Carlos Astiz publicó un libro sobre este multimillonario y su proyecto para el futuro
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Necesitamos de Dios. Y no ya por la fragilidad de la vida humana, experimentada en momentos de pandemias, o la conocida expresión de desespero de «sólo un Dios nos puede salvar» de Martin Heidegger en 1966, que pronunciara ante lo dantesco del siglo XX, con sus horrorosas de las guerras mundiales consecuencias de un hombre convertido en alimaña, y que «dejado de la mano de Dios», y el destino amenazador de la potencia tecnología, sería capaz de destruir el mundo entero; sino —y principalmente— por la responsabilidad del quehacer(se) cotidiano de cada uno de nosotros, en que nos jugamos algo muy importante: nuestro destino definitivo, la condenación o salvación eternas.
El progresismo, a la postre, no es otra cosa sino una expresión devaluada del Espíritu del Mundo hegeliano, una impugnación ful de Dios que se cree con derecho a reconfigurar la realidad.
