El ídolo Pachamama

Por si fuéramos pocos… Por si el Vaticano tuviera pocos problemas…, ahora ha tenido lugar lo de la Pachamama. Dios estás cosas de los ídolos lo ha llevado muy mal. Todo el Antiguo Testamento está atravesado por esa pugna por liberar al pueblo de Dios, por purificar la fe, por ser fiel a Yahvé y no contaminarse con los ídolos de los pueblos vecinos. Esa fidelidad a Jesucristo en los primeros siglos del cristianismo fueron causa de muchos mártires; así como estos últimos tiempos, desde hace un siglo las victimas por la causa del Señor Jesús han sido y son muchísimas en todas las partes del mundo.

El que en el mismísimo Vaticano se vean esas estatuas, se las hable, se las reverencie, etc., por mucho que se les quiera justificar con bellos argumentos solidarios, condescendientes, integradores… con otras culturas marginales, etc., y por fomentar la tan traída y llevada apertura a la sinodalidad; no es admisible esa idolización, en sí mismo, y porque nadie lo entiende, es decir, que choca y resulta escandaloso, y no hace ningún bien a los fieles creyentes, ni a los de aquí, Occidente, ni a los de Latinoamérica y Amazonía, donde si se predica a un Cristo difuso y confuso, vendrán los protestantes predicando un cristocentrismo exclusivo, como ya lo hicieran mientras la Iglesia católica «hacia política con teología de la liberación y labor social con las ONGs» aparcando en parte el mensaje de esperanza y redentor de los pecados de Cristo Resucitado.

Estas imágenes de adoración a los ídolos son una locura diabólica. Y no hay por donde tomarlo. ¿Cuál es el despiste de tanto error?

Una Iglesia con las puertas abiertas, universal, que acoja y de cabida a todos con su idiosincrasia y cultura, no quiere decir que renuncia a su esencia, a lo que la da identidad, para confundirse con algo que la paganiza. La Iglesia en su anuncio de Cristo ha de pedir, como lo hacía en sus orígenes, que rechacen la idolatría y todas sus expresiones.

Este cado de la Pachamama no es significativo, porque el verdadero peligro es la perversión espiritual de las psudorreligiones del Occidente, vanguardia que marca la línea del mundo, y al que se corre el riesgo de acomodarse. Este adaptarse al mundanidad para ser aceptado es el gran y tremendo peligro, al que ya avisaban los textos apocalípticos.

El Maligno cada vez actúa más y más en el epicentro de la Iglesia. Esto es grave grave.

¡A ver si en el Vaticano se ponen las pilas y andan más listos!  Recemos, recemos.

 

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