Responsabilidad patena: «Dime con quién andas…»

       “Quien mal anda, en mal para; (…) que las malas compañías no pueden enseñar buenas costumbres» (Cervantes).

         “Espántame algunas veces el daño que hace una mala compañía” (Santa Teresa).       

         Mirad que nadie os seduzca mediante la filosofía y vano sacrificio según la tradición de los hombres, conforme a los elementos del mundo y no según Cristo (Col 2,8-9).

         «No solamente el árbol tiene la culpa de los frutos sino también el terreno. En un patio sin luz difícilmente crecerá bien un árbol»[1].

         Si vosotros, queridos padres, no les dices a vuestros hijos qué es el bien y qué el mal, qué es lo correcto, o lo inapropiado,…  alguien lo hará por vosotros, ¡estad seguros!: la sociedad, la escuela, los amigos, los compañeros, los medios de comunicación, la televisión, etc.

         Y se lo dirá no por razón del bien de vuestro hijo, sino por su propio bien (bienes), por sus leyes de intereses,… no por humanidad ni moralidad, como lo harías vosotros.

 

         Vuestra es la responsabilidad, queridos padres.

         Hay que cuidar con qué grupo de amigos van nuestros hijos, pues por el sentimiento de pertenencia harán lo que el grupo haga. Este sentimiento es tan poderoso que el individuo está dispuesto a cualquier cosa, a renunciar a lo mejor de sí,  con tal de ser aceptado en el grupo de iguales. Por escapar de la soledad, del sentirse aislado, marginado; por esa necesidad de ser estimado, acogido, identificado, perteneciente a un grupo, patria, etc., se es capaz  de sacrificar a cualquier principio fundamental, de renunciar a su verdad, de faltarse al respeto: «Surge el impulso de abandonar la propia personalidad de superar el sentimiento de soledad e impotencia, sumergiéndose en el mundo exterior»[2]. Llegamos hasta a solidarizamos con el mal por no sentirnos solos. 

 

         La sociedad no es neutral ni aséptica. Unos padres que quieran tener un hijo, y que quieran que sea lo que creen debe ser un ser humano: noble, bueno, honesto, generoso,…; se encontrarán con la oposición de esa realidad social. En ella dominan las leyes del mercado, del consumo, del pragmatismo, del tener,… no entiende especialmente de otros valores: humanos, morales, religiosos,…

         Una sociedad alumbra valores, valores que dan unos sentimientos, sentimientos que constituyen la personalidad del alma humana. Pero también, y puede que en mayor medida,  desgraciadamente, disvalores.

         «Una sociedad cuyos principios son la adquisición, el lucro y la propiedad produce un carácter social orientado a tener, y después de que se establece la pauta dominante, nadie desea ser un extraño, o un paria; para evitar este riesgo, todo el mundo se adapta a la mayoría, que sólo tiene en común el antagonismo mutuo”[3].

         El Primer Mundo, la cultura mercantil de Occidente, se ha convertido en una gigantesca secta. Dominados por la enfermedad neurótica del poseer, cuyo dios es el dinero. “Lavados de cerebro” en que a veces, «inconscientemente», los mismos progenitores participan. Amamantamos a estas tiernas criaturas  nuestros niños se incorporan a la vida con leche de la cultura del «pelotazo», del todo vale, del exitismo a toda costa,… haciéndoles cree que ahí está la felicidad y el sentido de la vida. Pecado original.

         El mundo Occidental tan economicista y materialista, puede ser generadora de ateísmo, oprimir lo innato de lo religioso que tiene el hombre.

                                                     …..

 

         Queridos padres, si no cuidáis del Bien de vuestros hijos… entonces quizá un día vuestros hijos os de la sorprenda de ser unos auténticos desconocidos para vosotros mismos.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

[1] GC, p.22.

[2] FROMM, E., El miedo a la libertad, Paidos Ibérica, Barcelona 1984, p.51.

[3] FT, pp.107-8.

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.