Tiempos históricos

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Exponemos varias interpretaciones de las posibles etapas de la historia humana a partir de revelaciones bíblicas, proféticas y particulares.

 

Daniel, capítulo 7

 

[1]El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones de su cabeza, mientras se hallaba en su lecho. En seguida puso el sueño por escrito. Comienzo del relato: [2]Daniel tomó la palabra y dijo: Contemplaba yo en mi visión durante la noche lo siguiente: los cuatro vientos del cielo agitaron el mar grande, [3]y cuatro bestias enormes, diferentes todas entre sí, salieron del mar. [4]La primera era como un león con alas de águila. Mientras yo la miraba, le fueron arrancadas las alas, fue levantada de la tierra, se incorporó sobre sus patas como un hombre, y se le dio un corazón de hombre. [5]A continuación, otra segunda bestia, semejante a un oso, levantada de un costado, con tres costillas en las fauces, entre los dientes. Y se le decía: «Levántate, devora mucha carne.» [6]Después, yo seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo con cuatro alas de ave en su dorso; la bestia tenía cuatro cabezas, y se le dio el dominio. [7]Después seguí mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos. [8]Estaba yo observando los cuernos, cuando en esto despuntó entre ellos otro cuerno, pequeño, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él. Tenía este cuerno ojos como los de un hombre, y una boca que decía grandes cosas. [9]Mientras yo contemplaba:  Se aderezaron unos tronos  y un Anciano se sentó.
Su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana.  Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. [10]Un río de fuego corría  y manaba delante de él. Miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban en pie delante de él. El tribunal se sentó, y se abrieron los libros. [11]Miré entonces, atraído por el ruido de las grandes cosas que decía el cuerno, y estuve mirando hasta que la bestia fue muerta y su cuerpo destrozado y arrojado a la llama de fuego. [12]A las otras bestias se les quitó el dominio, si bien se les concedió una prolongación de vida durante un tiempo y hora determinados. [13]Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. [14]A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.
[15]Yo, Daniel, quedé muy impresionado en mi espíritu por estas cosas, y las visiones de mi cabeza me dejaron turbado. [16]Me acerqué a uno de los que estaban allí de pie y le pedí que me dijera la verdad acerca de todo esto. El me respondió y me indicó la interpretación de estas cosas: [17]«Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que surgirán de la tierra. [18]Los que han de recibir el reino son los santos del Altísimo, que poseerán el reino eternamente, por los siglos de los siglos.» [19]Después quise saber la verdad sobre
la cuarta bestia, que era diferente de las otras, extraordinariamente terrible, con dientes de hierro y uñas de bronce, que comía, trituraba y pisoteaba con sus patas lo sobrante; [20]y acerca de los diez cuernos que había en su cabeza, y del otro cuerno que había despuntado, ante el cual cayeron los tres primeros; y de este cuerno que tenía ojos y una boca que decía grandes cosas, y cuyo aspecto era mayor que el de los otros. [21]Yo contemplaba cómo este cuerno hacía la guerra a los santos y los iba subyugando, [22]hasta que vino el Anciano a hacer justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos poseyeron el reino. [23]El habló así: «La cuarta bestia será un cuarto reino que habrá en la tierra, diferente de todos los reinos. Devorará toda la tierra, la aplastará y la pulverizará. [24]Y los diez cuernos: de este reino saldrán diez reyes, y otro saldrá después de ellos; será diferente de los primeros y derribará a tres reyes; [25]proferirá palabras contra el Altísimo y pondrá a prueba a los santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos y la ley, y los santos serán entregados en sus manos por un tiempo y tiempos y medio tiempo. [26]Pero el tribunal se sentará, y el dominio le será quitado, para ser destruido y aniquilado definitivamente. [27]Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán.» [28]Hasta aquí la relación. Yo, Daniel, quedé muy turbado en mis pensamientos, se me demudó el color del rostro y guardé estas cosas en mi corazón.

