En su afán de acaparar todo el poder, especialmente el de imponer a las voluntades, el de adoctrinar y someter a los seres humanos, según su criterio, verdad y pretensión, no se parará en barras.
Todo aquello que le haga sombra en cuanto a forjar el pensar y sentir de las personas y la sociedad, serán eliminadas de cualquier tipo de influencia que puedan ejercer. Así la religión, la familia y la escuela (excepto la propia, claro) serán extinguidas.
Un campo concreto de esta intromisión invasiva, donde no dejar lugar o resquicio en que puede ejercerse la libertad que no sea la que el Estado confiere, sobre todo en el ámbito de modular el pensamiento, es el de la Educación.
A los colegios privados y especialmente los concertados, se les retirará cualquier tipo de subvención o ayuda. Y aunque supongan un bien objetivo y aun obtengan resultados satisfactorios y redunden en un beneficio, por su rentabilidad -como está comprobado- para la sociedad y el Estado, y cuyo rendimiento y reporte de lo invertido sea superior al de los otros colegios (públicos), no importa, no se tendrán en cuenta, y aunque le cueste al Estado un gasto superior, este preferirá un mayor gasto pero eliminar esos colegios que van por libre, con enseñanzas libres del adoctrinamiento estatal.
No se van a escatimar gastos con tal de conseguir os objetivos. Dándose incluso la paradoja, que si no hay recursos se recurre a la deuda, la cual ira a las espaldas de los mismos a los que se les trata de «hacer desaparecer» o privarles de su libertad. Es como si dijera, para mayor regodeo, abuso de poder y chulería: «con los impuestos que me pagas, presentes o futuros, te suplantaré». Así se las gasta un Estado cada vez más totalizador. Ríete del feudalismo medieval.