Pensamientos de Fe (49)

  1. Hoy día todo parece estar siendo trastocado, modificado en su ser, deconstruido. Lo cual se contempla con una pasividad -se consiente- aprobatoria, como si lo contradictorio como principio de lógica no diera. Esto nos lleva a concluir que se está cumpliendo aquello que profetizara Chesterton: “Llegará el día en que tendremos que demostrarle al mundo que el pasto es verde”.     
  2. El marxismo cultural actual pretende cambiar la concepción antropología humana, modificar el sentido común de las personas, y según esto variar su modo de pensar, de actuar, de ser. Lo cual provoca una violencia inaudita contra el orden natural específico humano, asignado por el Creador.
  3. Trata de demostrar que el pasto es verde…, se nos antoja tarea imposible; aquí solo ya cabe la intervención de Dios. «Conviértenos, Señor, y nos convertiremos» (Lc 5,21).
  4. Quien se posiciona entre los que se creen poseer una superioridad moral -convirtiéndose en una razón o automatismo fanático, sobre todo en el orden ideológico-, discrimina todo -a todos- según quien haga el ben o el mal, dependiendo al grupo de pertenencia, previamente, al margen de lo que haga si bien o mal. Esto es una arbitrariedad y un craso error, pero ¡qué les importa!
  5. El pecado que caracteriza nuestro tiempo es la apostasía, el abandono de la fe, la incredulidad, la crisis de pensamiento y de conciencia, el abandono casi normal de las tradiciones religiosas, santas y sagradas, que aportaban la luz necesaria y real a la vida; lo cual está provocando ceguera, especialmente en el ámbito moral.
  1. Las fuerzas que existen son las de la gravedad (lo negativo, bajo, del mal) y las de la gracia (el amor, el bien, lo divino, fuerza santificante). Las fuerzas del bien precisan la respuesta del ser humano, es decir, actitud y aptitud, la actitud para operar con el sujeto conscientemente, y la aptitud para obrar en él secretamente, para irlo trabajando misteriosamente. 
  2. Necesitamos de la intervención divina, para sacarnos de este atolladero y nos cambie. Reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura, un cambio de vida, con la ayuda de la gracia. Decisión radical de liberarse de toda atadura terrena. San Pedro tras la triple negación, siente en lo más profundo la mirada misericordiosa de Cristo, y se echa a llorar.
  1. Carecemos de la necesaria humildad -dada la soberbia, la arrogancia, el egoísmo consentidor de todo- para admitir que podemos estar equivocados, que cometemos errores y pecados. Según estudios, una de las causas principales de las enfermedades no son ni ataque al corazón, ni la mala alimentación, ni el tabaquismo, ni el cáncer, etc., sino la falta de perdón; y esto requiere de unas dosis notables de humildad.
  2. Dada nuestra hechura humana, tan inestable, tan afectada por el «pecado original» y lo cambiante de la vida, sus circunstancias, los factores que intervienen y las influencias a las que nos hayamos expuestos -influencias a veces ocultas, que no controlamos-, necesitamos estar en un continuo ejercicio de humildad y de reconversión.
  3. La conversión y la salud fundamentalmente del espíritu -que es lo nos es más nuestro- precisa de una continúa -«diaria»-, reconversión, sanación, que nos renueve. La polución ambiental -en términos espirituales- es tan real y continua, que siempre tenemos que estar rehabilitándonos. Y esto, solo, realmente, nos los puede proporcionar nuestra abierta disposición hacia a Dios, fundamentalmente a través de la fe nos y lo sacramentos.

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