Revelación a los sencillos y pequeños

Dios revela su saber al corazón silencioso que escucha humilde. No de forma audible y en elevados conceptos; sino que le conduce a un íntimo y secreto saber, de confianza y amistad, que sucede sin que el pequeño incluso sea consciente de ello.  Es un contemplativo, que no lo sabe que lo es. Dios está tan cerca de él que él mismo, por estar envuelto en su presencia, ni lo capta intelectualmente (cuya capacidad conceptual puede ser limitada y hasta simplista). Pero es guiado, llevado, cuidado por Dios, como a un niño frágil, al que Dios protege como un padre a su hijito querido. «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis!»

«Jesús alaba al Padre porque favorece a los pequeños. Es lo que Él mismo experimenta predicando en los pueblos: los “sabios” y los “inteligentes” permanecen desconfiados y cerrados, hacen cálculos; mientras que los “pequeños” se abren y acogen el mensaje. Esto solo puede ser voluntad del Padre, y Jesús se alegra. También nosotros debemos alegrarnos y alabar a Dios porque las personas humildes y sencillas acogen el Evangelio. Yo me alegro cuando veo esta gente sencilla, esta gente humilde que va en peregrinación, que va a rezar, que canta, que alaba, gente a la cual quizá le faltan muchas cosas pero la humildad les lleva a alabar a Dios. En el futuro del mundo y en las esperanzas de la Iglesia están siempre los “pequeños”: aquellos que no se consideran mejores que los otros, que son conscientes de los propios límites y de los propios pecados, que no quieren dominar sobre los otros, que, en Dios Padre, se reconocen todos hermanos.» (Papa Francisco. Audiencia, 13 enero 2021).

El evangelio de la misa de hoy, 3 de diciembre, según san Lucas (10,21-24):

En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Jesús exultante de alegría y gratitud, y como Hijo que conoce al Padre, nos da a conocer que los misterios de Dios han sido revelados a la gente sencilla. Sí, así, porque al Padre le ha parecido bien.

Y Jesús, el Hijo, es el indicado para dar a conocer «esas cosas» —cómo es Dios—, encomendándonos que seamos, como Él es, mansos y humildes de corazón.

Estas son las almas de la predilección del Señor, que gozan del «saber» -sabor- secreto de las cosas de su Reino, a veces, sin que  ellas  mismas lo sepan; solo que las viven, las sienten, las disfrutan, es la gracia del reinado de Dios operando en ellas. Son almas envueltas en esa atmosfera amable, de calma, mansedumbre, suavidad, humildad, sencillez, inocencia, candidez, benevolencia, disponibilidad…

….

Los pequeños, que parecen no saber nada, que pasan inadvertidos, sin hacer ruido, están en posesión de los secretos del Reino. Dios en su magna voluntad ha querido que fueran estos y no otros… ¡Ay de los sabios, ay de esos ricos intelectuales. Qué difícil lo tienen! La ciencia hincha, y esa hinchazón no deja espacio para Dios. 

Aquellas almas pequeñas a las que se revelan los secretos del reino no son precisamente las que conocen la ley, los enciclopedistas de la «teología», la ciencia de Dios. Así ocurre siempre. El error básico es el de los suficientes y entendidos, el de los fariseos: la seguridad de ser los únicos portadores y destinatarios del reino de Dios.

Y es más «estos sabios» (sabiondos) hacen de su saber un dique a la irrupción libre e inesperada de la Sabiduría de Dios, de su Palabra reveladora, de su Espíritu. Revelación que queda reservada para los pobres desprovistos de atuendo mental, a los descomplicados, pequeños y sencillos; las almas cándidas gozan del este privilegio de la revelación de los secretos del reino. Esta es la autentica revolución del evangelio, que escapa a todo intento de manipulación.

 

 …oo0oo…

Catena Aurea

 

Teofilato

Así como un buen padre se alegra de ver bien dirigidos los hijos, así se regocija Cristo porque los apóstoles se han hecho dignos de tantos bienes. Por lo que sigue: «En aquella misma hora», etc.
 

