El 18 de julio de 1936 sucedió un hecho que después vendría a extraordinario.
En este día se desencadenó la guerra civil española. El ataque a la Iglesia católica, sin causa justificable, fue furibunda y cruel. De manera fulminante, todos los sacerdotes y religiosos fueron perseguidos a muerte. Fueron muchos los que en pocas fechas murieron, cerca de los 8.000. Uno de los que pudo poner pies en polvorosa y salvar la vida fue el párroco de un pueblo próximo a Madrid, Moraleja de de Enmedio. Lo sucedido fue lo siguiente: El alcalde local comunista -que tenía una cierta amistad con el cura, Clemente Díaz Arévalo – alertó a éste del peligro que corría… y que se pusiera a buen recaudo; de modo que se disfrazó y salió de toda prisa para evitar ser asesinado. Dos días antes, el 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, el párroco tras las celebración de la misa guardó en el sagrario las formas consagradas no comulgadas, 24 en total (de las que hoy día quedan 16). El día 18, con la precipitación de los acontecimientos, el sacerdote tan solo pudo disponer que las feligresas piadosas se encargan de su la custodia de las sagradas formas en su casas. Durante los tres años de la guerra el copón con la hostias fue pasando de casa en casa, ocultamente, y hasta ante el peligro de su descubrimiento, fueron enterradas. Con posteridad, al recuperarse el copón (que había perdido el recubrimiento de plata por la herrumbre), vieron con asombro que las hostias santas estaban intactas y permanecen en unas condiciones asombrosas pese a las altas temperaturas, a la humedad y al tiempo trascurrido. Tres Obispos, Mons. Leopoldo Eijo y Garay, Mons. Francisco Fernández Golfín y Mons. Joaquín María López de Andújar, han certificado personalmente la conservación de las Hostias, que permanecen con la misma textura y sabor como si se hubieran acabado de elaborar. En la actualidad se guardan en un copón de cristal que se conservan encima del Sagrario para que puedan ser contempladas y veneradas por todos los fieles. Los fieles cuentan milagros atribuidos a la presencia de la Eucaristía en el pueblo durante la guerra el hecho de que dos bombas que cayeron en el lugar no hubieran hecho explosión. Otros: como la curación inexplicable de un caso de cáncer; o la salvación de un bebé prematuro que tuvo que ser operado dentro de una incubadora y la de una niña que iba a nacer sin extremidades y llegó a la vida perfectamente. …… Para mayor información del prodigio pueden leer reportaje siguiente de Religionenlibertad:
¿Prodigio eucarístico en España? 16 hostias consagradas en 1936 siguen intactas 77 años despuésCuando el domingo 24 de noviembre de 2013 el obispo de Getafe tomó la comunión, dijo:“Certifico que la forma que he probado está como si estuviera recién hecha”. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo había acudido a decir misa de doce a la parroquia de San Millán, sita en lo alto de un promontorio de Moraleja de Enmedio, un pequeño municipio de unos 5.000 habitantes dependiente de su diócesis, en el sur de la Comunidad de Madrid. La iglesia estaba llena a rebosar. Las «autoridades» de los primeros bancos eran, como de costumbre, los niños. Se celebraba la festividad de Cristo Rey y la clausura del Año de la Fe inaugurado por Benedicto XVI. Además, los parroquianos querían asistir a la consagración del nuevo mármol del altar mayor y, sobre todo, a la exposición al culto público de su “Milagro eucarístico”. Por primera vez en todo este tiempo, éstas iban a pasar del copón pequeño que las guardaba a uno más grande, desde ese día expuesto en el templo, en un sagrario con una parte de cristal. «Hecho extraordinario» ¿Cuál es el papel que debe realizar la ciencia química y biológica? El prelado lo explica: “Con los debidos permisos, se hace un análisis químico en un laboratorio para comprobar que sigue siendo pan y, por lo tanto, se da la presencia real de Jesucristo, la presencia Eucarística; así se ha hecho, por ejemplo, con los Corporales de Daroca. »La biología nos podría aclarar si pudo haber algún factor bioquímico, alguna bacteria, que explicara la extraordinaria conservación. Pero consta que se han dado circunstancias climáticas adversas a las que han estado expuestas las formas y no se han corrompido”. A Religión en Libertad no le consta que se haya realizado todavía la investigación científica sobre las formas de Moraleja. Sí que existen, alrededor de estas formas, multitud de testimonios que apuntan al “prodigio”. Uno de ellos es el del propio obispo de Getafe: “Tanto mi predecesor, monseñor Pérez y Fernández-Golfín, primer obispo de la diócesis, como yo, hemos comprobado, consumiendo algunas formas, que siguen manteniendo las características propias (accidentes) de un pan elaborado recientemente. Bajo el signo de la persecución religiosa »Aquel sacerdote, que se llamaba Clemente Díaz Arévalo, volvió a la iglesia cuando alguien dio la orden de cerrarla. Temía que los bienes que allí se encontraban fueran objeto de profanación o sacrilegio. En el templo quedaron imágenes, retablos, vasos sagrados y ropas de culto. Pero don Clemente recogió el sagrario, donde tenía el Cuerpo de Cristo, y lo llevó consigo”.
