
Esta es una verdad inamovible: una mujer encinta en su vientre lleva una vida humana. Esta es una verdad sagrada, irrevocable, sellada por Dios, un dogma de fe explicitado en la Visita de Virgen María a su pariente Isabel. Es palabra de divina.

Esta es una verdad inamovible: una mujer encinta en su vientre lleva una vida humana. Esta es una verdad sagrada, irrevocable, sellada por Dios, un dogma de fe explicitado en la Visita de Virgen María a su pariente Isabel. Es palabra de divina.
Seguir leyendo «El aborto es lo más anticristiano que hay» →

El evangelio, Marcos 10,28-31, de la liturgia del día de hoy, 30 de mayo, es la continuación del de ayer, en que, al joven rico cumplidor de la ley que le pidió consejo para lograr la perfección espiritual o santidad, Jesús le invitaba a desprenderse de todo y seguirle. El joven fue incapaz de dar ese paso, y ahora, en el evangelio de hoy, se los discípulos de Jesús, que sí dieron el paso de seguirle dejándolo todo.
Jesús, no obstante, nos dice que no temamos: no porque todo irá bien en el mundo, no, no por eso, sino porque para el Padre somos preciosos y nada de lo que es bueno se perderá.
Hoy celebramos la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los Cielos. Es el retorno del Hijo de Dios junto al Padre, incorporando la humanidad de su otra naturaleza adquirida al Encarnarse. Tras cumplir la misión encomendada por su Padre, vuelve a Él. «Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre», terminaba el evangelio de ayer (Jn 16,28).
El Evangelio de (Jn 6,22-29) de la liturgia de la misa del 24 de abril nos habla de cuáles son las obras que tenemos que realizar, que son voluntad de Dios; la primera obra y fundamental y de la que derivan todas las obras (o voluntad de Dios) es el creer en el enviado, en su Hijo, en Jesucristo.
Este es el título de una libro maravilloso del padre M.-D. Molinié, sacerdote católico, dominico, que recomiendo vivamente. Y que viene muy bien para comentar el contenido del evangelio del día 19 de abril (Jn 3,16-21), que hace referencia al empeño de Dios por salvarnos, mandándonos para ello incluso a su Hijo, y el peligro que corremos al rechazar ese amor y preferir las tinieblas, es decir, el riesgo cierto de condenarnos, de ir al infierno. Hay que tener el coraje de tener miedo de a ese riesgo, por parte de la confianza necesaria (imprescindible) por nuestra parte.
