Comentario a la visión del profeta Ezequiel sobre la idolatría de Israel

Ezequiel. Wikipedia

El Espíritu de Santo traslado en visión a Ezequiel al Jerusalén (Cf. Ez 8,3) y le mostró una realidad asombrosa: la adoración que se daba a los ídolos, en lugar de Dios. Y le mostró el culto que se otorgaban a las grandes abominaciones para relegar a Dios de su santuario, el Templo (Cf. Ez 8,6-9).   

Aquí pueden leer el texto bíblico de la Visión del profeta Ezequiel de la idolatría de Israel.

A través de una abertura en la pared del atrio del Templo pudo observar las abominaciones culticas que se llevaban a cabo: «toda clase de representaciones de reptiles y animales repugnantes, y todas las basuras de la casa de Israel estaban grabados en la pared, todo alrededor» (Ez 8,10). Y el Espíritu del Señor le dijo que los ancianos de Israel, en la oscuridad, sin que Yahvé les ve, inciensan a los ídolos, y después le dijo: «Todavía les verás cometer otras grandes abominaciones» (Ez 8,13). Abominaciones idolátricas que eran del tenor de inmolara en el fuego a niños en honor de Moloc; lo cual indicó con precisión el profeta Jeremías (7,30-31): «Los hijos de Judá han hecho lo que me parece malo – oráculo de Yahveh -: han puesto sus Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre profanándola, y han construido los altos de Tófet – que está en el valle de Ben Hinnom – para quemar a sus hijos e hijas en el fuego, cosa que nos les mandé ni me pasó por las mientes.» Estos cultos idolátricos derivarían y o se remontarían a tiempos de Salomón; cultos secretos de Salomón que se celebraban bajo el Templo de Jerusalén, en los túneles y cavernas. Cultos en definitiva, satánicos, que ya se iniciaron en los orígenes de la humanidad, con el pecado de Adán y Eva, pretendiendo acceder al fruto prohibido, que abría las puertas a la irrupción dramática de la serpiente Satanás en la vida de los seres humanos. 

Este comportamiento idolátrico es abominable y repugnante, generador de violencia y provoca a Dios: «abominaciones que cometen aquí, para que llenen también la tierra de violencia y vuelvan a irritarme» (Ez 8,17). Y Yahvé obrará «con furor; no tendré una mirada de piedad, no perdonaré» (8,18). Pero protegerá marcando a los suyos, a los que se han mantenido fieles:»Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y marca una cruz en la frente de los hombres que gimen y  lloran por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella.» (Ez 9,4). Aquí nos lleva a evocar el libro de Apocalipsis, con la marca de los cristianos fieles, a diferencia de los marcados por la Bestia; para ser salvados ante la intervención del Cielo contra el Anticristo y se suceda el septenario de las trompetas y copas. 

Después de aquel castigo, en que Dios aniquilará a los monstruos y abominaciones (Cf. Ez 11,18), a todos los dispersos por todas los alejados lugares de la tierra, deportados, excluidos y perseguidos, Dios les reivindicará, y renovará la faz de la tierra, dando «un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (11,19).

Esta palabra de Dios de manos del profeta Ezequiel, bien podría proyectarse a nuestros días. Hay, mirándolo bien, una gran connotación con la infidelidad o apostasía del mundo actual respecto a su Creador, y las idolatrías que están sustituyendo la presencia de Dios en los corazones de los hombres por otro dioses. La expulsión del templo sagrado que es la conciencia del ser humano, el alejamiento de nuestras vidas, y la influencia de la Abominación a la que se le abre las puertas con los pecados cada vez mayores, provocan la actuación de Dios, como «castigo corrector».

En este sentido, últimamente, se están dando muchos mensajes provenientes del cielo, avisando de lo que a semejanza de lo contado por Ezequiel y proyectado su profecía a nuestros días, nos puede suceder.

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