Medjugorje, un lugar excepcional

 

Esta pequeño lugar de unos 3.500 habitantes, a los que se suman diariamente y de manera constante otros 20.000 peregrinos, se ha convertido por obra del Cielo en un santuario donde suceden cosas, y uno de los sitios más importantes de la tierra; sin duda, para los católicos, el más después del Vaticano.

El que más de tres millones de personas se acerquen hasta allí para pone de manifiesto su relevancia. Como el que nadie salga del lugar indiferente, el que se produzcan tantísimas conversiones, tantas vocaciones, tantas experiencias y muestras de fe…, en una ambiente lleno de misticismo; donde lo normal es creer públicamente, andar con símbolos religiosos o rezando por las calles, etc.

Además de esto, hay otras cosas que suceden que no se dan habitualmente ni mucho menos en esa cantidad en ninguna parte del planeta.

En medio de un rosario comunitario, adoración del Santísimo o aparición puede oírse de cuando en cuando, el grito desgarrador de un poseído, que ante la presencia del Espíritu de Cristo allí presente, en su comunidad eclesiástica, su Cuerpo místico, su prolongación, tal y como ocurría ante su presencia carnal hace 2000 años, los demonios ante su autoridad eran imposible resistirse y saltaba gritando ante Jesús. Eso mismo ocurre ahora, en Medjugorje.

Otro fenómeno que ocurre en esas mismas celebraciones es el «descanso espiritual»; son muchas estas manifestaciones, las cuales en el mundo occidental, racionalista, mundano…, no suceden; allí, ver a la gente caerse al suelo, es habitual y a nadie sorprende.

Algo más, hay un par de comunidades -femenina y masculina- llamadas «Cenáculo» (extendida ya a muchas ciudades del mundo, sumando unas 65), donde muchos jóvenes se recuperan de las drogas y otras adicciones. Son muchísimas ya las personas salvadas, desde que hace 30 años fueran creadas, empezando en Medjugorje, a iniciativa de la italiana madre Elvira.

Se puede acudir la comunidad Cenáculo y escuchar los testimonios de los jóvenes que allí se recuperar, por obra y gracia de Jesús. Hay muchachos que vienen de situaciones extremas, desesperadas: que vivían ya en parajes abandonados, huidos y expulsados de la sociedad, con la que estaban en deuda…; materialmente estaban en el arroyo (lavaban sus raídas ropas en riachuelos…); otro contó que, escapando por pies de un padre que con arma en mano le persiguió por la casa para matarle, llego hasta aquel lugar como único lugar en la tierra que le quedaba…; otro, que llegó incluso a robar a su madre enferma en el hospital a que llegó para arrebatarla la medalla que llevaba al cuello, y esto sin tener ningún remordimiento, tal era el grado de ofuscación y de la manera tal «naturalmente» egoísta de conducirse por la vida; etc.

 Estas y otras muchas cosas suceden en Medjugorje de forma habitual, y que todo el mundo aunque sea en sensaciones puntuales y en alguna medida ha podido vivir y experimentar secreta y personalmente. Nadie retorna a casa indiferente.

 

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