Pensamientos de Fe (5)

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  1. La historia humana lleva en su interior un drama, una lucha continua entre la luz y la tinieblas, entre el poder de Dios y el poder de Satanás. El lugar de esta batalla campal se da de manera especial en el corazón humano.   
  2. Creer y amar es algo más concreto de lo que la gente cree. Es sencillamente cumplir lo que Dios quiere de nosotros, hacer su voluntad, respetar sus mandamientos, seguir su doctrina. Fuera de esto, es teorizar, y no amar realmente.
  3. La iglesia católica lleva dialogando con las culturas y las civilizaciones de todos los tiempos, sobre la base de la razón, que es el medio de entenderse el “homo sapiens”, y ha llegado hasta aquí contrastándose con todo tipo de pensamiento. El cristiano puede aceptar el dialogo con la cultura y con cualquier pensamiento, porque acepta la razón, porque todo lo que sea razonable y humano, se da la mano con lo cristiano. Por ello, la iglesia y los creyentes no debemos temer a los nuevos tiempos, pues con la verdad y la razón se va a cualquier parte.
  4. La dimensión religiosa de la espiritualidad humana y la vocación trascedente. El atractivo de esa literatura del misterio, tan de moda hoy, revela el ansia de lo espiritual; no es una literatura de evasión, de huir de una realidad cotidiana que no gusta sino de encontrar una salida a un anhelo; no es huida sino que se le hace insuficiente la realidad existente.
  5. Jesús fue aplastado por el mal del mundo, pero se abandonó con confianza absoluta en las manos amorosas del Padre que le resucitaría. Es consolador para todos aquellos derrotados de la vida, los pobrecitos, los martirizados, o los que ordinariamente aguantan dignamente, sin traicionarse, el peso de sus obligaciones o situaciones complicadas que les aplastan. Jesucristo les precede y a semejanza del Padre les revinará en el último día.
  6. Por aquello que nos decidimos, eso nos hacemos. Es decir, ante la alternativa moral de optar por un valor o disvalor, por el bien o su negación, etc., eso que finalmente hacemos es lo que realmente incorporamos a nuestro ser, nos forja como persona. De modo que existe una gran responsabilidad en la libertad moral conferida por Dios a cada uno de nosotros, su hijos, a los que nos invita que seamos como Él es, santos, comenzando por la disponibilidad para la elección del bien.
  7. Dios no pretende nada de nosotros, no quiere someternos como seres esclavos suyos, ni que le sirvamos…, etc.; Dios no necesita nada nuestro,  no le falta nada, está completo. El quiere de nosotros, y para eso nos ha creado, que seamos felices, como El, que comportamos su santidad.
  8. Asombra la creencia tan expendida y tan profunda de la negación de Dios de la gente de hoy. Parece una certeza con una firmeza mayor que la de los que cree en Dios. La creencia de los ateos llama la atención por la rotundidez de su postura tan como real, que es como si Dios hubiera bajado del cielo y se hubiera comunicado  expresamente que no existía. ¡Qué fe! ¡Qué confianza en la nada! ¡Qué osada apuesta por el no!
  9. El demonio es el tentador, es seductor (que seduce, des-conduce, desencamina…, engaña, pierde…) Nuestro corazón está siempre amenazado por la oferta del diablo. El juega con nuestros caprichos. Y hoy especialmente domina en el ser humano lo caprichoso, hacer lo que le plazca, darle gusto al cuerpo, dejarse llevar por sus entintaos y deseos. Lo cual es propicio para que el caigamos bajo la influencia del demonio. El diablo es un influencer del mal.
  10.  Cuando el mal se viste de bien, es peligrosísimo, o lo mismo, cuando arrastra tras un bien que usa como estandarte muchos males. Prueba de ello son las ideologías de apariencia loable, pero tras las cuales se emboscan infinidad de males.

 

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