El primer caballo del Apocalipsis: la apostasía (y III)

A la grupa de este primer caballo se montarán también miembros de la Iglesia. Colaborarán en menoscabo de la fe que les fue propia, en pro de una impostura religiosa. La mano que desde las tinieblas muebe los hilos habrá logrado alcanzar a algunos a altos dignatarios de la iglesia (algunos que ni ellos mismos sospecharían) y desde allí trabajar en su destrucción.

Entre otras tretas, tratará de intrigar en el Vaticano levantado chismes[1] y sospechas entre los prelados, corrompiendo a otros, y por esparcir la idea de que se abogue por un falso ecumenismo[2] y por constituir a Roma como centro ecuménico religioso y a Jerusalén en centro espiritual y general. A través de esos individuos poco dignos la mano de las tinieblas sembrará cizaña e iniquidad en el corazón de la Iglesia. La sombra de la conjura planeará sobre el Vaticano. Estrategia para que la gente empiece a pesar que es necesario que se produzca un cambio, que llegue otro distinto al papa Francisco, tachándole de hereje o de inmovilista, o intentádole tender trampas y desacreditar, hablando mal de él, filtrando documentos reservados y conversaciones confidenciales y difundiendo noticias increíblemente falsas,  …sobre su salud.

Pretenderán minar la cohesión de la Iglesia y confundir y doblegar al Papa en un laberinto de traiciones y de teologías falsas. Ya lo atisbaba Pablo VI cuanto en 1972 afirmara: “El humo del infierno se ha infiltrado en la Iglesia”[3]. Al final de la Historia, conviviendo con la Iglesia fiel, habrá una Iglesia corrompida[4], que procede del obrar humano sumiso al Maligno. Es el misterio de iniquidad, el mal metido en las entrañas de la Iglesia. Son adeptos a las sectas satánicas[5].  

El tercer mensaje de Fátima[6] concierne a esta tremenda apostasía que afectaría al seno de la Iglesia. Se hallaría amenazada, ante la grave división den sus filas, de un probable cisma[7]. División y enfrentamientos, que minarían la unidad de la Iglesia, provocando la desorientación y pérdida de la fe de muchos de sus fieles. Apartados de la verdad y presos del afán de novedades[8], acabarán alistándose en “una iglesia de fábrica humana siguiendo la última moda”[9] , como la new are. Otros mucho se aprestarán a componendas con el mundo, aduciendo lo penoso que resulta separarse del mundo…[10], desvirtuando la esencia de la fe y sofocando el sentido sobrenatural de la vida cristiana; cuando no es la doctrina de Jesús la que se debe adaptar a los tiempos[11], sino que son los tiempos los que han de abrirse a la luz del Salvador.  “La Iglesia se llenará de quienes aceptan componendas, y el demonio empujará a muchos sacerdotes y almas consagradas a abandonar el servicio del Señor. El demonio atacará encarnizadamente sobre todo a las almas consagradas a Dios.”[12] Así está escrito, cuyo precedente acaeció en tiempos de los Macabeos: “En aquellos días surgieron en Israel hombres inicuos, que persuadieron a muchos diciendo: Vamos y hagamos alianza con los paganos que nos rodean, puesto que desde que nos separamos de ellos nos han sobrevenido muchas penalidades. Este consejo les pareció bien[13]. Algunos obispos perderán la fe; y que otros muchos estarán bizcochables postureos ante el mundo. La Iglesia no ha variado ni un ápice sus principios en todas las cuestiones que el mundo le reclamaba que fuese  “tolerante”.  El Evangelio debía adaptarse a los requerimientos de cada época. La mundialización es rendirse al espíritu de la época, la acomodación de los cristianos a la Nueva Babilonia. Ante este mundo que es la Gran Babilonia, el Señor pide a los suyos: “salid de ella, pueblo mío[14]. Y en otro lugar[15] les dice: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.” De modo que, los que se mantengan fieles a la Verdad y a su bautismo en Cristo, serán tachados de radicales, fanáticos, fundamentalistas, intolerantes… y se les mirará con recelo, como sospechosos de amenaza, ante los que estar distantes y en guardia. Hasta acabar tratándoles sectariamente y arrinconarles hasta excluirles. De modo que se aprestan a padecer marginación social, sin sitio, sin influencia ni significación, reducidos al ostracismo y hasta expuestos a la persecución.

El Nuevo Orden enarbolará la bandera del laicismo e instrumentairzará los poderes políticos, económicos, mediáticos…, tratando de conseguir, a través de empujar cada vez más fuera de la plaza pública a los creyentes, su gran objetivo erradicar la religión del planeta, y, más concreta y especialmente, el cristianismo. Para ello: que no salgan de las sacristías, para impedir así que cristianicemos los parlamentos, los periódicos, las universidades, las fábricas, las diversiones, los hospitales…

También se valdrá para ello, de todo cuanto pueda perjudicar a los que aún se declaren cristianos. Para ello baste mencionar el acaso que el islamismo ejerce sobre los cristianos de Oriente Medio, que está terminando de exterminarlos  de aquella zona del planeta.

