«Cuando más grande seas, más te has de abajar / y hallarás gracia delante del Señor.» (Eclo 3,18).
*****
El que fuera de cuna noble y mano derecha del emperador Carlos V, Francisco de Borja, siendo ya general —el tercero— de la Compañía de Jesús, salía, en Roma, a barrer la calle, a partir leña y a otras faenas que pudiera hacer un esclavo. Un día fue a verlo el grande Ruy Gómez, privado del rey Felipe II y lo encontró barriendo. Francisco le dijo:
—Esperad a que acabe de barrer lo que el hermano, a quien acabo de obedecer, me ha señalado.
Asombrado de oír esto exclamó el valido: «Trocaría la parte de cetro que dirija su mano por la escoba que empuñaba la de Francisco».[1]
..ooOoo..
Decía Santa Teresa que vale más recoger del suelo una pajita por obediencia que ayunar porque queremos dos o tres semanas. San Felipe Neri respondió a uno que se le acercó para pedirle permiso a fin de disciplinarse: «¿Y qué pueden hacer las pobres espaldas cuando está la soberbia en la cabeza?»[2]
Muchas veces anhelamos el martirio y luego no somos capaces del menor sacrificio.
*****
La humildad es, en efecto, la primera condición para ser gratos a los ojos de Dios. Tenemos que hacernos pequeños ante El, para que El nos engrandezca.
“Los instrumentos de Dios son siempre los humildes.” (San Juan Crisóstomo).
“La humildad es refiere a la reverencia con que el hombre debe someterse a Dios” (Santo Tomás de Aquino[3]).
En la humildad se hace presente la gracia, es decir, el dinamismo de la voluntad de Dios, que actúa allí donde se le deja; la humildad es la que posibilita tal cosa. Lo demás es desestimable.
«Dios me permite existir fuera de él. Soy yo quien ha de rechazar esa autorización.
La humildad es la negativa a existir fuera de Dios. La reina de las virtudes.»[4]
«El mundo no valora ni comprende el poder de la humildad, pero nosotros sí, porque fue lo que Jesús usó para salvarnos.» “Las almas humildes saben que su vida depende de Dios y saben qué valorar: cosas que duran y no pasan. Valoran al Señor sobre cualquier otra cosa». “Si eres humilde, nada te tocará, ni elogios ni vergüenzas, porque sabes lo que eres. Si te culpan, no te desanimarás. Si te llaman santo, no te pondrás en un pedestal.» (Santa Teresa de Calcuta).
“Fue el orgullo lo que convirtió a los ángeles en demonios; es la humildad lo que hace a los hombres como ángeles» (San Agustín).
«Considerar cómo Jesucristo nos enseña a ser humildes, haciéndonos ver que nuestra virtud no depende sólo de nuestro esfuerzo sino de la gracia de Dios. El ordena a cada fiel que ora, que lo haga universalmente por toda la tierra. Porque no dice `Que tu voluntad se haga´ en mí o en vosotros `sino en toda la tierra´: para que el error sea desterrado de ella, que la verdad reine en ella, que el vicio sea destruido en ella, que al virtud vuelva a florecer en ella y que la tierra ya no sea diferente del cielo» (San Juan Crisóstomo[5]). (Catecismo de la Iglesia Católica[6]).
……………………………………………..
[1] Cf. CÁNOVAS, L., Las 1000 mejores anécdotas humorísticas, De Vecchi, Barcelona, 1972, p.86.
[2] SALES, L.: «La vida espiritual», Madrid, 1977, p.365
[3] S. Th., 2-2, q. 161, a. 3.
[4] WEIL, S., La gravedad y la gracia, Trotta, Madrid, 1994, p.87.
[5] hom. in Mt 19,5.
[6] CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA, 1992, n. 2825.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

