
Nos hallamos inmersos en una atmosfera gris, tóxica… para el alma humana. Se quiera reconocer o no, lo cierto es que el ambiente se ha convertido en irrespirable para los pulmones del espíritu humano. Nos hallamos en un entorno social o contexto cultural mundanizado, que hace imposible el desarrollo de una sana sensibilidad espiritual y un engrandecimiento interior de las personas.




