
No nos cabe duda -no decimos «la menor duda» por dejar un margen de error…- que el Anticristo está ya presente y operando en medio de nosotros, hasta que salga a la luz -para ser más preciso, «a la niebla», del mundo actual- con toda potencia o -por mejor decir- prepotencia.
Todo aquel que actúa contra el Reinado de Cristo, se convierte en un anticristo. Es decir hasta cualquier de nosotros cuando pecando actuamos contra Dios.
También es un momento histórico, su espíritu del tiempo, la mundanidad que niega a Cristo y combate su Evangelio. «Todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del Anticristo.» (Jn 4, 3).
Y también es, será la persona demoniaca del final de los tiempos, que perseguirá a muerte a todo lo que tenga que ver con Cristo, a su Iglesia, a los cristianos, la Eucaristía, los templos, las cruces, las imágenes, etc.
Pues bien, es justamente a este sujeto de carne y hueso al que hacemos referencia en este artículo. Que sería en definitiva la primera bestia del libro del Apocalipsis. Criatura humana al servicio de Satanás.
Para que esta figura sea aceptada y acogida con todos los parabienes que le catapulten a la cima del poder, han de darse algunas circunstancias precisas: 1º. que el mundo lo necesite, reclame una figura salvadora y que la estructura del orden mundial lo haga posible; lo cual se da en este momento actual e inmediatamente por venir: es decir, una situación de espanto caótico y autoritarismo político-estatal. Y 2º. que mentalmente, culturalmente, espiritualmente, se dé lo que el papa emérito Benedicto XVI decía recientemente: se está formulando «un credo anticristiano» con el «poder espiritual del Anticristo».
Muchos pequeños anticristos han forjado y forjan el contexto propicio, para que se manifieste «el Hombre impío, el Hijo de la iniquidad», el «inicuo», que decía san Pablo (2 Tes 2,3-10). Tal y como dice san Juan, «muchos anticristos han aparecido,
por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora» (1 Jn 2,18), en la que aparecerá el Anticristo.
Cuando estos condicionantes se den como se están dando en los momentos presentes aparecerá en la escena mundial el Anticristo. Que vendrá a poner orden en el estado de cosas desastroso en que se encontrará la humanidad; de modo que se le abrirán todas las puertas y acceso al poder. Decía santo Tomás de Aquino: La potentia saecularis, el poder mundano sería el verdadero instrumento del Anticristo, que es por esencia alguien dotado de poder. De un poder descomunal, como lo habían tenido ninguno de los «pequeños antecristos» que han actuado hasta el momento contra Cristo y su Cuerpo Místico, como profetizó Daniel (7,7): «Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos»; contaba con todo el poder absoluto, representado en los diez cuernos; los diez cuernos que también nombra san Juan en el Apocalipsis: «Apocalipsis (13, 1): «Y vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos».
El venerable arzobispo Fulton J. Sheen en un sermón de radio de 1947 describió al Anticristo como un «Gran Humanitario» que «hablará de paz, prosperidad y abundancia». Como hijo del padre de la mentira, con todo su aparente amor por la humanidad, la libertad e igualdad, engañará incluso a los elegidos, y a los que no, les acabará persiguiendo a muerte.
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