En varios escondites Ocho días después se cambió el escondite y pasó a una bodega de la casa de Isabel Zazo, donde permaneció más de setenta días enterrado a 30 centímetros de profundidad. Por esas fechas el párroco don Clemente ya se hallaba escondido en el cercano monte de Batres, disfrazado de pastor. A finales de octubre las fuerzas republicanas ordenaron evacuar Moraleja; los vecinos obedecieron. Antes fueron a desenterrar el pequeño copón. Lo encontraron totalmente oxidado, el baño de plata había desaparecido debido a la acción de la humedad. Pero cuál fue su sorpresa al contemplar que las 24 formas estaban como recién hechas, en perfecto estado. El nuevo escondrijo fue el agujero de una viga del tejado, dentro de la misma casa. Los vecinos entonces abandonaron sus hogares y se retiraron a la finca El Ombú, situada próxima a un arroyo que pasa junto al pueblo. Con la llegada de las tropas nacionales a la zona, los moralejeños pudieron regresar a sus casas. En seguida entraron en la de Isabel Zazo. Una lámpara de aceite estaba volcada, había trapos cambiados de sitio… Pero el copón continuaba en su sitio con las 24 formas intactas. Estas fueron depositadas en otra habitación de la casa, donde algunas mujeresretomaron las guardias que también habían realizado en anteriores escondrijos. Quince días más tarde llegaron a Moraleja dos capellanes castrenses de un tercio de requetés (carlistas). Como de la iglesia sólo quedaban las paredes, se habilitó una escuela para decir la primera misa. Informados de la existencia de las formas, los dos sacerdotes las llevaron en procesión desde la casa hasta la escuela. Comulgaron con dos de ellas, manifestando su extrañeza de que pareciesen como nuevas a los cuatro meses de su consagración. Se quedaron con una tercera forma, razón por la que quedaron 21 de las 24 iniciales. La formas fueron devueltas a la casa también en procesión, y cuando la iglesia se reabrió al culto, se trasladaron en un acto solemne. En un copón lacrado Con el paso de los años, otras 5 fueron consumidas en la Comunión en diversas ocasiones especiales, por lo que hoy quedan 16. Respecto a las posibilidades naturales de que se hayan conservado incólumes, el párroco alega: “Es físicamente imposible. Las condiciones en la casa eran pésimas. Había mucha humedad y estaban sin protección. El copón no era hermético. Los techos eran de barro. En pocos meses, si hay humedad y cambios fuertes de temperatura, se pueden deshacer y enmohecer. Y en este pueblo se dan ambas circunstancias”. Durante estos 77 años los habitantes de Moraleja han mantenido una gran devoción por este posible prodigio. Aclara Jesús María: “Las gentes del pueblo creen que como ellos protegieron al Señor en el copón, el Señor les protegió a ellos”. Se refiere, por ejemplo, al día que escaparon a El Ombú: “Cuando se fueron a la finca cayeron dos bombas a los lados del pueblo, mientras marchaban, y ninguna de las dos bombas explotó. Y hubo otros hechos en que ellos vieron la protección de la Sagrada Forma”. Rezando por una bebé A la semana 14 empezó a sangrar y los médicos le ordenaron reposo. Así estuvo entre septiembre y noviembre, cuando se reincorporó a trabajar. Pero a los pocos días tuvo que volver al hospital. El 26 de diciembre de 2011, a las 24 semanas exactas de gestación, le indujeron el parto.Celia dio a luz a las dos niñas en lo que los médicos consideran el “límite mínimo” para que los bebés sean viables. Una de ellas, Vega, solo pesaba 700 gramos. Y la segunda, Blanca, 500 gramos. El 2 de enero de 2012 falleció Blanca. Y el 5 de enero Vega tuvo que ser operada del corazón dentro de la incubadora. El párroco Jesús María recuerda que los médicos ya pronosticaban, antes de su nacimiento, “que iba a salir pero que iba a morir”. Y con la operación “nadie daba un duro por ella”, remacha. Celia, la madre, recuerda: “Nunca me daban esperanzas pero tampoco me las quitaban”. Dice de aquellos días tan duros: “No quería pensar mucho. No quería ver a nadie ni hablar con nadie”. Entonces, declara el párroco de San Millán: “Estuvimos rezando ante el milagro eucarístico, y ofreciendo todos los días la Eucaristía”. Y Vega salió adelante. “Ahí está la niña, que está bien y no tiene ni siquiera secuelas”, dice Jesús María. Estado que confirma Celia: “No tiene ningún problema”. La profecía del párroco Parra Montes cuenta que “al morir puso una cara de felicidad enorme; le dijeron ¿qué ves? y dice: pues veo un milagro en la iglesia y gente peregrinando a ver el milagro. Luego, cuando supieron lo de las formas, mucha gente se acordó de este sacerdote». El párroco de San Millán nos indica que el nicho de García Trejo está en un muro exterior del templo y que la causa inmediata de su muerte fue una infección de muelas. Ningún moralejeño muerto por la guerra civil El obispo Joaquín María explica la importancia de este hecho en la vida del pueblo: “Los habitantes de Moraleja han asociado este hecho extraordinario a una protección especial del Señor durante la contienda civil y han transmitido de hijos a nietos que, por haber custodiado y protegido la Eucaristía durante los duros años de la Guerra, el Señor les protegió a ellos especialmente. »Recuerdan en este sentido que ninguno de los habitantes de Moraleja murió durante la guerra y que en varios de los bombardeos aéreos que se realizaron sobre la zona las bombas que cayeron en el pueblo nunca llegaron a explotar. No es posible humanamente demostrar la conexión entre la custodia de las Sagradas Formas, que permanecen incorruptas, y la ausencia de desgracias a los hijos del pueblo y al pueblo mismo durante la Guerra Civil, pero es incuestionable que ambos hechos coincidieron en el tiempo y en el espacio”.
Sea como fuere y a la espera del pronunciamiento oficial de la Iglesia, lo cierto es que hay signos de que la profecía del párroco Roberto García Trejo se está empezando a cumplir. Hasta ahora han acudido dos parroquias a lo alto del promontorio de Moraleja, una de Móstoles y otra de Villanueva de la Cañada. Y mucha gente está acercándose individualmente, sobre todo los domingos. |
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