, el monarca hiciera alusión a la cuestión ya manida de la cuestión de los abusos. Rebozar por la cara tal cuestión a tu invitado, no es nada diplomático o cuanto menos elegante. Algo parecido fue el discurso de la Presidenta del Congrego, que también incidió en lo mismo. ¿Quién estaba tras estos textos? Año tras año, por estas (en que hay que marcar la casilla de la renta) y otras fechas recurrentes, el Gobierno socialista saca a pasear este asuntos, sin que venga a al coso y sin novedad alguna. El Defensor del pueblo, también socialista y resentido, sólo tiene como objetivo esta cusa de los abusos, desde que hace siete años fue nombrado. Y añadir, algo sorprendente a todo esto: de cada 1.000 abusos cometidos, tan sólo 2 son cometidos en el ámbito de la Iglesia; de los otros 998, nadie dice nada; estos no existen, no hay que resarcirles y ayudarles ni nada; es decir, el Estado, en cuyas dependencias o centros se han cometido muchos abusos, de esos no se habla ni repara. Esta es la arbitrariedad e injusticia que la clase política perpetra. Pero, claro, ya se sabe llevan en su seno la herencia diabólica del odio guerracivilismo, antiespañol y anticatólico.
- Entre las ciento de miles de frases y millones de palabras que en estos ocho días el Papa pronunció en España, hubo un tema que no mencionó: corrupción. Tan sólo aparece referida a un contexto del pasado histórico de Hispanoamérica, sin mayor relevancia, y otra al hablar en Canarias sobre migración: «el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños.» El Papa no dijo ni «mu» sobre la corrupción que asola la vida Española, uno de los temas más graves y preocupante del sentir ciudadano, y ni se toco, como si no existiera, ¿por qué? Este si es una asunto moral. A veces, Santidad hay que pisar algún cayo, la verdad puede ser ingrata de decir, por esos le pasó a Cristo lo que le pasó: el precio de la verdad. En fin, todo el mundo le hizo la ola, Santidad, especialmente a los que en ese sentido les lavó la cara, haciendo mutis por el foro.
En fin, que los que hace poco aplaudían al Papa León XIV por sus palabras de valoración ética sobre las guerras, lo cual se tuvo por una crítica a Trump; ahora esos mismos son los que se soliviantan contra Mons. Argüello, por realizar una crítica ética sobre los niveles inaceptables de corrupción en la política y en la sociedad españolas.
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Pueden escuchar el video de monseñor Munilla refiriéndose a esta polémica:
(A partir del minuto 34:30, en cuenta atrás)
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