No esperemos fenómenos especiales, evidencias físicas, acciones extraordinarias a ojos vista, hechos tocables y mensurales que confirmen nuestra comunión con el Espíritu Santo. No, no hay apariencias ni aconteceres externos de ese tipo. Dios actúa sutil, imperceptiblemente, desapercibidamente entre los quehaceres del día a día, sin traspasar el ámbito de la fe, pero realmente y verdaderamente. Su actuar se «perderá» si no se le acepta y permite expresarse en nosotros y a través de nosotros, si no nos dejamos hacer, mover a su son, según su voluntad. Todo ocurre en el silencio del corazón, que es donde suceden los grandes milagros. Pero, a consecuencia esta su presencia, hay «signos perceptibles» para el ojo de la fe.
Categoría: ESPIRITUALIDAD
La espiritualidad cristiana y las «nuevas espiritualidades»
La espiritualidad cristiana y las «nuevas espiritualidades»![]() Esta semana deseo comentar un tema que está alcanzando una notable actualidad en nuestra sociedad y que también tiene repercusiones en nuestra vida eclesial. De hecho algunas personas me han hecho llegar sus dudas e incertidumbres y considero una obligación mía, como pastor de la diócesis, ofrecer a todos los católicos una palabra de discernimiento y unos criterios que les permitan emitir un juicio de valor. El fenómeno al que me refiero es la proliferación de «nuevas espiritualidades» o «espiritualidades alternativas». Aunque pueda parecer paradójico, resulta lógico que en nuestra sociedad secularizada, externamente caracterizada por la increencia y la indiferencia ante el hecho religioso, surja en muchas personas el anhelo de una experiencia espiritual que aporte sentido y calor a su existencia. Es comprensible, dado el estilo de vida dominado por el estrés, la competitividad, el hastío, el anonimato, la soledad… Y dada también la dimensión espiritual, reconocida o no, de los seres humanos. Por eso muchos recurren a métodos como el yoga o el zen, procedentes del hinduismo o del budismo, de la sabiduría oriental y vinculados frecuentemente al movimiento denominado «New Age», Nueva Era, que en sus diversas manifestaciones es también un «conjunto de creencias y prácticas místico-esotéricas, que se ofrece como una experiencia espiritual consoladora y benéfica para los insatisfechos ante el materialismo y el racionalismo deshumanizante del mundo occidental». No podemos condenar ni minusvalorar el ansia de espiritualidad, que brota de lo más íntimo de las personas; muestra además la insuficiencia de un modelo cultural y social dominado por el racionalismo, la técnica y el consumo, que muchas veces anulan la dimensión transcendente del ser humano. También en encuentros de oración o talleres de meditación, ofrecidos en centros católicos o en grupos eclesiales, se recurre al yoga o al zen. Puede suceder que bajo un ropaje cristiano se oculte una espiritualidad no cristiana, que pretende ir más allá de las religiones, también de la religión cristiana; y en el mejor de los casos se puede prestar a confusión. La espiritualidad cristiana tiene unas características que deben ser diferenciadas, vividas y conservadas con claridad. Determinadas prácticas corporales pueden ayudar a la oración. Pero no pueden oscurecer lo peculiar de la oración cristiana, que es, en palabras del Papa Francisco cuando la diferencia de otras prácticas «pseudoreligiosas», la oración «en serio», «la oración de adoración al Padre, de alabanza a la Trinidad, la oración de agradecimiento, también la oración de pedir cosas al Señor, pero la oración desde el corazón». La «nueva espiritualidad» es usada frecuentemente como una terapia para solucionar el malestar sicológico o emocional y para lograr la serenidad, y la paz interior. Para ello intenta ampliar la propia conciencia aspirando a la fusión con la divinidad, con la naturaleza o la energía cósmica, en el fondo con algo impersonal. Ello normalmente provoca el encerrarse en uno mismo y el alejamiento de los demás. De este modo se difumina la conciencia, la libertad, la responsabilidad y la capacidad de amar. Es la «espiritualidad del espejo», de la que también nos advierte el Papa, por la que uno se mira y se ilumina a sí mismo, pudiendo quedarse en su propio bienestar y armonía interior. La espiritualidad cristiana, por el contrario, vive de una relación personal