San Cirilo

Vio la adquisición de muchos (o la sumisión de muchos a la fe) por la operación del Espíritu que había dado a los santos apóstoles. Por eso dice que se alegró en el Espíritu Santo; esto es, en los efectos que provienen del Espíritu Santo. Como amante de los hombres, consideraba como motivo de alegría la conversión de los pecadores, y de ella da gracias; por lo que sigue: «Confieso delante de ti, Padre».
 

Beda

La confesión no siempre significa penitencia, sino también acción de gracias, como leemos muchas veces en los Salmos.
 

San Cirilo

He aquí -dicen aquellos cuyos corazones están pervertidos o que tienen instinto perverso- que el Hijo da gracias al Padre como menor. ¿Pero qué impide que el Hijo, siendo consustancial al Padre, alabe a su Progenitor, que ha salvado al mundo por su mediación? Y si crees, porque le da gracias, que el Hijo es menor, observa que le llama su Padre y Señor del cielo y de la tierra.
 

Tito Bostrense

Todo lo demás fue creado de la nada por Cristo; pero sólo El es engendrado incomprensiblemente por el Padre, quien es Padre de solo el Unigénito como verdadero Hijo, por lo que sólo al Padre dice: «Confieso a ti, Señor Padre», esto es, te glorifico. Y no te admire que el Hijo glorifique al Padre, como las cosas que fueron hechas y los ángeles son gloria del Creador; mas como estas cosas son muy pequeñas respecto de la grandeza de El, sólo el Hijo (porque como Dios es igual al Padre) glorifica perfectamente al Padre.
 

San Atanasio

Además vemos al Salvador manifestarse muchas veces como hombre, porque la divinidad unió a sí la humanidad; no desconozcas, sin embargo, a Dios por el régimen del cuerpo. Mas ¿qué responden los que quieren que haya subsistencia del mal, formándose un Dios diferente del verdadero Padre de Cristo? Dicen que es ingénito, creador del mal, príncipe de la injusticia y fabricador de la máquina del mundo. Pero dice el Señor, aprobando la palabra de Moisés: «Confieso a ti, Padre, Señor del cielo y de la tierra».
 

San Epifanio

El Evangelio que escribió Marción, decía: «Te repito las gracias, Señor del cielo», callando lo que se dice: «y de la tierra», y lo que sigue: «Padre», para que no se entienda que Cristo llama Padre al Creador del cielo y de la tierra.
 

San Ambrosio

Finalmente, descubre el celestial misterio, por el cual plugo a Dios revelar su gracia a los pequeños, más bien que a los prudentes de este mundo. Por lo que sigue: «Porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos».
 

Teofilato

Puede referirse esto de los sabios a los fariseos y a los escribas que eran los intérpretes de la ley; y lo de los prudentes, a aquellos que eran instruidos por los escribas. Así sabio se llama al que enseña y prudente al que aprende. El Señor llama párvulos a sus discípulos, porque los eligió, no de entre los doctores de la ley, sino de entre la plebe y los pescadores; los cuales se llaman párvulos, porque no son malévolos.
 

San Ambrosio

O por párvulos debemos entender aquí el que no sabe ensalzarse, ni aparentar la habilidad de su prudencia con palabras rebuscadas, como hacen la mayor parte de los fariseos.
 

Beda

Da, pues, gracias de haber revelado los misterios de su advenimiento a los apóstoles, como párvulos, mientras que los escribas y fariseos, que se creían sabios y se miraban como prudentes, los ignoraron.
 

Teofilato

Quedan ocultos los misterios para aquellos que se creen sabios y no lo son; porque, si lo fuesen, también se les descubrirían.
 

Beda

A los sabios y a los prudentes no les opuso ignorantes e imbéciles, sino párvulos (esto es, humildes), para demostrar que condenaba la vanidad, no la penetración.
 

Orígenes

El sentimiento de lo que falta se hace preparación de la perfección que sobreviene. Pues todo el que no conoce que carece del verdadero bien y se satisface con apariencias, se priva del bien verdadero.
 

