Aunque se ha de ser prudente, como es propio de la Iglesia a lo largo de su historia, es cierto que no hay que coartar el soplo del Espíritu Santo, para guiar al Pueblo de Dios hacia donde Dios quiere.
La historia es dinámica y no estática y cerrada, por lo tanto precisa de respuestas según el momento en que se encuentre, al igual que el lugar, las circunstancias, la cultura y las necesidades exigen en un tratamiento si no distinto si acondicionado.
El Papa en la catequesis pasada, del 16 de octubre de 2019, trató el tema de Pedro y la efusión del Espíritu sobre los paganos (Hechos 10,34-36), dijo:
Pedro tiene una visión que actúa como una “provocación” divina, para provocar un cambio de mentalidad en él. El Señor quiere que Pedro ya no evalúe los acontecimientos y a las personas según las categorías de lo puro y lo impuro, sino que aprenda a ir más allá, a mirar a la persona y a las intenciones de su corazón. (…) Dios envía a Pedro a la casa de un desconocido incircunciso, Cornelio, “centurión de la cohorte Itálica, piadoso y temeroso de Dios”, que da muchas limosnas al pueblo y continuamente ora a Dios (cf. Hch 10,1-2), pero no era judío.(…) Este hecho extraordinario –es la primera vez que paso algo así- se viene a saber en Jerusalén, donde los hermanos, escandalizados por el comportamiento de Pedro, se lo reprochan duramente (cf. Hch 11,1-3). Pedro ha hecho algo que iba más allá de la costumbre, más allá de la ley, y por eso se lo reprochan. Pero después de su encuentro con Cornelio, Pedro está más libre de sí mismo y más en comunión con Dios y con los demás porque ha visto la voluntad de Dios en la acción del Espíritu Santo. (…) Pidamos hoy la gracia de dejarnos maravillar por las sorpresas de Dios, de no obstaculizar su creatividad, sino de reconocer y favorecer las formas siempre nuevas en que el Resucitado derrama su Espíritu en el mundo y atrae los corazones, dándose a conocer como ” el Señor de todos”. (Hechos 10.36).
Esto tiene a confirmar lo que dijera días antes: «El que se haya hecho antes así no quiere decir que no se pueda o deba hacer de otra forma». Más menos fueron esas sus palabras; lo cual viene a indicar que hay cosas susceptibles de modificar, según la creatividad del Espíritu de Dios.
Hablando de caso concretos que se están tocando en el Sínodo:
1.-El ordenar como sacerdotes a hombres casados, de edad avanzada, preferiblemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, de vida probada en coherencia con la fe, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana. Se plantea una excepción a la norma del celibato, calificado como “un don para la Iglesia”, en el que muchos ven la apertura de una rendija que puede terminar siendo un cambio de criterio para toda la Iglesia universal.
El celibato no es dogma de fe, que no siempre ha sido así; en el primer milenio no lo fue, y es más, el mismo Jesucristo eligió a uno de los suyos, al más, a Pedro, que era casado. No obstante, quienes escribimos esto estamos por el celibato, por varias razones… Pero dadas ciertas circunstancias y lugares concretos, por mor de una mejor pastoral y asistencia a la feligresita, y bajo condiciones estrictas, pudieran ser ordenamientos excepcionales de casados serían un beneficio para el Reino de Dios.
2.- En cuanto al diaconado femenino. Conocemos en las provincias de Castilla (en la tan otrora cristiana España) en las que no hay sacerdotes, y tienen que, dominicalmente, celebrarse la Palabra, en lugar de la Misa; piadosas mujeres ya mayores llevan a cabo esta misión… En fin, que hay asuntos que por el bien del Reino de Dios y de los fieles cristianos habían de ser tratados, y con urgencia, especialmente en lugares remotos donde no aparecen sacerdotes en mucho tiempo…, en algunas zonas apartadas, los sacerdotes apenas pueden llegar una vez al año, y siempre que cuenten con fondos para navegar a motor durante horas. Bien podrían ellas, monjas, bautizar, ser testigos de casamientos, celebrar un entierro, dirigir una liturgia de la palabra, bendecir (sacramentales) e incluso escuchar y bendecir confesiones donde se dé el sincero arrepentimiento con contrición, que reconcilia ya, antes del sacramento, y que luego, cuando lleguen el sacerdote lo lleve a cabo con la absolución; para que mientras puedan acceder a la comunión eucarística y recibir las gracias… Sobre todo en la hora de la muerte. Y, en general, ejercer las funciones de servicio propias del diaconado masculino. Aunque está complicado, pues diaconado es un ministerio y está vinculado al hombre. Es cierto que había una forma de diaconato femenino al principio, sobre todo en la Siria. En aquella zona, ayudaban en el bautismo… La forma de ordenación no era una fórmula sacramental. Era como lo que hoy es la bendición de una abadesa, una bendición especial del diaconato para las mujeres.
En este contexto, se plantea una excepción a la norma, calificado como “un don para la Iglesia”, en el que muchos ven la apertura de una rendija que puede terminar siendo un cambio de criterio para toda la Iglesia universal. Pero bien ser haría en promocionar y dar más espacio en la vida de la Iglesia al laicado femenino y no solo en las Caritas parroquiales); las mujeres católicas fieles son hoy día, en Occidente, un número mayor que los hombres, más comprometidas y valientes.
3.- Por supuesto que no a: que el respeto a las culturas y al hecho de la incardinación se desvirtué el mensaje cristocéntrico del evangelio, en un sincretismo pagano o pseudoreligiones ambientalistas-panteistas. Y por supuesto que no a: cualquier movimiento de aproximación de la ordenación de mujeres sacerdotisas o pastoras, como en el protestantismo. Y por supuesto que no a: convertir a la Iglesia en una ONGs o brazo político, principalmente la misión de la Iglesia es el anunció de la Buena Nueva de Cristo Salvador de todo mundo. Y por supuesto que no a: que vaya más allá del ámbito de las Amazonas, dada sus características especiales y excepcionales, de región muy extensa (7,8 millones de km²) y que abarca nueve países diferentes, poca población y dispersa. Y por supuesto que no a: un rito litúrgico distinto del que tiene la Iglesia, sino que la Iglesia ha recibido del Señor y los Apóstoles lo que es esencial de la Eucaristía y a lo largo de la historia, ese núcleo, lo esencial, ha continuado desarrollar con ritos complementarios; algunos símbolos o algunos rituales que no afectan lo esencial de la Eucaristía.
Por lo demás, queridos lectores, fieles creyentes, haya paz. La sangre no llegará al río, Se ha hablado confusamente en demasía, sin que sea para tanto. Hay mucho nerviosismo en estos tiempos, ¿Por qué será?