La reputación de la humildad

«El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Mateo 23,12).

*****

         Y de San Felipe Neri se sabe que:

           Decía que el orgullo era el peor pecado, y, para humillarse él, iba siempre vestido de cualquier manera, y a veces daba saltos y hacía piruetas en medio de la calle, sólo para que se rieran de él. Y aconsejaba a sus discípulos que lo hicieran también.

           —Cuando los hombres se ríen de nosotros —decía—, Dios nos mira con más amor.[1]

  ***** 

           De Santa Teresa:

           Nos cuenta su sobrina Beatriz, que estando en Alba, no podía llevar en paciencia que su tía fuera remendada.

            El caso es que yendo un día, a ver a la duquesa de Alba, «y yendo consigo esta testigo, que era seglar, se afectaba de ir con ella por verla tan remendada. Y la Madre se reía mucho de ver cómo se afrentaba la sobrina en su compañía».[2]          

*****

           El pupilo de un Maestro que aspiraba a las más altas cotas de la espirtualidad, le formuló la siguiente pregunta:

           —Maestro, ¿qué he de hacer para alcanzar la santidad?

           No obstuvo una respuesta precisa, sino que le dijo:

           —Coge la ropa más vieja y raída que tengas por casa; descálzate también. Y después sal a la calle, vete a una esquina o la puerta de una iglesia y ponte allí a pedir. Luego vuelve.

           No volvió.

…..

            Decía el Señor al Beato Susón:

           «Nadie puede llegar a las sublimes alturas de la divinidad ni gustar su extraordinaria dulzura si antes no ha pasado por la contemplación de la amargura y bajeza de mi humanidad. Sin eso, cuanto más uno se remonte, más abajo cae. Mi humanidad es el camino que ha de seguir quien desea llegar a los que tú buscas»[3].

 *****

«Este despojamiento de sí comporta varias categorías y dimensiones. El objetivo final es una santa indiferencia. (…) El vacío es uno de los aspectos de la kénosis. Es una lucha constante contra la propia imaginación, las ilusiones, los proyectos, los deseos, etc. Santa Teresa del Niño Jesús pone un ejemplo que se asemeja mucho a la concepción rusa; dice: “Soy como una pelota. Me tiráis a un rincón. Y es posible que me volváis a coger al cabo de diez años”.[4]

«La verdadero humilde ha de desear con verdad ser tenido en poco y perseguido y condenado sin culpa, aun en cosas graves.» (Santa Teresa de Jesús[5]).

«Gustad de ser ignorados y tenidos en nada. Después de haberlo dejado todo, es necesario dejarse, sobre todo, a sí mismo.» (Santa Tersa de Lisieux[6]).

 “Si eres humilde, nada te tocará, ni elogios ni vergüenzas, porque sabes lo que eres. Si te culpan, no te desanimarás. Si te llaman santo, no te pondrás en un pedestal.» (Santa Teresa de Calcuta).

 “No es la humildad el simple estimarnos miserables, porque basta la inteligencia para eso; es humildad querer y desear que nos miren y traten como tales”. (San Francisco que Sales[7]).

 “Si quieres ser humilde, ama las humillaciones” (San Bernardo[8]).

 “La humillación es el camino para llegar a la humildad.” Y exhorta: “Si quieres la humildad, no huyas del camino de las humillaciones” (San Bernardo[9]).

“Alegrarse de que los demás vean nuestras imperfecciones y nos desprecien” (San Vicente de Paúl[10]).          

 San Francisco de Sales se refiere a la alegría en las humillaciones cuando dice que hay que “amar el desprecio y mostrar contento cuando somos despreciados»[11].

“Quiero humillarme, quiero amar la humillación, la indiferencia por parte de mi prójimo respecto a mi persona” (San Juan XXIII[12]).

San Juan de la Cruz dice que las cosas santas de suyo humillan. Humillan está usado en sentido rigurosamente etimológico, antes que moral. Humillar viene de humus=tierra. Es decir, acercan a la tierra, hacen tocar tierra, nos retornan realistas y humildes, capacitándonos así para poder ver, reconocer, amar y compadecer a los demás. Quien ha estado en contacto con el Misterio se vuelve en este sentido humilde. Y a la inversa, quien no está cercano a la tierra, al prójimo, a su pobreza y necesidad, soledad o desamparo, es que no se ha acercado a las cosas santas. (Olegario Cardedal[13]).     

………………………………..

[1] CLARASÓ, N.:  Antología de anécdotas, Acervo, Barcelona, 1988, p. 292.

[2] RUIZ, A.: «Anécdotas teresianas», Ed. Monte Carmelo, Burgos, 1982, p.134.

[3] «Eterna Sabiduría», c. 2. En ARINTERO, J. G.:  Cuestiones místicas, BAC, Madrid, 1956, p.237.

[4] HUECK, C., Pustinia, Narcea, Madrid, 1980. p.119.

[5] Camino de Perfección, Ed. de Espiritualidad, Madrid, 1971, p.112..

[6] Manuscritos 5,17.5.

[7] «La vida espiritual«, Madrid, 1977, p.391.

[8] «Epist.» LXXXVII ad Ogerium can., p.393.

[9] «Epist.» LXXXVII ad Ogerium can., p.394.

[10] ORCAJO, A. y PÉREZ FLORES, M., San Vicente de Paúl, II, La BAC, Madrid, 1981, p.141.

[11] Id.

[12] STA. M. MAGDALENA, G. DE,  Intimidad divina, Ed. El Monte Carmelo, Burgos, 1976 (6ª) , p. 349.

[13] “Gozo y realismo de la Navidad”: Alfa y Omega 240 (2000), p.7.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.