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Comentario según San Cirilo de Jerusalén:

Esto lo ensenamos, no imaginandonoslo, sino desde las Escrituras que la Iglesia lee, y sobre todo basandonos en la profecia de Daniel que hemos leido antes, tal como el arcangel Gabriel la interpreto con estas palabras: «La cuarta bestia sera un cuarto reino que habra en la tierra, diferente de todos los reinos». Los autores eclesiasticos nos han transmitido que se trata del Imperio romano. Pues el primero de los reinos ilustres fue el imperio de los asirios; el siguiente, el de los medos y los persas; el tercero, después de éstos, el imperio de los macedonios; el cuarto es el actual de los romanos. En lo que sigue, Gabriel hace esta interpretacion: «Y los diez cuernos: de este reino saldran diez reyes, y saldra después de ellos otro que superara a todos los anteriores a él en males (Da 7,24 LXX). No solo se refiere a aquellos diez, sino a todos los que le precedieron. «Y derribara a tres reyes» (Dan 7,24): de aquellos diez de antes, como es evidente. Pero si humilla, de aquellos diez, a tres, él reinara como el octavo. Y dice: «proferira palabras contra el Altisimo» (Da 7,25): sera un hombre blasfemo, que no hara caso de las leyes, y que no habra recibido de sus padres el reino, sino que se habra adueñado del poder con las artes de la magia.

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Comentario nuestro:

 

Las cuatro bestias o reyes han sido cuatro reinos o imperios que han dominado el mundo, los cuatro vientos. Son los cuatro reinos que fueron a su vez los que padeció el pueblo judío, como ahora el pueblo de Dios, su Iglesia. Babilonios, persas, griegos y romanos, entonces; en la era cristiana serán: los romanos, los árabes, los occidentales (iluminismo napoleónico, el liberalismo ateo, el comunismo y el fascismo), los masones (antiglesia o sinagoga de Satanas). Estos serán el cuarto reino o bestia, que dominará el mundo, repartiéndoselo entre 10 reyes o gobernantes o gobiernos mundiales, que estarán al servicio del undécimo rey o Anticristo.

        

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Épocas de la historia (del Pueblo de Dios y su Iglesia).

          Cuatro imperios o reinos: siriobabilónico, persa, griego, romano, se corresponden con las cuatro etapas de persecución del Pueblo de Yahvé, que, a su vez, se proyectan en la historia de la Iglesia de Cristo:

1º) El imperio siriobabilónico, que en el siglo VI a.c. llevará a cabo la deportación de Judea a la gran Babilonia; así, serán perseguidos los cristianos en los primeros siglos, hasta ser expulsados de Israel a Roma; 2º) Edad Media, periodo de tranquilidad para los cristianos, con Constantino y Carlo Magno, que coincide con el persa de Ciro para el pueblo de Yahvé; 3º) Edad Moderna, renacimiento e ilustración, que se corresponde con el periodo griego, con la razón aristotélica, y que se sigue con la persecución de la Iglesia, como ocurría con los judíos Macabeos, siglos VI y III a.C.; y 4º) El imperio romano, el momento actual, donde va a imperar el derecho, la ley…, con una cultura del desenfreno, el hedonismo, el consumo, el pan y circo, la crueldad, la desmoralización social de las costumbres, donde aparecerá la figura del dios Cesar, el Anticristo, y donde se perseguirá a los cristianos, a la Iglesia de Cristo, a muerte, hasta el martirio aniquilador, y cuando la Iglesia vuelve a las catacumbas, a los arrabales de la ciudad, y el mundo estará el manos de Maligno, hasta que aparezca la cruz de Cristo en el Cielo, como cuando Constantino, para traer el Reino de Dios, con la segunda venida de Jesucristo. Seguidamente, tras el gran castigo de la gran Babilonia, del mundo, el resto del pueblo de Dios, de su Iglesia, recibirá la nueva efusión del Espíritu Santo, como en Ezequiel: “Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas manchas y de todos vuestros ídolos os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne un corazón de piedra y os daré un corazón de carne.” (36,25-26).

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 Tiempos históricos, según la santa Hildegarda:

 

Entonces miré hacia el Aquilón, y he aquí que había cinco bestias: una semejaba un perro de fuego, pero no ardía; otra, un león cobrizo; otra, un pálido caballo; la cuarta, un cerdo negro; y la última, un lobo gris, y todas se volvían al Occidente.

