San Elías, el profeta carmelita

Elías es el profeta por antonomasia —uno de los más grandes, junto con Moisés y Juan Bautista—: Elías es el profeta de ayer, hoy y siempre; por su antigüedad; por su radicalidad; defensor de la fe y de profunda oración; por su vivir al límite, en la intemperie y perseguido, con temores, huyendo al desierto, a expensas de los que Dios disponga. Su nombre ya es significativo: Elías o Eliyahú, que -según- quiere decir “Dios es mi confianza” o “Yahveh es Dios”.

Pero del profeta Elias se destacan dos facetas substantivas:

La lucha contra las idolatrías tan presentes por entonces (siglo XI a. C.), los baales de los pueblos vecinos que amenazaban con contagiar la fe en Yahvé. El celo por su Dios le era arrebatador. Ese peligro de paganización de la fe no ha dejado de estar siempre latente como una amenaza; hoy día, no es menos, y hasta tal vez más. Los nuevos ídolos se expanden mundanizando la fe de nuestros contemporáneos, en lo que se llama apostasía silenciosa. Este alejamiento o enfriamiento de la fe —según está escrito— llegará un momento histórico que, por la influencia de Satanás a través del Anticristo, llegará a su apoteosis. En este momento —como está escrito— Elías (junto con Enoc) volverá a la tierra a cumplir la misión -como hace 29 siglos- la autenticidad de la fe en el Dios único y verdadero. Este protagonismo final en defensa de los fieles hijos de Dios, al final de los tiempos, lo compartirá con la Mujer de doce estrellas, la santísima Virgen María, coronada victoriosa como reina y señora, como figura en las imágenes de la Virgen del Carmen (como se apareciera significativamente en Fátima y Garabandal).

 El ser un hombre de oración: Tenía a Dios muy presente y oraba con insistencia.  Como dice el apóstol Santiago, “Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia…” (Sant 5,17). Era un contemplativo: de oración silenciosa (prestar atención a Dios presente en la brisa y no en el tumulto) y de manera constante. E inspiró los inicios de los ermitas carmelitas en las laderas del monte Carmelo. Donde vivió Elías y desde donde contempló la nubecilla —que simbolizaba a la Virgen María— portadora de la lluvia salvadora. La dimensión contemplativa se ve confirmada al ser unos de los personajes celestes que se hacen presentes en la contemplación del monte Tabor, donde Jesucristo se transfiguró en presencia de sus tres discípulos elegidos, Pedro, Santiago y Juan.

En este punto les invitamos a leer la catequesis que impartió en papa Francisco el 7 de octubre de 2020 con ten título: La oración de Elías”.

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