Los dos señores, y el coronavirus

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Es algo sorprende lo que está ocurriendo con arreglo a las actitudes ante el coronavirus. Este virus está dejando al descubierto las costuras del alma humana.

El ser humano desarrapado, desprovisto de la devoción a Dios y por ende a todo lo que representa y significa, es decir, los valores del Reino de Dios que se traduce fundamentalmente en el amor, en la bondad, en las bienaventuranzas, en la santidad…, se ha decidido por hacer lo que le parece, según los intereses mas egoístas y desprovistos de toda humanidad.

Al igual que ha ocurrido y ocurre con el aborto, que al ser humano en general le parece traer sin cuidado el que mueran criaturitas inocentes, a cambio de tener una vida placentera y sin complicaciones (entre otras, la económica); lo mismo que va a ocurrir con la eutanasia, que a cambio de evitarse la preocupación, el esfuerzo y sacrificio del cuidado paliativo de ser mayor, y para el bien de la economía de todos -principalmente del Estado-, se elimina al anciano y asunto resuelto («satisfactoriamente»); en cuanto a esta enfermedad contagiosas globalizada o pandemia que estamos viviendo, la posibilidad de respuesta que se está abriendo paso -y parece ser la británica de Boris Johnson- es la de dejar de tomar medidas que perjudiquen a la economía aunque esto suponga un contagio generalizado y las posibles muertas que sobrevengan.

Está lógica que ahora nos parece tremenda es posible que si esto sigue así, derrumbando el bienestar de las sociedades opulentas, acabe por imponerse. Es decir, que lo importante acabará siendo -como ocurre en el aborto y la eutanasia venidera- el vivir bien de los que podamos que el bien vivir de todos. En fin, que al final se ve claro lo que el Señor dijera: «no podéis servir a dos señores…» (Mt 6, 24). O estamos con el Señor de la luz y el amor o estamos con el señor Príncipe de las tinieblas.

Estamos llegando a un punto culminante de la historia: o vivimos según la voluntad de Dios o según la del Malo; y no cabe las medias tintas, la tibieza, pues esta trae consecuencias trágicas; es decir, que no hay un campo intermedio en la raya entre el bien y el mal, sino que el que no se decanta por el bien, está con el mal (consolidando el aborto, la eutanasia, la enfermedad contagiosa).

Ya sé que esto suena tremendo; pero todo se andará… Desde que el ser humano salió del Paraíso no hay nada que lo detenga de hacer lo que le venga en gana. Al tiempo.

 

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