Crisóstomo in Mat. hom. 39

No se alegra y da gracias porque ocultaba los misterios a los escribas y fariseos (esto en verdad no era motivo de alegría, sino de tristeza); sino que da gracias porque los pequeños conocieron lo que los sabios habían ignorado. Por esto da gracias al Padre, con quien hace El esto a la vez, demostrando la excesiva caridad con que nos amó. Manifiesta también a continuación que la causa de esto es su voluntad y la del Padre, quien hacía todo esto por voluntad propia. Prosigue: «Así es, Padre, porque así ha sido de tu agrado».
 

San Gregorio in Moral. 25. cap. 13

En estas palabras nos da ejemplo admirable de humildad, para que no presumamos censurar temerariamente los eternos decretos acerca de la vocación de unos y de la repulsión de otros, pues no puede considerarse como injusto lo que agrada al justo. Así, pues, en todas las cosas que se ejecutan exteriormente, la causa de la razón manifiesta es la justicia de la voluntad oculta.
 

Crisóstomo, hom. 39, in Matth

Después de haber dicho: «Yo te doy gracias, porque revelaste estas cosas a los pequeñuelos», para que no se creyese que Cristo, privado de esta virtud, no podría hacer esto, añadió: «Todas las cosas me son entregadas por mi Padre».
 

San Atanasio

No entendiendo bien esto los sectarios de Arrio, deliran contra el Señor, diciendo: Si se le han dado todas las cosas (esto es, el dominio de las criaturas), hubo un tiempo en que no las tenía, y así no es consustancial al Padre. Porque, si lo fuese, no hubiera necesitado recibir; pero de esto resultaría más patente su demencia. En efecto, si antes de recibirlas no tenía criaturas el Verbo, ¿cómo se salvará aquella sentencia: «Todas las cosas subsisten en El» ( Col 1,17). Además, si le fueron dadas todas las criaturas al mismo tiempo que fueron creadas, no había necesidad de dárselas, porque «por El fueron hechas todas» ( Jn 7). No se trata aquí, como ellos piensan, del dominio de las criaturas, sino más bien de la obra de la encarnación, porque, después que el hombre pecó, se trastornaron todas las cosas, y el Verbo se hizo carne para restaurarlas todas. Luego le fueron dadas todas las cosas, no porque careciese de poder, sino para que, como Salvador, las enmiende todas; para que así como por el Verbo todo fue creado en el principio, así el Verbo, hecho carne, lo restaure todo en El.
 

Beda

O dice que le han sido entregadas todas las cosas, es decir, no los elementos del mundo, sino aquellos párvulos a quienes el Padre reveló por el Espíritu los misterios del Hijo y de la salvación, de los cuales se regocijó al hablar aquí.
 

San Ambrosio

O cuando lees: «Todas las cosas», lo reconoces omnipotente, no menor al Padre; y cuando lees «dadas», confiesas al Hijo, a quien pertenecen todas las cosas por derecho de su naturaleza consustancial, no por donación o gracia.
 

San Cirilo, in Thesauro

Después de haber dicho que el Padre le había dado todas las cosas, se eleva a su propia gloria y excelencia, demostrando que el Padre no lo supera en nada; por lo que añade: «Y ninguno conoce quién es el Hijo sino el Padre», etc. La capacidad de la criatura no puede comprender el modo de la sustancia divina, que supera a toda inteligencia, ni su hermosura, que está sobre toda concepción; pero la naturaleza divina conoce en sí misma lo que es. Y así el Padre, por lo que es, conoce al Hijo; y el Hijo, por lo que es, conoce al Padre, sin que intervenga diferencia alguna en cuanto a la naturaleza de la divinidad. Nosotros creemos que es Dios; mas lo que es en su naturaleza es incomprensible. Si, pues, el Hijo es creado, ¿cómo El sólo conocería al Padre?; o ¿cómo sólo lo conocería el Padre? Porque conocer la naturaleza divina es imposible a toda criatura; pero conocer la naturaleza de las cosas creadas, (cómo son) no excede los límites de la sana inteligencia, aun cuando supere a la nuestra.
 

