No apartes nunca los ojos de la luz de Jesús. ¡Abrámonos a la luz de Jesús! Él es amor, Él es vida sin fin.
No apartes nunca los ojos de la luz de Jesús. ¡Abrámonos a la luz de Jesús! Él es amor, Él es vida sin fin.
Vivir según la voluntad de Dios, y no la sangre, es lo que hace ser familiar de Jesús. El Evangelio de la liturgia de hoy (Mc 3,31-35) menciona el termino hermano relacionado con Jesús. Como en paralelos (Lc 8,19-21) y (Mt 13,55-56), y en otro texto de Marcos (6,1-3):
Durante la liturgia de la misas de esta primera semana del año se lee parte de la primera carta de Juan. Se centra principalmente en el tema de nuestra filiación divina y del amor fraterno derivado de esa afiliación. A diferencia de la de Jesucristo con el Padre que es una afiliación por naturaleza, la nuestra lo por «adopción».
El Evangelio (Mt 8,5-11) de la liturgia de hoy, 1 de diciembre, nos relata el milagro de curación que Jesús realiza a un criado enfermo gravemente, por la intercesión de su señor, un extranjero, un oficial romano, al que sirve.
Dios se hace invisible en cada ser humano, pero especialmente en aquellos que son humildes y pequeños. “El más próximo” de los hermanos es el desvalido, el marginado, el descartado… viene a ser el Cristo, “la imagen del Dios invisible”, pues Dios se identifica con él (Mt 25,40).
