El odio a la fe cristiana es algo absolutamente globalizado. Es un hecho que se da en cualquier parte del mundo y que sobrepasa cualquier plan organizativo humano; sin duda que tiene que deberse a una fuerza sobrenatural, demoniaca. Las fuerzas inmundas, los demonios desatados, están operando con mayor poder que nunca en medio del mundo.
Las imágenes de las cruz arrancadas no son dos secuencias de la misma; una atenido lugar en España y la otra en China. No son las únicas, ya ha habido otras acciones de este tipo tanto en España como en China y en otras partes del mundo. Es una constante. Esta similitud de arrancamiento de cruces tienen un denominador común, en la China las ejecuta el comunismo chino y en España el social-comunismo gobernante.
El comunismo es una fuerza política dictatorial violenta, zarpa de la que se vale el enemigo de la fe en Cristo, para asolar la Tierra. El Cielo, a través de la Virgen María en Fátima, hace un siglo, ya lo advertía y nos ponía en guardia sobre el peligro de la extensión del comunismo en mundo.
El derribo de algunas cruces es casi anecdótico, lo importante es la realidad del simbolismo que encierra, y su propagación en otras formas de actuaciones de ataque y persecución al cristianismo que alcanza a toda la Tierra, en mayor o menor intensidad, es decir, en diversas maneras de extender y manifestar en odio a la fe cristiana.
La verdad del odio a la cruz, que no se soporte su presencia y que se quiera hacer desparecer de la visión pública, llega hasta manifestarse en el hecho de que en este caso del pueblo español, Aguilar de la Frontera (Córdoba), es que las monjitas del monasterio en cuya puerta estaba la cruz quisieron quedarse una vez arranca con ella, sin embargo, las talibanes autoridades comunistas se negaron a tal petición y la tiraron a un vertedero.
La persecución de lo cristiano en el mundo está alcanzando cotas alarmantes. Al menos, 340 millones de cristianos en todo el mundo; a los que habría de unir los del resto, pues de alguna manera, ya todo lo cristiano está siendo atacado y despreciado, en múltiples formas: desde pintadas o asaltos a iglesias, hasta declaraciones en las redes sociales, ofensas por las calles a quienes visten religiosamente, manifestaciones y representaciones blasfemas, etc.
Todo esto delante algo profundamente preocupante el tremendo e irrefrenable odio a Cristo por parte del poder de las tinieblas cada vez más presente en nuestras sociedades.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

