«Poderoso caballero es don dinero»

Esta expresión del segundo o tercer más grande escrito español Francisco de Quevedo, perteneciente a un poema suyo de hace 400 años, y que adquiere hoy plenamente sentido. Vean, si no:

Ha llegado a España en presidente chino Xi Jinping, como bien saben, un dictador. Ha sido agasajado con todos los honores…. (asómense a la prensa, y verán). Es vergonzoso.

Este comportamiento de los dirigentes españoles no es puntual: se inclinan ante dictaduras Saudita (como hemos visto en fechas pasadas, con el asunto de las fragatas en construcción en astilleros españoles…), o con el reciente viaje a Cuba, plegándose a la voluntad castrista, sin ver a los opositores ni interesarse por los presos políticos, a cambio de velar por los intereses económicos de las empresas (hoteleras) españolas en la Isla. Otro tanto cabe decir de la semejante actitud ante el chavismo venezolano… En conclusión: ¡Es una vergüenza!

Ya ven, «poderoso caballero es don dinero», por él se pierden ideales, dignidad y grandeza de alma. Esta gente es la que dice representar al pueblo español; tal vez es que este pueblo sea así. Cada pueblo tiene lo que se merece.

Otros que por su talante crítico, como  los medios de comunicación, podrían ser los garantes de la dignidad de un pueblo. Pero, nada, al igual que la casta política, están al socaire del «poderoso caballero». Todos callados como muertos; a no ser para alabar inmanente las bondades de un sistema dictatorial como el chino.

Esta actitud servil y cínico no es solo patrimonio de este país, el español, sino que se está haciendo denominar común de todos los países de la Tierra.   

Y un comentario más: Sobre este país gigante -China- se extiende un inquietante silencio de lo que pase en sus tripas. Tan solo sabemos algo por los gritos ahogados de los cristianos, que viven como en las catacumbas del antiguo -pero renovado ahora en Asía- Imperio Romano.

Mientras tanto, los que se venden por dinero -como se vende el alma-, callan y apañan; algún día se arrepentirán, pero será tarde.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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