- Dios no nos deja gratamente de sorprender: Una mujer (y en su día gran pecadora) fue la primera en saber y anunciar la Resurrección de Jesucristo. Nuestra particular pequeñez y debilidad, se hacen humildad llena de esperanza.
- Jesucristo se apareció resucitado varías veces antes que a los discípulos, a los cuales les reprochó: «Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado» (Mc 16,14). Cuidemos de no endurecernos y perder inocencia que conducen a la desconfianza y a la pérdida de fe.
- El inocente y confiado está abierto a la verdad; el escéptico, no. La desconfianza, actitud de sospecha que es propia del escéptico y desengañado, recela de cualquier verdad por bondadosa que sea, y el corazón se hace refractario a creer. Jesús supo ante quien estaba cuando guardó silencio al preguntarle Pilado ahíto de escepticismo: “¿qué es la verdad?”.
- Impresiona la actitud de Judas, quien tras haber convivido con Jesús, de haberlo oído, visto, compartido tantos momentos… y haber comprobado su grandeza humano-divina, sus signos y milagros, sus gestos de amor y palabras llena de misericordia, etc., hubiera sido capaz de traicionarle. ¡Cuidado! si alguien tan cercano pudo hacer eso, ¡qué cualquier de nosotros!
- ¡Cuántos amigos suyos, sacerdotes, etc., que le han abandonado, que le han fallado! Tengamos presente que algo así pasó un uno de los doce discípulos; es decir, que el 8,33% (el número 1 respecto a 12) le traiciono, le fue infiel, a Jesús; por eso cuando hay unos muy próximos a Él y cometen pecados nefandos, yo no me escandalizo pues siempre los referenció dentro de ese porcentaje que le falla.
- La imponente imagen de Jesús sudando sangre momento antes de su pasión, y diciendo el Padre si hubiera posible que no beber aquel cáliz, la verdad es que sobrecoge. Salvar al mundo que Dios había creado por amor, solo un Dios lo podría llevar a cabo: todo el peso de la Humanidad pecadora, recaía sobre aquel hombre-divino llamado Jesucristo.
- Una de las cosas más conmovedora es la humildad del Señor, ¡cómo apaleado y ultrajado por seres indignos, bajo la inspiración de Satanás, se mantuvo mudo, sereno, sin ápice de rebeldía, obediente a la voluntad de Padre, como designio de salvación!
- La grandeza y medida del amor de Jesús por la Humanidad se corresponde con la capacidad propio sacrificio: el sufrimiento llegado hasta el límite de la existencia, de la demolición hasta la propia destrucción, de manera agónica y paulatina, hasta ser suspendido con tres hierros en un madero, y aguarda así el desenlace fatal. Fue la prueba del Amor que vence todo. Satanás quedo aterrado, viendo como Jesús se le iba de las manos, sin que le doblara el pulso.
- Desvivirse por los demás es la manera de amar de quien es según Dios. Es dar la vida de continuo por los prójimos (próximos); se puede dar la vida en un momento en un gesto heroico por alguien(es), o se puede dar humildemente en lo cotidiano, gastándola día a día por los quieres, como el que sirve, como unos padres por los hijos, o como la hermanas de la caridad por los pobres.etc.
- Todo el que ama desgastando su vida (aunque sólo sea el tiempo; eso que todos poseemos) por los otros, en un servicio humilde y callado, según le dicta el corazón, está bajo la longitud de onda de Dios, bajo la acción de su gracia; lo sepa o no, sea consciente de ello o no, está cumpliendo la voluntad amorosa de Dios, la que hace pertenecer a su reino.
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