San Atanasio

Habiendo dicho esto el Señor, ya no cabe duda alguna que los arrianos se le oponen cuando dicen que el Hijo no ve al Padre. Pero se demuestra la demencia de ellos cuando dicen que el Verbo no se conoce a sí mismo, siendo así que da conocimiento a todos de quién es El y quién es el Padre. Prosigue, pues: «Y aquel a quien lo quisiere revelar el Hijo».
 

Tito Bostrense

Revelación es la comunicación de una noticia, según la proporción de la naturaleza y virtudes de cada uno. Donde la naturaleza es semejante, allí hay conocimiento sin enseñanza; pero aquí abajo la enseñanza es por revelación.
 

Orígenes

Como Verbo quiere revelar, no sin razón y con justicia, que conoce dignamente el tiempo de revelar y la medida de la revelación. Revela, removiendo el velo puesto al corazón (2Cor 3) y las tinieblas que lo ocultan ( Sal 17). Mas como los disidentes piensan establecer de esto su dogma impío, a saber, que el Padre de Jesús era desconocido a los santos antiguos, debe decírseles que estas palabras: «Y aquel a quien lo quisiere revelar el Hijo», no sólo se refieren al tiempo posterior a aquél en que el Salvador dijo esto, sino también al tiempo pasado. Y si no quieren admitir el pretérito del verbo revelar, debe decírseles que conocer no es lo mismo que creer; a unos se les da por el Espíritu la ciencia, a otros la fe en el mismo Espíritu ( 1Cor 12,8-9). Eran, pues, primero creyentes, no conocedores.
 

San Ambrosio

Para que sepas que así como el Hijo revela al Padre a quienes quiere, también el Padre revela el Hijo a quienes le place. Oye al Señor que dice: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Juan, porque la carne y la sangre no te ha revelado eso, sino mi Padre que está en los cielos ( Mt 16,17)».

 

Teofilato

Así como un buen padre se alegra de ver bien dirigidos los hijos, así se regocija Cristo porque los apóstoles se han hecho dignos de tantos bienes. Por lo que sigue: «En aquella misma hora», etc.
 

San Cirilo

Vio la adquisición de muchos (o la sumisión de muchos a la fe) por la operación del Espíritu que había dado a los santos apóstoles. Por eso dice que se alegró en el Espíritu Santo; esto es, en los efectos que provienen del Espíritu Santo. Como amante de los hombres, consideraba como motivo de alegría la conversión de los pecadores, y de ella da gracias; por lo que sigue: «Confieso delante de ti, Padre».
 

Beda

La confesión no siempre significa penitencia, sino también acción de gracias, como leemos muchas veces en los Salmos.
 

San Cirilo

He aquí -dicen aquellos cuyos corazones están pervertidos o que tienen instinto perverso- que el Hijo da gracias al Padre como menor. ¿Pero qué impide que el Hijo, siendo consustancial al Padre, alabe a su Progenitor, que ha salvado al mundo por su mediación? Y si crees, porque le da gracias, que el Hijo es menor, observa que le llama su Padre y Señor del cielo y de la tierra.
 

Tito Bostrense

Todo lo demás fue creado de la nada por Cristo; pero sólo El es engendrado incomprensiblemente por el Padre, quien es Padre de solo el Unigénito como verdadero Hijo, por lo que sólo al Padre dice: «Confieso a ti, Señor Padre», esto es, te glorifico. Y no te admire que el Hijo glorifique al Padre, como las cosas que fueron hechas y los ángeles son gloria del Creador; mas como estas cosas son muy pequeñas respecto de la grandeza de El, sólo el Hijo (porque como Dios es igual al Padre) glorifica perfectamente al Padre.
 

San Atanasio

Además vemos al Salvador manifestarse muchas veces como hombre, porque la divinidad unió a sí la humanidad; no desconozcas, sin embargo, a Dios por el régimen del cuerpo. Mas ¿qué responden los que quieren que haya subsistencia del mal, formándose un Dios diferente del verdadero Padre de Cristo? Dicen que es ingénito, creador del mal, príncipe de la injusticia y fabricador de la máquina del mundo. Pero dice el Señor, aprobando la palabra de Moisés: «Confieso a ti, Padre, Señor del cielo y de la tierra».
 