con Alguien que, por propia iniciativa, nos ha amado el primero. Esta relación se vive siempre en el seno de la Iglesia y se abre con generosidad a las necesidades de los demás. Las dos últimas solemnidades litúrgicas nos lo muestran con claridad. En la fiesta de la Santísima Trinidad, como os decía hace un par de semanas, celebramos un Dios vivo que se dirige a nosotros de modo personal como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un Dios con rostro y con nombre. El domingo pasado celebrábamos el día del Corpus Christi, fiesta de la Eucaristía, que hace presente al Jesús muerto y resucitado por nosotros, y que a la vez nos abre al encuentro con el hermano necesitado. El cristiano reza como un hijo que se dirige confiado al Padre que es tierno y misericordioso; se siente unido a Jesús en su mediación sacerdotal; se sabe movido por el Espíritu Santo y se siente empujado a celebrarlo con los otros, con la Iglesia, en la liturgia y en el amor «de obras y de verdad». Ese es el tesoro que permanentemente debemos cuidar y profundizar. Las comunidades cristianas, y cada uno de nosotros, deberíamos desarrollar más la práctica de la oración, desde la tradición espiritual y mística cristiana. A ello os animo gustosamente, pues, como dice el Papa Francisco, «una sesión de yoga jamás podrá enseñar a un corazón a “sentir” la paternidad de Dios ni un curso de espiritualidad zen lo volverá más libre para amar». + Fidel Herráez, arzobispo de Burgos |
La pequeñez es la vía para entender y encontrar a Dios
La pequeñez es la vía para entender y encontrar a Dios«Dios se ha enamorado de nuestra pequeñez, y por eso nos ha elegido. Él elige a los pequeños, no a los grandes» “No somos nosotros los que le hemos elegido a Él”, sino que ha sido Dios quien se ha hecho “prisionero de nosotros”. Seguir leyendo «La pequeñez es la vía para entender y encontrar a Dios» |
Llamados a la santidad
El Papa: ‘todos debemos santificarnos en nuestra vida cotidiana’
“Que el Señor nos dé la esperanza de ser santos”. Este fue el deseo del papa Francisco en la audiencia de este miércoles, y explicó que la santificación en la vida cotidiana es un objetivo de todos los cristianos.
“Su existencia nos asegura que la vida cristiana no es un ideal inalcanzable, sino posible con la gracia de Dios”, dijo el Santo Padre. Seguir leyendo «Llamados a la santidad»
El Corpus Christi
Solemnidad del Corpus Christi![]() Día de la celebración de la fe en Cristo presente la Eucaristía. Pilar que sostiene todo. Ya, dependiendo de lugar, la Santa Misa, tradicionales procesiones y bendiciones con el Santísimo Sacramento se celebrarán el jueves o domingo siguiente a la celebración de la Santísima Trinidad. Según informó en su momento el portavoz de la Santa Sede, Greg Burke, el Santo Padre decidió trasladar la celebración litúrgica del Corpus Christi, que se celebra hoy, jueves 15 de junio, al domingo 18 de junio a fin de fomentar una mayor participación del Pueblo de Dios, de los sacerdotes y de los fieles de la Iglesia en Roma. La Iglesia celebra la Fiesta del Corpus Christi el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque ya son varios los países en los que las Iglesias locales deciden trasladarla para el sábado o domingo siguiente por una cuestión pastoral. |
Simone Weil, «La gravedad y la gracia»
SIMONE WEIL, «LA GRAVEDAD Y LA GRACIA»Fragmentos de «La gravedad y la gracia» (3/3) El sufrimiento y el goce como fuentes de saber. La serpiente ofreció el conocimiento a Adán y Eva. Las sirenas ofrecieron el conocimiento a Ulises. Estas historias ponen de manifiesto que el alma se pierde al buscar el conocimiento en el placer. ¿Por qué? El placer es quizá inocente, siempre que no se busque en él el conocimiento. A éste sólo está permitido buscarlo en el sufrimiento. Quien toma la espada, a espada morirá (Mt 26,52). Pero quien no tome la espada (o la suelte), morirá en la cruz. “Dios mío, Dios mí, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 26,52). Esa es la auténtica prueba de que el cristianismo es algo divino. Para ser justo, hay que estar desnudo y muerto. Sin imaginación. Por esa razón, el símbolo de la justicia debe estar desnudo y muerto. La única que no es susceptible de una imitación imaginaria es la cruz. Seguir leyendo «Simone Weil, «La gravedad y la gracia»» |






