- La única vida que merece la pena ser vivida es la de aquel que está dispuesto a ponerla en juego en nombre de la verdad y de la justicia, por Cristo y por los demás.
- Esta es nuestra más profunda vocación: la que Dios nos ha asignado: Dios nos quiere santos, nos quiere «divinizar», que seamos semejantes a Él hasta el extremo. El uso de estos términos e remonta a los principios de la teología patrística: “divinización”, “divinizar” se encuentra ya en Gregorio Nacianceno y especialmente en Pseudo-Dionisio. “Deificación”, “deificar” ex presión que usan Clemente de Alejandría, Orígenes, Hipólito, Basilio y Atanasio.
- Nuestra responsabilidad en permitir que la Gracia actúe en y con nosotros. La colaboración se realiza consciente (por la actitud) e inconscientemente (por la aptitud. Esta última hace referencia a si estamos interiormente –si tenemos corazón- capacitados o discapacitados –corrompidos- para que las fuerzas de la gracia actúen. A mayor pecado original, mayor inaptitud: la perversión, la aversión a ser receptivo al bien, a lo bueno, a la gracia es tan intensa, y la inclinación al mal tan fuerte, tan atractivo, que hace “imposible” que las fuerzas de la gracia obren en ella y con ella.
- El amor radical en la condición humana no se da, pues estamos entrecruzados por múltiples motivaciones, etc. De ahí que el hecho de amar ha de ir acompañado de la humildad. Y como dice San Agustín: el hombre humilde es el que más ama.
- Hay que ser humilde, muy humilde, para ser agradecido, para mostrarse en deuda. A nadie nos gusta sentirnos así, y resulta fundamental tener ese espíritu abierto de humildad. Nos gusta, en cambio, más ser de a los que se nos debe algo. Hay que tener mucha grandeza para dar y no someter a través de lo que se da, como una deuda afectiva o psicológicamente.
- Solo Dios es capaz de soportar la insoportabilidad de la grandeza de la libertad humana.
- El Papa Francisco, en el Ángelus del 3-10-2021, dijo: «Con Dios las fragilidades no son obstáculos, son oportunidades»; es más, en un momento de quebrantamiento por el peso de las fragilidades el ser humano puede mostrarse oportuno a que Dios propicie sobre él su derroche en gracia de amor.
- Con relativa frecuencia nos detenemos a pensar con cierta amargura de ciertos compromisos o caminos tomados, etc., Y es un pesar del que en cierta medida somos injustos, pues sin esa situación vital, familiar, responsabilidades…, no habríamos llegado a descubrir nunca horizontes nuevos, no nos hubiéramos liberado de una visión raquítica y enfermiza de la vida, no hubiéramos jamás descubierto lo que es olvidarse de sí. Y esto nos lo da la vida, con sus avatares, y muchas veces sin saberlo. Nos salva ya de la condena del egoísmo y la miseria humana.
- Decía Chesterton: “Una familia fuerte es como un estado independiente”. Una familia imagen de la Sagrada Familia, que es incluso más fuerte que un estado, pues trasciende hasta más allá de los límites mortales y posee conciencia… Por ello es tan amenazada por los estados, pues no la pueden controlar y someter.
- Atomizar a los miembros de la familia, haciéndola saltar por los aires, es una tentación cada vez más presente y de eficacia real: la pluralidad de tipologías de familias, con escasos y débiles vínculos interpersonales, miembros desapegaos y egoístas; familias desestructuras, matrimonios rotos, con hijos fraccionados de diversas relaciones; etc. Atomización que desvincula de lazos, y que debilita la unión que fortaleza, quedando en individuo expuesto al único interés de la satisfacción del consumo…, por el que es fácil presa.
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