San Epifanio

El Evangelio que escribió Marción, decía: «Te repito las gracias, Señor del cielo», callando lo que se dice: «y de la tierra», y lo que sigue: «Padre», para que no se entienda que Cristo llama Padre al Creador del cielo y de la tierra.
 

San Ambrosio

Finalmente, descubre el celestial misterio, por el cual plugo a Dios revelar su gracia a los pequeños, más bien que a los prudentes de este mundo. Por lo que sigue: «Porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos».
 

Teofilato

Puede referirse esto de los sabios a los fariseos y a los escribas que eran los intérpretes de la ley; y lo de los prudentes, a aquellos que eran instruidos por los escribas. Así sabio se llama al que enseña y prudente al que aprende. El Señor llama párvulos a sus discípulos, porque los eligió, no de entre los doctores de la ley, sino de entre la plebe y los pescadores; los cuales se llaman párvulos, porque no son malévolos.
 

San Ambrosio

O por párvulos debemos entender aquí el que no sabe ensalzarse, ni aparentar la habilidad de su prudencia con palabras rebuscadas, como hacen la mayor parte de los fariseos.
 

Beda

Da, pues, gracias de haber revelado los misterios de su advenimiento a los apóstoles, como párvulos, mientras que los escribas y fariseos, que se creían sabios y se miraban como prudentes, los ignoraron.
 

Teofilato

Quedan ocultos los misterios para aquellos que se creen sabios y no lo son; porque, si lo fuesen, también se les descubrirían.
 

Beda

A los sabios y a los prudentes no les opuso ignorantes e imbéciles, sino párvulos (esto es, humildes), para demostrar que condenaba la vanidad, no la penetración.
 

Orígenes

El sentimiento de lo que falta se hace preparación de la perfección que sobreviene. Pues todo el que no conoce que carece del verdadero bien y se satisface con apariencias, se priva del bien verdadero.
 

Crisóstomo in Mat. hom. 39

No se alegra y da gracias porque ocultaba los misterios a los escribas y fariseos (esto en verdad no era motivo de alegría, sino de tristeza); sino que da gracias porque los pequeños conocieron lo que los sabios habían ignorado. Por esto da gracias al Padre, con quien hace El esto a la vez, demostrando la excesiva caridad con que nos amó. Manifiesta también a continuación que la causa de esto es su voluntad y la del Padre, quien hacía todo esto por voluntad propia. Prosigue: «Así es, Padre, porque así ha sido de tu agrado».
 

San Gregorio in Moral. 25. cap. 13

En estas palabras nos da ejemplo admirable de humildad, para que no presumamos censurar temerariamente los eternos decretos acerca de la vocación de unos y de la repulsión de otros, pues no puede considerarse como injusto lo que agrada al justo. Así, pues, en todas las cosas que se ejecutan exteriormente, la causa de la razón manifiesta es la justicia de la voluntad oculta.
 

Crisóstomo, hom. 39, in Matth

Después de haber dicho: «Yo te doy gracias, porque revelaste estas cosas a los pequeñuelos», para que no se creyese que Cristo, privado de esta virtud, no podría hacer esto, añadió: «Todas las cosas me son entregadas por mi Padre».
 

San Atanasio

No entendiendo bien esto los sectarios de Arrio, deliran contra el Señor, diciendo: Si se le han dado todas las cosas (esto es, el dominio de las criaturas), hubo un tiempo en que no las tenía, y así no es consustancial al Padre. Porque, si lo fuese, no hubiera necesitado recibir; pero de esto resultaría más patente su demencia. En efecto, si antes de recibirlas no tenía criaturas el Verbo, ¿cómo se salvará aquella sentencia: «Todas las cosas subsisten en El» ( Col 1,17). Además, si le fueron dadas todas las criaturas al mismo tiempo que fueron creadas, no había necesidad de dárselas, porque «por El fueron hechas todas» ( Jn 7). No se trata aquí, como ellos piensan, del dominio de las criaturas, sino más bien de la obra de la encarnación, porque, después que el hombre pecó, se trastornaron todas las cosas, y el Verbo se hizo carne para restaurarlas todas. Luego le fueron dadas todas las cosas, no porque careciese de poder, sino para que, como Salvador, las enmiende todas; para que así como por el Verbo todo fue creado en el principio, así el Verbo, hecho carne, lo restaure todo en El.
 

