- Dios busca hombres, voluntarios, que hagan lo que podría hacer El si no contara con ellos. Pero Dios quiere nuestro protagonismo y que tomemos parte activa en su obra y responsabilizarnos, como adultos, en el destino que libremente queramos.
- Aceptar las cosas, las deficiencias, e incluso las faltas y pecados, con paciencia y mansedumbre, etc. es cuestión de humildad, de asumir nuestra pequeñez, nuestra fragilidad, a la que tiene que auxiliar la gracia divina.
- La humildad -decía santa Teresa de Jesús- es reconocer la verdad. ¿Qué verdad? La verdad consiste en mirar a Dios, la Verdad, y ver la distancia infinita en que nos encontramos respeto a Él. Esta es la verdad de la humildad, la única verdad real.
- Le dijo Cristo a santa Teresa de Jesús: “Esta (noche del alma) es la verdadera humildad, conocer lo que puedes y lo que Yo puedo.” Esta es la humildad: la que conduce a la confianza en Alguien; pues reconoce lo que puede (la necesidad de confiar) y lo que Dios puede (todo).
- Todo -en cuanto al plano espiritual se refiere- se reduce en definitiva al combate entre el orgullo y la humildad.
- Nada, ni los pecados siquiera, nos puede separar del amor misericordioso de Dios, a no ser el orgullo. El orgullo bloquea la comunicación con la vida de la gracia, imposibilitando nuestra regeneración.
- El orgullo es como una contaminación que se filtra por todas partes, en mayor o menor medida, con mayor o menor sutileza. Por eso tenemos que estar en todo momento vueltos hacia Dios, mendigando su auxilio y pidiendo perdón, aunque a veces no sepamos ni porque. Se nos escapan tantas cosas…, sin embargo esa actitud de apertura a la misericordia de la gracia, nos protege instantáneamente de que nos alcance mortalmente cualquier asechanza del mal. Quien mira a Dios está a salvo.
- Seamos humildes para reconocer y para disponernos a la lógica del Reino de Dios que se fundamenta en la gracia. La gracia es gratuita, y no existe relación con Dios fuera de la gratuidad.
- Ese dinamismo, vitalidad esencial y fundamental, aliento vital, sabia, gracia, presencia del Espíritu Santo es el Reino -reinado- santo al que se nos quiere incorporar de forma gratuita; dinamismo gratuito de Dios que nos ha de llevar a tener con los demás la misma actitud.
- La experiencia de Dios nos da la medida de lo que realmente somos y todo cuanto tenemos es regalo recibido del Señor, “¿qué cosa tienes tú que no la hayas recibido?” (1 Cor 4,7). A mayor intimidad con Dios, mayor humildad. Cuanto mayor sea nuestro trato y relación con Dios, cuanta mayor sea la intimidad, mayor será la humildad, la gracia y la santidad.
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