La importancia del noviazgo

pixabay

Aunque se podría reducir a los prolegómenos de este “salir juntos”, pues ya en el noviazgo se da un compromiso, que aunque no sea definitivo, traba una relación -y sobre todo si se ha dado el primer beso- que como un lazo luego cuesta romper sin dejar la huella de una decepción y ruptura de haber dejado algo de sí mismo; lo cual resulta doloroso y a veces difícil de tomar esa decisión valiente.

Por lo tanto, en los primeros pasos y antes de este estado de noviazgo -y no digamos ya el del matrimonio-, es recomendable tener en cuenta de manera concluyente dos cosas fundamentales para seguir adelante o no con una relación.

Esto a tener seriamente en cuenta son:

Si la persona con la que te vas vincular, que por su aspecto exterior de agrada o atrae, es cómo es:

  1. a) Si la persona es justa, respetuosa, cordial, amable, educada, comprensiva, tolerante, bondadosa, tierna, atenta, compasiva, generosa… etc. Si no lo es con los demás, sobre todo con los más débiles, tampoco lo será luego contigo.
  2. b) Si la persona es creyente -y si lo eres tú-; pues la fe es un hecho fundamental en la vida de una persona, y no hay nada más triste y penoso de llevar que compartir la vida con alguien que no comparte creencias. Se puede renunciar a muchas cosas, pero no a la fe. Se puede discrepar en pareceres y gustos, claro, y se puede renunciar -y hasta es muy sano- y ceder en ver tal o cual programa televisivo, en tal o cual plato de comida, en tal o cual tipo de coche, etc.; pero no se puede renunciar a lo que es más importante que uno mismo: la fe. Y aunque explícitamente no se exija tal renuncia es tristísimo ir solo/a a misa, no rezar con la otra persona con la que compartes vida, la educación de los hijos, etc.

Aunque parezca elemental, mucha gente no recapacita en ello, en lo que se juega, y acaba por no tenerlo en cuenta. De ahí tanta rupturas a posteriori o tantas vidas complicadas que tiran adelante a costa de un alto precio, por tener que sufrir lo insufrible o por tener que prácticamente renunciar a lo más fundamental, su fe.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA