Penitencia

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        “La confesión engendra el apartamiento del pecado, y de la penitencia se originan las virtudes” (Santo Tomás de Aquino) (1)

          “Y dicen que el apóstol de Matías decía continuamente en las `Tradiciones’ que, `si peca el vecino de un elegido, pecó también el elegido. Pues, si éste se hubiera comportado como el Verbo aconseja, se hubiera avergonzado también el vecino de su propia vida, de manera que no hubiera pecado’. (Clemente Alejandrino) (2)

 

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            Penitencias:

           El industrial Th Murphy al confesarse recibió la penitencia de dar trabajo en su empresa a un joven que iría el día de mañana a su fábrica solicitando un puesto de trabajo.

           El joven al que no conocía, resultaba ser el novio de su hija. El padre de esta sola sabía de él por referencias y no muy buenas, dada su extracción humilde, y de ahí que Th. Murphy sintiera un desprecio grande como pretendiente de su hija.

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           A un parroquiano bien acomodado de una pequeña ciudad que había acudido a confesarse, el sacerdotes, que le conocía bastante, le impuso la siguiente penitencia:

           —Me consta que conoce usted a Pepe, ese vecino suyo, padre de esa familia tan necesitada; pues bien, tendrá que prestarle la ayuda que precise para que saque a los suyos de la situación desesperada en que se encuentran.

           —Pero…, ¡padre, si ese hombre a quien usted se refiere es irresponsable, un sinvergüenza, un vago, un cara dura, un degenerado,…!

           —Entonces, don José, con mayor motivo: salvará a esa familia de morir de hambre y a él,… a él de esa misma muerte, de la temporal, y tal vez también de la eterna. 

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         “Te  pediré cuentas de su sangre” (Ez 3,18)

         Todo hombre es “guardián de su hermano”. Responsable. Cada uno hemos de responder también de la libertad del otro.

         Amar requiere responsabilidad, responsabilidad que “constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano” (3) y preocupación “activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor” (4).

         Los demás, sus necesidades y lamentaciones nos atan a la realidad, impidiendo que nos alejemos en sueños, y la voluntad de Dios nos dice cómo actuar con la realidad, impidiendo que nuestras elucubraciones nos distancien de la verdad práctica.

         Operar vida es entregarse a ella, obrar con la realidad, comprometernos con ella desde la voluntad de Dios. Ser cristiano requiere hoy más que nunca un implicarse con la realidad de nuestro tiempo que nos sale al encuentro desafiante.

          “Como Cristo recorría las ciudades y la aldeas curando todos los males y enfermedades en prueba de la llegada del reino de Dios, así la Iglesia se une por medio de sus hijos a los hombres de cualquier condición, pero especialmente con los pobres y los afligidos, y a ellos se consagra gozosa. Participa de sus gozos y de sus dolores, conoce las aspiraciones y los enigmas de la vida y sufre con ellos en  las angustias de la muerte.” (5)

         “Salvación, decisivamente adquirida en Jesucristo, sólo se realiza y desarrolla en el cuerpo de los compromiso concretos en favor del hombre. Como el cuerpo lo es para la persona, esos compromisos son la verdad interior  -no la causa eficiente ni la mera consecuencia-  de la salvación, que los rebasa sin despreciarlos en modo alguno. La organización social más justa y la construcción de la ciudad de los hombres, son las “manos” de la salvación que hacen descifrable y le ofrecen, por parte de la humanidad, ese “paquete de poderes” que ella no cesa de pedir y de fundamentar radicalmente; esos poderes son el elemento sensible y comunicable de la salvación.” (6)

 

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1.- “Catena Aurea”, vol. 1, p. 51.

2.- “Strom.” VII,13: PG 9,513B.

3.- FROMM, E.: El arte de amar”, Paidós, Barcelona 1986 (7), p.36.

4.- Ibid., p.35.

5- VATICANO II,  Decreto “Ad gentes divinitus”, n.12.

6.- AYEL, V.: “¿Qué significa “Salvación cristiana?, Sal Tarrae, Santander 1980, p.137

 

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