La oración, la mejor elección

«Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán«

El Evangelio del 6 de octubre, de según san Lucas 10,38-42, que pueden leer más abajo, venía a decir:

La hermana mayor estaba agobiada trajinando de allá para acá en los preparativos de la comida que iban a servir a tan apreciada y querida visita, Jesús, maestro (y al que ya consideraban el Mesías, por el trato de Señor) y amigo de Lázaro y su familia. Marta en un momento dado, viéndose sola y a María (Magdalena), su hermana, que se hallaba sentada a los pies de Jesús, escuchándole embobada, se dirigió al Señor y le pidió que dijera a María que le echara una mano en los preparativos de la mesa.

Entonces Jesús, el Señor, repuso asentado una verdad a tener en gran consideración: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán«

Es decir, la actividad (y actividad servicial, incluso) no es tan importante como la contemplación, la oración, la escucha de la Palabra.

El Señor, Dios, no solo dice que está preocupada en exceso en el empeño de servirle, de prepara la mesa, algo tal importante para agasajar hospitalariamente al visitante, como se hacía en la cultura hebraica, sino que además añade que su hermana ha escogido lo opción más importante, y tan es así, que para remachar, añade «y no se la quinarán» (y hasta en plural, como asentando que ni ahora ni nunca ni nadie). Es una afirmación a la que Jesús la ha rubricado, sellándola.

Después de esto, ¿qué cabe decir?, sólo asentir y tomar plenamente conciencia de lo que supone la oración, sobre todo la oración contemplativa. Nos tenemos que volcar en ella, y dedicarla tiempo, aunque sea a costa de dejar algunas ocupaciones a un lado.

¿Y el compromiso, la acción servicial, el prójimo, el testimonio…? A ello conducirá lo anterior, pero lo primero es estar a los pies del Señor, plenificándose de Vida (y una vez con las pilas cargadas) llevarlo a la vida activa, a la práctica amorosa de cada día.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán

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