 Las cinco cruentas edades de los reinos de este mundo que precederán a la llegada del Anticristo. Estos son las épocas de: el perro de fuego, que representa a la justicia que olvida la justicia del Señor; el león cobrizo, el tiempo de los hombres beligerantes; el pálido caballo, el tiempo de los lujuriosos; el cerdo negro, tiempo en que los príncipes del mundo arrinconarán la Ley divina; el lobo gris, la última, será el tiempo de rapiña, entonces llegará el tiempo de la tribulación.

 

Aunque ella parece que los refería a los tiempos venideros desde su época, siglo XII, hasta el final; nosotros realizamos dos posibles interpretaciones:

1ª, desde la Modernidad hasta nuestro final:

El perro de fuego, soberbia, el hombre del humanismo, bueno y santo por sí, sin necesidad de Dios, Ilustración y siglo 19; el león cobrizo, ira, hombres beligerantes, primera mitad del siglo XX, guerras mundiales, civiles y revoluciones; el pálido caballo, lujuria, impudicia sexual, pan sexualismo, desenfreno e inmoralidad, desde la mitad del siglo XX; el cerdo negro, los políticos y dirigentes arrinconarán la Ley divina, revelada y natural, finales del siglo XX y primeros del XXI; el lobo gris, un único poder en manos de magnates voraces, persecución de la Iglesia, aparición del Anticristo, la tribulación: los hijos de la Luz sean puestos sobre el lagar del quebranto, pues no renegarán del Hijo de Dios y execrarán al Hijo de la Perdición, que querrá cumplir su voluntad con las artes diabólicas.

2ª, desde los 100 últimos años (coincidiendo con la aparición de Fátima):

El perro de fuego, que representa a la justicia que olvida la justicia del Señor; el hombre quiere ordenar el mundo sin contar con Dios. principio siglo: comunismo y fascismo, que quieren construir el mundo sin Dios.

 El león cobrizo, el tiempo de los hombres beligerantes; tiempo de las grandes guerras mundiales y otras.

El pálido caballo, el tiempo de los lujuriosos; desde los años sesenta a nuestros días.

El cerdo negro, tiempo en que los príncipes del mundo arrinconarán la Ley divina; década anterior a la gran tribulación, donde la ley de Dios –revelada y natural- será eliminada.

El lobo gris, la última, será el tiempo de rapiña, entonces llegará el tiempo de la tribulación; los tres años y medio de gran tribulación, donde ­-y según santa Hildegarda- la Santa Sede estará vacante durante 18 meses, pero cuando sea vencido el hijo de perdición (probablemente un antipapa), vendrá el Papa del gran esplendor de la Iglesia.

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 Según el padre Castellani

 

Las Siete Trompetas del Apocalipsis, que simbolizan siete grandes jalones heréticos en la historia de la Iglesia, aludirían a siete sucesivos Anticristos, en el sentido en que habla Juan en su epístola, precursores del Último, al cual preparan sin saberlo, acumulativamente. A medida que se aproximan al «Hombre de Pecado», las herejías van creciendo en fuerza y malignidad. La primera trompeta representaría el arrianismo; la segunda, el Islam; la tercera, el Cisma Griego; la cuarta, el Protestantismo. Aquí se produce una especie de paréntesis, que se puede advertir también en los otros Septenarios antes de la última terna; un águila vuela por lo alto del cielo y amenaza: «Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra»… (Ap 8, 13). Es el aviso de que la catástrofe se avecina. La quinta trompeta sería la Revolución francesa, con su Enciclopedismo. La sexta, el enfrentamiento de los Continentes, la guerra como institución permanente. Y así llegamos a los umbrales del fin, de la época en que se atentará directamente contra el primer mandamiento, la época del odio formal a Dios, el pecado y herejía del Anticristo.

 

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Según una antigua tradición judeo-cristiana:

«Este siglo», es decir, el tiempo que va desde Adán al Juicio Final, tendría una duración de siete milenios, a semejanza de los siete días de la creación: dos milenios corresponden a la Ley Natural, dos milenios a la Ley Mosaica, dos milenios a la Ley Cristiana, siendo el último milenio el de «los tiempos finales», el domingo de la historia, la época parusíaca de los nuevos cielos y de la nueva tierra. Así, pues, en un sentido trascendental, Cristo pudo decir con verdad que su Segunda Venida estaba cerca.

 

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