Soluciones al hambre

Parece mentira pero es cierto: estamos en el siglo XXI y un ingente número de personas en el mundo pasa hambre, hambre hasta morir. Y resulta bochornoso que en esta navecilla que flota por este inmenso mar del universo, se de la paradoja -caricaturizada pero real- de que en proa viajan 500 millones de obesos (que hay en el mundo) y en popa -afinados- 800 millones muertos de hambre. 

Jesucristo enunció un vaticinio fatalista, una sentencia imperecedera: “pobres tendréis siempre con vosotros” (Mt 26,11). Está claro que lo dijo no porque no habría soluciones, en cuanto a los medios, que los hay; sino porque conocía el paño, es decir, la pasta de qué están hechos los hombres, que más que ejecutar en justicia las soluciones -que las hay-, son los responsables de que ese mal que azota a tantísimo seres humanos siga existiendo.

 

Soluciones:

 Hay quien “ladinamente” pretende la solución drástica de dicho de “muerto el perro, se acabó la rabia” . Es decir, pretende acabar con el hambre en el mundo, acabando los que la padecen; o dicho de manera más precisa, que los que probablemente vayan a pasar hambre si llegan a nacer, que no lo hagan, que no nazcan -sean abortados-. En fin, una pena. Otra cosa bien distinta -y necesaria en todo lugar- sería la de la educación en una paternidad responsable.

 No es cuestión de eliminar los comensales sentados a la mesa y reducir así su número -que dicho de paso, serían de raza negra-, sino de proporcionales el pan que necesitan y que se dispone. La redistribución de los alimentos sobrantes en el mundo, hacia esos lugares de la Tierra, que dadas sus circunstancias conflictivas, políticas, sociológicas, culturas, agrícolas, climatológicas, etc., y hasta que se superen estas, precisan de esa asistencia del resto de la humanidad.

Es necesario programar una forma sostenible de producción agrícola acompañada de la capacidad de elaborar y poner en acto respuestas adecuadas, no sólo en relación al uso de las tierras, de los recursos agrícolas, forestales y marítimos, del agua, su producción y comercialización, pero la continuidad de la vida de las personas y de todas las comunidades.

Otro punto a tener en cuento como solución parcial es el de proteger y favorecer -discriminación positiva- el comercio con estos países empobrecidos, y perseguir la manipulación los mercados, que sangran e impiden que estos países puedan salir adelante.

Para evitar la emigración masiva -y cuanto ello conlleva- y la desbandada de los más capacitados, sería preciso una renta universal para las poblaciones de países pauperizados centroafricanos, acompañados de políticas que ayuden al desarrollo educativo y económico. Esta renta se conseguiría retrayendo unos euros o dolores del salario de cada trabajador del mundo Occidental.

Se precisa ¡ya! -en serio- una alianza concreta por parte de todos los actores que pueden operar al lado de los Estados: el sector privado, la sociedad civil, toda forma de organización, las religiones y las iglesias.

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