Pensamientos de Fe (38)

  1. Dios busca hombres, voluntarios, que hagan lo que podría hacer El si no contara con ellos. Pero Dios quiere nuestro protagonismo y que tomemos parte activa en su obra y responsabilizarnos, como adultos, en el destino que libremente queramos.         
  2. Aceptar las cosas, las deficiencias, e incluso las faltas y pecados, con paciencia y mansedumbre, etc. es cuestión de humildad, de asumir nuestra pequeñez, nuestra fragilidad, a la que tiene que auxiliar la gracia divina.
  3. La humildad -decía santa Teresa de Jesús- es reconocer la verdad. ¿Qué verdad? La verdad consiste en mirar a Dios, la Verdad, y ver la distancia infinita en que nos encontramos respeto a Él. Esta es la verdad de la humildad, la única verdad real.
  4. Le dijo Cristo a santa Teresa de Jesús: “Esta (noche del alma) es la verdadera humildad, conocer lo que puedes y lo que Yo puedo.” Esta es la humildad: la que conduce a la confianza en Alguien; pues reconoce lo que puede (la necesidad de confiar) y lo que Dios puede (todo).
  5. Todo -en cuanto al plano espiritual se refiere- se reduce en definitiva al combate entre el orgullo y la humildad.
  6. Nada, ni los pecados siquiera, nos puede separar del amor misericordioso de Dios, a no ser el orgullo. El orgullo bloquea la comunicación con la vida de la gracia, imposibilitando nuestra regeneración.
  7. El orgullo es como una contaminación que se filtra por todas partes, en mayor o menor medida, con mayor o menor sutileza. Por eso tenemos que estar en todo momento vueltos hacia Dios, mendigando su auxilio y pidiendo perdón, aunque a veces no sepamos ni porque. Se nos escapan tantas cosas…, sin embargo esa actitud de apertura a la misericordia de la gracia, nos protege instantáneamente de que nos alcance mortalmente cualquier asechanza del mal. Quien mira a Dios está a salvo.
  8. Seamos humildes para reconocer y para disponernos a la lógica del Reino de Dios que se fundamenta en la gracia. La gracia es gratuita, y no existe relación con Dios fuera de la gratuidad.
  9. Ese dinamismo, vitalidad esencial y fundamental, aliento vital, sabia, gracia, presencia del Espíritu Santo es el Reino -reinado- santo al que se nos quiere incorporar de forma gratuita; dinamismo gratuito de Dios que nos ha de llevar a tener con los demás la misma actitud.
  10. La experiencia de Dios nos da la medida de lo que realmente somos y todo cuanto tenemos es regalo recibido del Señor, “¿qué cosa tienes tú que no la hayas recibido?” (1 Cor 4,7). A mayor intimidad con Dios, mayor humildad. Cuanto mayor sea nuestro trato y relación con Dios, cuanta mayor sea la intimidad, mayor será la humildad, la gracia y la santidad.

 

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