Nos quedamos sin curas

Mejor, nos estamos quedando ya sin curas. Los datos del día del seminario de este año son escalofriantes en España. Tanto que, por primera vez que yo recuerde, no se ofrecen desglosados por diócesis. Ya imaginamos por qué. 1066 seminaristas mayores en España. Podemos hacer cuentas. 1066 para 70 diócesis. O bien 1066 seminaristas en una población, la española, de algo más de 47 millones de habitantes. Un seminarista por cada 44.000 habitantes. Si tenemos en cuenta que se producirán abandonos, vamos a contar en un futuro próximo con un sacerdote ordenado para cada cincuenta o sesenta mil habitantes. Me da pereza entrar en la media de edad del clero.

Ahora, visto el dato, toca analizar causas y poner remedios.

Acepto quince minutos en el cuarto de llorar que nos sirvan para apelar a la secularización, la televisión, las redes, la baja natalidad y las maquinaciones del gobierno. He dicho que quince minutos. Vale. Veinte. Y ni uno más, porque eso se llama echar muchos balones fuera.

Transcurridos los veinte minutos ¿tendremos el arrojo de preguntarnos en qué estamos fallando? Porque algo nos tocará como Iglesia empezando por Roma, siguiendo por los señores obispos, superiores religiosos, religiosos, sacerdotes y pueblo fiel. Algo nos tocará.

¿Y usted D. Jorge qué opina? Varias cosas que expongo sin orden ni concierto, pero que son las que un servidor entiende que podrían estar en la base de todo:

  • No existe la verdad. Cada cual tiene la suya y todas son igualmente respetables, por tanto, no tiene sentido predicar a Cristo como Verdad. A lo sumo, como una verdad que se propone.
  • Tras la muerte siempre se va al cielo, hagas lo que hagas, vivas como vivas, mueras como mueras. Por eso tan pocas confesiones y la unción de enfermos caso en extinción.
  • Desaparición en la práctica de la gracia de Dios. Hoy estamos más por la autoayuda.
  • Relativismo doctrinal y, en consecuencia, de la praxis eclesial y pastoral. Todo vale, una cosa y su contraria sin que jamás pase nada.  
  • Reducción de la misión de la Iglesia a un buenismo caritativo social.

La cosa es más grave y más profunda. Y atraer hacia el sacerdocio o la vida religiosa con la cosa de estar con los pobres no hace otra cosa que manifestar aún más la raíz de todo: la falta de visión trascendente. Y sin eso ¿para qué queremos curas?

Jorge, sacerdote

Fuente y texto completo: Infocatolica