Beda

O dice que le han sido entregadas todas las cosas, es decir, no los elementos del mundo, sino aquellos párvulos a quienes el Padre reveló por el Espíritu los misterios del Hijo y de la salvación, de los cuales se regocijó al hablar aquí.
 

San Ambrosio

O cuando lees: «Todas las cosas», lo reconoces omnipotente, no menor al Padre; y cuando lees «dadas», confiesas al Hijo, a quien pertenecen todas las cosas por derecho de su naturaleza consustancial, no por donación o gracia.
 

San Cirilo, in Thesauro

Después de haber dicho que el Padre le había dado todas las cosas, se eleva a su propia gloria y excelencia, demostrando que el Padre no lo supera en nada; por lo que añade: «Y ninguno conoce quién es el Hijo sino el Padre», etc. La capacidad de la criatura no puede comprender el modo de la sustancia divina, que supera a toda inteligencia, ni su hermosura, que está sobre toda concepción; pero la naturaleza divina conoce en sí misma lo que es. Y así el Padre, por lo que es, conoce al Hijo; y el Hijo, por lo que es, conoce al Padre, sin que intervenga diferencia alguna en cuanto a la naturaleza de la divinidad. Nosotros creemos que es Dios; mas lo que es en su naturaleza es incomprensible. Si, pues, el Hijo es creado, ¿cómo El sólo conocería al Padre?; o ¿cómo sólo lo conocería el Padre? Porque conocer la naturaleza divina es imposible a toda criatura; pero conocer la naturaleza de las cosas creadas, (cómo son) no excede los límites de la sana inteligencia, aun cuando supere a la nuestra.
 

San Atanasio

Habiendo dicho esto el Señor, ya no cabe duda alguna que los arrianos se le oponen cuando dicen que el Hijo no ve al Padre. Pero se demuestra la demencia de ellos cuando dicen que el Verbo no se conoce a sí mismo, siendo así que da conocimiento a todos de quién es El y quién es el Padre. Prosigue, pues: «Y aquel a quien lo quisiere revelar el Hijo».
 

Tito Bostrense

Revelación es la comunicación de una noticia, según la proporción de la naturaleza y virtudes de cada uno. Donde la naturaleza es semejante, allí hay conocimiento sin enseñanza; pero aquí abajo la enseñanza es por revelación.
 

Orígenes

Como Verbo quiere revelar, no sin razón y con justicia, que conoce dignamente el tiempo de revelar y la medida de la revelación. Revela, removiendo el velo puesto al corazón (2Cor 3) y las tinieblas que lo ocultan ( Sal 17). Mas como los disidentes piensan establecer de esto su dogma impío, a saber, que el Padre de Jesús era desconocido a los santos antiguos, debe decírseles que estas palabras: «Y aquel a quien lo quisiere revelar el Hijo», no sólo se refieren al tiempo posterior a aquél en que el Salvador dijo esto, sino también al tiempo pasado. Y si no quieren admitir el pretérito del verbo revelar, debe decírseles que conocer no es lo mismo que creer; a unos se les da por el Espíritu la ciencia, a otros la fe en el mismo Espíritu ( 1Cor 12,8-9). Eran, pues, primero creyentes, no conocedores.
 

San Ambrosio

Para que sepas que así como el Hijo revela al Padre a quienes quiere, también el Padre revela el Hijo a quienes le place. Oye al Señor que dice: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Juan, porque la carne y la sangre no te ha revelado eso, sino mi Padre que está en los cielos ( Mt 16,17)».

 

ACTUALIDAD CATÓLICA