Nadie se quiere dar por enterado —o sí, pero no—; lo cierto es que el ser humano actual como persona no es mejor que el de años o siglos —muchos siglos— atrás. Decía un filósofo español —Emilio Lledó— ya hace unas décadas años que el hombre de ese momento —de la segunda mitad del siglo XX— no era mejor que el de la Grecia del siglo V a. C.
¿Qué diría del hombre del 2022? En estos 30 o 40 años últimos, el ser humano —no nos cabe la menor duda— viendo los datos y la manera de conducirse ha dado un salto hacia atrás como persona.
Estos son algunas cifras -de las muchas- que advierten de ese retroceso:
El número de delitos en todos los terrenos (sexuales, económicos, de violencia intrafamiliar y en general, etc.) han aumentado; cada año se incrementan las estadísticas con arreglo al año anterior.
Igualmente sucede en el consumo de todo tipo de adicciones: pornografía, drogas, ludopatías, enfermedades psíquicas, etc.
El grave deteriorado de la salud mental es también mayor y se han duplicado las urgencias psiquiátricas.
La moral y de respeto a la conciencia son inexistentes. El indeferentismo ante el bien y mal…
La desconsideración y la falta de respeto de los hijos por los padres o de los alumnos por los maestros, que raya más que en la mala educación en la violencia, se ve con absoluta normalidad.
El número de mujeres víctimas de violencia de género (v.g.: en España) aumentó un 3,2% en el año 2021, hasta 30.141. La tasa de víctimas de violencia de género fue de 1,4 por cada 1.000 mujeres de 14 y más años.
El número de suicidios (v.g.: en España) han aumentado un 7,4% en 2020 y se consolidan como la primera causa de muerte externa en España. En 2021, en número de muertos fueron 11 al día, un total de 4.000.
Y así podríamos enumerar un gran número de datos más que abundarían en dejarnos bien a las claras esta dolorosa evidencia: El mundo humanamente va a peor. Es un hecho.
Reflexiones:
Todo esto se oculta, se disimulan, no se habla, se premia el que se vacíen las cárceles o no se hagan atestados de denuncias, etc.
No se quiere reconocer la gravedad; por varias raciones, entre otras por tener que reconocer el fracaso de ese paradigma educacional, de cosmovisión, de implantaciones de ideologías inhumanas, etc. que habría que rectificar… Cosa esta imposible; pues sería reconocer que sus planteamientos vitales, filosóficos, ideológicos, políticos, etc., no valen y que hay que cambiarlos (o sea, tanto como decir a una persona con unas determinadas creencias políticas que no sirven, que son perjudiciales para la humanidad y que renunciar a ellas) ¿Esto sería posible? Nos tememos seriamente que no, ¡jamás! Dígale usted a un progresista socialcomunista que eso de la solidaridad y la distribución de bienes —compartirlos— con los más pobres y necesitados —en cualquier plano— está bien, es loable y causa noble por la que todos —especialmente los cristianos estamos—; ahora bien, dígale que esa visión antropológica del materialismo es contraproducente para el ser humano —para usted, para el pobre, para mi y para cualquiera…— y que por lo tanto ha de renunciar a esa parte de esa ideología que es perjudicial a la hora de forjar personas más elevadas… ¡Jamás, en su fanatismo ideológico, lo admitirán! (Ah, y para otras ideologías también hay lo suyo).
Pues es lo que hay. Y lo que depare el futuro es una inquietante incertidumbre. Pronto se verá; el tiempo presente va muy acelerado, y cuanto tenga que acontecer sucederá en esta generación, sin ir más lejos.
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