Racismo

«Ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús»(Gal 3,28).

Dios no hace acepción de personas. Todas las personas tienen el mismo valor, aunque su piel tenga un color distinto (entre otras cosas).

*****

            En cierta ocasión, un predicador preguntó a un grupo de niños:

           Si todas las buenas personas fueran blancas y todas las malas personas fueran negras, ¿de qué color seríais vosotros?

             La pequeña Mary Jane respondió:

           Yo reverendo, tendría la piel a rayas.[1]

*** 

           Sam y Ray eran muy buenos amigos. Iban juntos al colegio en un pueblo de Estados Unidos y jugaban en el mismo equipo de fútbol americano. Por eso, cuando la familia de Ray se mudó a la misma calle en la que vivía Sam, los dos chicos estaban muy contentos. Todo era perfecto hasta que un día alguien hizo una pintada en casa de Ray: «Marchaos a casa». Fue un momento muy duro.

           ¿Qué casa? preguntó entonces Ray, enfadado.

           Su padre le contó que:

           —Ellos venían del Congo, y que cuando nació él habían estado en un campo de refugiados de Uganda. Habían construido su hogar en un nuevo país. Pero alguien pensaba que, por ser negros, no tenían sitio allí.[2]

 ***

           En una serie de experimentos hízose que unos niños de cinco años de edad representasen una pieza de máscaras en la que uno fuese el malo. Había para elegir cierto número de máscaras, entre ellas una negra. Raramente era ésta la que los niños elegían para representar al individuo malo. El color de la piel no les parecía algo esencial. Esto lo experimentan los padres en los propios hijos. En las grandes ciudades, los pequeños salen de la escuela mixta y hablan de cabo de sus compañeros de clase. No es raro que la madre sólo al cabo de meses y de años se entere de que la pequeña Mary y Lycy con la que su hijita había hecho amistad, es una negrita; a su propia niña esto no le había llamado la atención y no creyó que valiera la pena mencionarlo.

 

         La naturaleza no engendra el odio colectivo. Hablan en pro de esta afirmación los estudios realizados sobre los prejuicios raciales en América. En circunstancias favorables, los niños no hacen diferencias entre blancos y personas de color. (…)Donde lols padres desde el principio vigilan para sus hijos no jueguen con niños negros, y si lo hacen les riñen y le pegan, la inocencia y la naturalidad en este aspecto desaparece. (…) El prejuicio se convierte en aversión física, en una disposición del carácter, que uno excepcionalmente puede pasar por alto, pero que o puede abandonar.[3]

*****

 

Esta es las más palmaria explicación de la penetración del pecado original en nuestras vidas, como nos contamina interiormente transmitiéndonos con las primeras leches una cultura insana, persevera, fóbica, canalla, diabólica…

El  mal esparce su especie. busca cualquier causa que sirva de excusa para levantar, cual muralla, una idea, noción o pensamiento que margine o ataque al ser humano.

Lo que otrora era racismo (desprecio de una parte -raza- de la especie humana) ahora es «especieismo» (desprecio de la naturaleza humana); en definitiva, un rechazo del ser humano.  Es un odio destructivo sembrado por el enemigo del hombre y su Creador.  

Esos a los que se dirige ese odio exterminador generalmente siempre es contra los más débiles y humildes. Y justamente, Dios manifiesta una ternura especial por los más vulnerables, los más frágiles, los más pobres de su pueblo. Todos aquellos que son maltratado, marginados, extranjeros, despreciados, desechados… son los predilectos del Señor, a los que reivindica e invita a tener un lugar especialísimo en su Reino. De modo que quien contradice esta voluntad de Dios, se alinea con aquellos (seres inmundos) que odian a la Humanidad.

Si somos de Dios, hijos suyos, somos hermanos. Esta es una verdad categórica, que disuelve cualquier atisbo de minusvalorización de cualquier persona. Quien no se comporta fraternalmente con el prójimo (blanco o negro, judio o griego, extranjero o paisano, hombre o mujer, pobre o rico, etc.) se excluye del Reino, de la dinámica de gracia de amor intra trinitaria.

El concilio Vaticano II recuerda que «no podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a comportarnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. (…) La Iglesia, por consiguiente, reprueba, como ajena al espíritu de Cristo, cualquier discriminación o vejación por motivos de raza o color, de condición o religión» (Nostra aetate, 5).

 

———————

[1] ANTHONY DE MELLO: «El canto del pájaro», Sal Terrae, Santander 1982, p.167.

[2] María Martínez López, en  https://alfayomega.es/198535/un-cuento-para-que-los-ninos-planten-cara-al-racismo

[3] HORKHEIMER, M., Sociedad en transición: estudios de filosofía social, Planeta?Agostini, Barcelona, 1986, p.182.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.