El pecado original de la soberbia humana

A lo largo de la historia, hasta llegados los tiempos presentes, el ser humano ha respetado un orden establecido, una naturaleza, una ley natural, un sentido común o razón ética respetuosa con unos principios y valores universales. En cambio, en la actualidad esto parece haber desaparecido definitivamente.

Hoy día, cada cual hace lo que le viene en gana, es decir, a su antojo y según le plazca, sin sujetarse a ningún requisito o patrón que ajuste su conducta al bien y renunciando al mal. Ese orden tan primario o principio de comportamiento elemental ha desparecido. Y esto se ha extendido a todo estamento o actividad en que actúa este ser humano, venido a menos. Domina el principio de placer y goce como determinante de la conducta, sin importar lo que ello pueda suponer para el bien total de la persona.

Los parlamentos, la política, han ocupado el lugar de Dios; quieren comer la fruta prohibida del Paraíso. Y la consecuencia, ya se sabe, la expulsión del mismo… El laicismo quiere ser quien defina que es el bien y el mal, quiere entrar en la creación de Dios, e imponer, caprichosa y por consenso, la no existencia de la moral, un nihilismo, que elimina lo establecido por Dios en su creación, en la naturaleza, y dicen “no hay verdad, la ley natural no existe,…”

Y esto es un drama de magnitudes colosales. Algún día, cuando descubran las dimensiones de su error, su pecado, de su soberbia, se avergonzarán, pero lamentablemente será tarde…

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.