Categoría: PEQUEÑOS-HUMILDES

San Benito José Labre, 16 de abril

En este santo se ve palmariamente lo que Dios es capaz de hacer con la persona que se presta a su santificación, sea de la condición y las circunstancias que sean.

Dios puede hacer santo a cualquier, véase: a delincuentes, como el «Buen Ladrón» san Dimás; a golferas, como San Agustín o San Juan de Dios; a personas de inteligencia obtusa, como san José de Cupertino, san Diego de Alcalá …, y —en el caso que nos ocupa y que celebramos hoy su santidad— a personas con no buena salud psíquica, san Benito José Labre.

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Si alguno quiere ser el primero, que sea el último y el servidor de todos

 

Hoy, 4 de marzo, en el Evangelio (Mt 20,17-28) Jesús habla abiertamente de la gravedad de lo que le esperaba…, y cuando los discípulos se disputaban apegados a la lógica del mundo quien era el más importante entre ellos, Jesús le rompe los esquemas y les dice que los más grandes en el Reino de los cielos son los que se ponen al servicio de los demás, los humildes, los que no ambicionan puestos mundanos destacados…

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Revelación a la gente sencilla

Dios revela su saber al corazón silencioso que escucha humilde. No de forma audible y en elevados conceptos; sino que le conduce a un íntimo y secreto saber, de amistad, que sucede sin que el pequeño incluso sea consciente de ello. Es un contemplativo, que no lo sabe que lo es. Dios está tan cerca de él que el mismo, por estar envuelto en su presencia, ni lo capta intelectualmente (cuya capacidad conceptual puede ser limitada y hasta simplista). Pero es guiado, llevado, cuidado por Dios, como a un niño frágil, al que Dios protege como un padre a su hijito.

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Dios invisibilizado

Dios se hace invisible en cada ser humano, pero especialmente en aquellos que son humildes y pequeños. “El más próximo” de los hermanos es el desvalido, el marginado, el descartado… viene a ser el Cristo, “la imagen del Dios invisible”, pues Dios se identifica con él (Mt 25,40).

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