La fiebre anticatólica de Podemos.

 

La fiebre anticatólica de Podemos.

Sienten una inquina corajuda y ancestral contra la Iglesia católica, que les viene de hace dos siglos, por allá el XIX, con la masonería de los afrancesados. Y la Iglesia y los católicos, acogotados, callan y callan, como ausentes, como para no molestar, pero alejándose del debate público, haciendo dejación de la influencia portadora de valores que modela la sensibilidad de la sociedad.

El secretario de organización de Podemos, Pablo Echenique, volvió a cuestionar que Televisión Española retransmita las Misas dominicales. El dirigente de la formación morada entiende, por ello, que la retransmisión de la misa «no es un problema de libertad de expresión porque si alguien la quiere ver lo puede hacer». Para Podemos, una televisión pública no es el lugar para «emitir opiniones más propias de la edad media, que van a contracorriente con la evolución de la Iglesia». En este sentido, mencionó al papa Francisco e invitó a los obispos españoles a replantarse algunas cosas y adaptarse a los tiempos, a esta sociedad moderna y tolerante.

Por lo que se ve, no has asistido a ninguna misa en tu vida, por lo que no sabes de qué hablas, ni has leído ninguna homilía o catequesis del papa Francisco. La ignorancia es muy osada, algo propio de los políticos que se creen con derecho a meterse en todo y a opinar de todo. No pisan una iglesia, pero parecen que conocen lo que se dicen en ellas, no ha estado en santa Marta, pero conoce las prédicas del papa. Por parte de los progres cristianofobos este es un soniquete recurrente, el de utilizar el argumento del papa Francisco contra la propia Iglesia.

Me da a mí que todo esto no es más que un intento de hacerse notar, hablar por no callar, por armar bulla para salir en los  medios; también porque les ha picado la respuesta de las audiencias matutinas de la retrasmisión televisiva de la misa de los domingos, que como si de un plebiscito se tratara a pronunciando una sentencia que les ha molestado en gordo, y por último, porque sienten una inquina corajuda y ancestral contra la Iglesia católica, que les viene de hace dos siglos, por allá el XIX, con la masonería de los afrancesados.

Ah, y ojalá en los sermones se hablará realmente de la actualidad, y no me refiero al lenguaje de la edad media, sino a que, por temor a no molestar o a ser políticamente incorrectos, los sacerdotes prácticamente en su totalidad, excepto honrosas excepciones, callan lo que en la vida real está pasando, a la luz del evangelio, claro. Existe el dicho de que las homilías deberían realizarse teniendo en una mano el periódico y en otra el evangelio. Pero, yo que asisto diariamente a ellas, me parece que nos sacerdotes no se leen las agencias de prensa. Lamentablemente.

Miguel Morales

 


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