La Iglesia en el siglo XX y lo que se lleva del XXI se ha visto acosada, tal vez como nunca en la historia. Las fuerzas de las tinieblas, a través de los hombres que vive en sombra de muerte, siguen tratando de despedazarla. Cruentas persecuciones en países que sufren la violencia desatada del yihadismo islámico como en Irak, Pakistán o Nigeria, donde se masacra a los cristianos por el hecho de serlo, con el silencio culpable de los países de Occidente[16]..

Sin embargo, no sólo es la eliminación física sino el ataque moral, y también en Occidente;  lo que se intenta es que la Iglesia desaparezca y su Dios con ella.

Como está escrito un tercio del clero apostasiará, vinculándose muchos a otra iglesia. Tal y como se hace constar en el Apocalipsis: “Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra.”[17]

El Dragón, Satanás, logra verdaderamente seducir y derribar un tercio de las estrellas del cielo; que no son astros o planetas ni tampoco ángeles, son parte de la cúpula dorada de la iglesia de Dios: sus religiosos, sacerdotes, obispos y cardenales.

La perscución a la Iglesia se agudizará, será tremenda (tal vez y de manera especial, en estos ya 3,5 últimos años). Porque es en Ella, en definitiva, donde se ofrece a Jesucristo, la Verdad que nadie puede destruir y donde radican el amor, la libertad, la felicidad y la Vida.

 

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[1] A ellos se refirió el Papa Francisco tratándoles de la “enfermedad de los chismes”, que “se adueña de la persona, haciendo que se convierta en sembradora de cizaña, como Satanás, y en muchas ocasiones en asesina a sangre fría de la fama de los propios colegas y hermanos”. Francisco concluía en aquel elenco feroz con “la enfermedad del beneficio mundano”, que se produce “cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener provechos mundanos”, sin recatarse de “calumniar, difamar y desacreditar a los demás, incluso en periódicos y en revistas, a menudo en nombre de la justicia y la transparencia”.

   Al igual de aquellos que tienen comportamientos corruptos en lo económico. : el dinero ‘negro’ de la conducción de la Iglesia Católica Apostólica Romana, una obsesión por corregir semejantes desvíos que tiene el papa Francisco, y que provoca algunos de sus muchos choques con lo que se ha dado en llamar ‘la Vieja Guardia’ vaticana. “Incluso en el Vaticano hay casos de corrupción, la corrupción es algo que se nos mete adentro, es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil, y después terminamos mal. Y en vez de tanta azúcar fácil terminamos diabéticos o nuestro país termina diabético. Cada vez que aceptamos una coima, cada vez que aceptamos una coima y la metemos en el bolsillo, destruimos nuestro corazón, destruimos nuestra personalidad y destruimos nuestra patria. Por favor ¡no le tomen el gusto a esa azúcar que se llama corrupción! (…)”.

[2]  “Había en Roma, incluso entre los prelados, muchas personas de sentimientos poco católicos que trabajaban para el éxito de este asunto (la fusión de las iglesias).” “Vi también en Alemania a eclesiásticos mundanos y protestantes iluminados manifestar deseos y formar un plan para la fusión de las confesiones religiosas y para la supresión de la autoridad papal.” Ana Catalina Emmerich. (AA.III.179) (Tomado del sitio Capilla Católica).

[3] Alocución “Resistite fortes in fide”, del 29 de junio de 1972. De modo parecido se expresa el Tercer mensaje de Akita Japón: “La acción del diablo se infiltrará hasta la Iglesia, de tal forma que se verán cardenales oponiéndose a otros cardenales, obispos contra obispos.  Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y combatidos por otros sacerdotes.”  Y uno de los mensajes de la Virgen María al padre Gobbi sobre estos últimos tiempos, dice: “Las fuerzas masónicas han entrado a la Iglesia de manera disimulada y oculta, y han establecido su cuartel general en el mismo lugar donde vive y trabaja el Vicario de mi Hijo Jesús”.

[4] Tal vez hace referencia a la new are. “Todo permanecía en la tierra e iba a la tierra, y todo estaba muerto, artificial y hecho por la mano del hombre: es propiamente una iglesia de fábrica humana siguiendo la última moda, también como la nueva iglesia heterodoxa de Roma, que es de la misma especie”  Ana Catalina Emmerich. (AA.III105).

[5] Así lo corroboraba el jefe de exorcistas del Vaticano, el padre Gabriele Amorth, donde expresa que hay satanistas entre los sacerdotes, obispos y hasta cardenales del Vaticano, que el Papa fue informado y que hace lo que puede.

[6] El Padre Alonso, archivista de Fátima, afirmaba: “El Tercer Secreto habla de la crisis de fe dentro de la Iglesia y de graves diferencias en la alta jerarquía”.

