Lo explica Leonard Sax, médico de familia, psicólogo y autor de «El colapso de la autoridad»
A los problemas educativos específicos que plantea la vida moderna (escaso tiempo de convivencia padres-hijos, fractura familiar, pérdida del sentido de autoridad en la escuela) se han unido en los últimos años los derivados de la implantación de las redes sociales y las nuevas tecnologías como ámbito habitual de ocio para niños y adolescentes. En 2009, Leonard Sax intervino en Madrid en una conferencia en el Foro de la Nueva Sociedad, en defensa de la escuela diferenciada por sexos. La cobertura de los grandes medios sobre este informe se ha centrado en la necesidad de fomentar la inmigración a Estados Unidos desde países como India, China y Corea del Sur. No he visto que ninguna cobertura haya planteado, ni menos aún respondido, la cuestión de por qué los niños de origen estadounidense están ahora infrarrepresentados en las filas de la innovación. Este patrón no se limita a ganadores de concursos científicos. Ha habido un auténtico colapso de creatividad entre los niños de origen estadounidense. Los niños norteamericanos son ahora menos creativos y menos innovadores que los de hace solo veinte años. He sido médico en Estados Unidos desde hace más de treinta años. Hoy le oigo decir a menudo a los padres norteamericanos: “Yo solo quiero que mi hijo sea feliz”. Por desgracia, cuando dejas que los niños norteamericanos actuales hagan lo que les hace felices, lo más probable es que el resultado sea chicas adolescentes que dedican todo su tiempo a Instagram o Snapchat, y chicos adolescentes cuyos pasatiempos favoritos son los videojuegos y la pornografía. Como médico de familia, he visto de primera mano las consecuencias a largo plazo. Ese chico de 15 años parecía muy contento gastando su tiempo libre en lo que le apetecía. Pero 18 años más tarde, a la edad de 33, tiene una sensación creciente de que la vida debería ser algo más que videojuegos y masturbación. Vive en casa con sus padres trabajando a tiempo parcial en un empleo sin futuro. Y estalla de rabia, a menudo rabia contra sus propios padres, por razones que intenta expresar con palabras, palabras que podrían ser: ¿por qué no me educasteis para ser algo más que esto? Como padre, lucho diariamente contra la cultura del “Yo solo quiero que ella sea feliz”. Cada noche, le leo a mi hija de diez años de libros escritos por personas que murieron hace tiempo, intentando inculcar en ella el deseo de algo más sustancial y más duradero que Snapchat e Instagram. Me anima el ejemplo de otros padres que han tenido éxito en esta tarea. ¡Apaga las pantallas! No dejes que a tu hija o hijo le preocupe haberse perdido el último tuit o snap. Al contrario, coge a tu hijo y sal a dar un paseo al bosque, o id juntos a un concierto, o visita un museo. No persigas la felicidad como un fin en sí misma. Persigue el arte, la música, el conocimiento, o la visión de ese precioso jilguero de cuerpo amarillo que anida cerca de casa. Y enseña a tu hijo a actuar así. Verás que la felicidad llega, espontánea e inesperada. Y ¿quién sabe? Tu hijo podría incluso ganar un premio de ciencias. Traducción de Carmelo López-Arias. http://www.religionenlibertad.com/los-ninos-hoy-son-menos-creativos-menos-innovadores-que-hace-57347.htm |
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