[7] Como un conato a modo de ensayo, se suscitó en tiempo del papa Benedicto XVI el movimiento del “Llamamiento a la desobediencia”, nacido en Austria y ahora con ramificaciones importantes en Irlanda, Alemania, Francia y Eslovaquia. Apoyado por unos cuantos de curas y un puñado de obispos. “No tememos excomuniones ni queremos un cisma, sino que la Iglesia nos escuche y dialogue”, decía el ya  llamado “Lutero austríaco”, padre Helmut Schueller, que encabeza de la “Iniciativa de los párrocos”, que contó con el apoyo de 400 sacerdotes en Austria. Según todo apunta, la mayoría de los 4.000 curas austríacos, un país de hondas tradiciones católicas tradicionalistas, que vive un proceso de vertiginoso triunfo del laicismo y de distanciamiento de los fieles de una Iglesia que consideran anclada en el pasado, simpatizan con el movimiento con el “Llamamiento a la desobediencia”, que firmaron 329 curas. El Papa llegó a temer al primer cisma progresista.

   El cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, ha advertido a los obispos alemanes que la Iglesia no puede adaptarse a los tiempos de la manera en que los Deutsche Christen, organización de cristianos luteranos alemanes, lo hicieron para apoyar el nazismo, ajustaron su fe a la visión del mundo del nacionalsocialismo. Algunos de los pastores luteranos que se negaron a aceptar semejante ideología sincretista con el nazismo fueron perseguidos, encarcelados e incluso martirizados. Entre ellos destaca con luz propia el pastor Dietrich Bonhoëffer.

    La postura de los obispos alemanes en materia de matrimonio, familia, moralidad del amor humano y las cosas que llevan a la genuina felicidad, el pensamiento católico alemán es prácticamente indistinguible del de los no creyentes. Una confesión del desastre catequético y de fracaso pastoral. Es una crisis de fe. El catolicismo alemán está en crisis porque los católicos alemanes no han abrazado al Señor Jesús y su Evangelio con pasión, convicción y alegría, y están buscando su felicidad en otro lugar. Esto es triste; esto es trágico; esto es desalentador. Amenaza con un cisma.

[8] 2 Tm 4,3-4.

[9] Expresión de la beata Ana Catalina Emmerich,  (AA.III105).  Y el Papa San Pío X predijo exactamente la aparición de esa falsa religión cuando habló sobre:”el gran movimiento de apostasía que se está organizando en cada país para el establecimiento de una Única Iglesia Mundial que no tendría dogmas, ni jerarquía, ni disciplina de pensamiento, ni freno para las pasiones, y que, bajo el pretexto de libertad y dignidad humana, traería al mundo (si tal iglesia pudiera triunfar) el reinado de la astucia y de la fuerza legalizadas, y la opresión de los débiles, y de todos aquellos que trabajan y sufren”.

[10] El papa Francisco ya hablaba de este peligro: la novela de Benson ejemplifica el “espíritu de la mundanidad que nos lleva a la apostasía”. Refleja la presión social de que los cristianos “debemos ser como todos, debemos ser normales, como hacen todos, con este progresismo adolescente”. Y después, dice, “sigue la historia”: “las condenas a muerte, los sacrificios humanos”. El Papa recordó Señor del Mundo al comentar el libro de los Macabeos, en el que muchos miembros del pueblo de Dios, atraídos por la cultura griega, hegemónica en la época, deciden aceptar el paganismo y abandonar la fidelidad a Dios. El Papa se pregunta por la “raíz perversa” de esta infidelidad: el querer ser como los demás. 

[11] En este sentido muchos convertidos (más de 70 ex-pastores protestantes y 140 intelectuales conversos), procedentes de  confesiones que aceptaron amoldarse a las exigencias del mundo, firmaban  un manifiesto dirigido al Papa pidiendo  piden al Papa y a los obispos evitar los errores del protestantismo «progre». Estos defensores de la fe crsitiano-catolica se defendían ante las acusaciones de inmovilismo echando mano a pensamientos como el de Garrigou-Legrange: “La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; y es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; y son intolerantes en la práctica porque no aman”.

[12]  Tercer mensaje de Akita Japón, 13 de octubre de 1973.

[13] 1 Mac 1,11-13. Decía Jac­ques Maritain: “La crisis presente tiene muchos aspectos diversos. Uno de los más curiosos fenóme­nos que apreciamos en ella es una especie de arrodillamiento ante el mundo, que se mani­fiesta de mil maneras”.

[14] Ap 18,4.

[15] Jn 15,19.

[16] El Patriarca Younan, patriarca de Antioquía, que pastorea a más de 260.000 católicos de rito siríaco organizados en 80 parroquias de todo el mundo, sobre todo en Siria e Irak, explicó: “Nos sentimos olvidados y hasta traicionados por los países occidentales”. Porque parece, dijo, que algunas instituciones occidentales se basan en el oportunismo económico.

[17] 12,4.

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