El estatismo se agiganta

Con el  pretexto de salvaguardar a la población de la pandemia del coronavirus, los Gobiernos de los Estados están acaparando poder, a la vez que recorta derechos y libertades a esa misma población de la que dice velar por su seguridad.

Este comportamiento de los Gobiernos de los Estados se acentúa de manera particular cuando su ideología política social-comunista como en España, o también Argentina… A este respecto se ha promulgado un Manifiesto, por la Fundación Internacional para la Libertad y firmado por 150 personalidades de 23 países, denuncia: “Esta crisis no debe ser enfrentada sacrificando los derechos y libertades que ha costado mucho conseguir”. «Mientras los empleados de la sanidad pública y privada combaten el coronavirus valerosamente, muchos gobiernos toman medidas que restringen indefinidamente libertades y derechos básicos. (…)  A ambos lados del Atlántico resurgen el estatismo, el intervencionismo y el populismo con un ímpetu que hace pensar en un cambio de modelo alejado de la democracia liberal y la economía de mercado «

El poder siempre está tentado de ampliarse. De modo, que en toda democracia ha de existir un grado de saludable desconfianza ante quien ostenta el poder. A lo largo de la historia ha habido sobradas muestras de adonde ha llevado la absolutización del poder; de ahí que cualquier estar en guardia no es solo necesario sino que se vuelve en una exigencia.

El coronavirus y sus consecuencias económicas que están por llegar dan alas a los gobiernos para imponer su voluntad sobre ciudadanos y empresas. A través de la estrategia del miedo y  de esgrimir el tan manoseado interés general, cabe hasta sobrepasarse en campos de los medios de comunicación, de la Justicia, de la economía -imponiendo impuestos… y/o seudonacionalizando empresas, entrando en su capital y mangoneando su corporativo -, de la Educación -expulsando de ella, por asfixia económica, a la privada y/o concertada-, de la cultura -protegiendo y subvencionando a los de su cuerda-, … y de cualquier sector social, incluso el religioso -fustigando al catolicismo y favoreciendo lo que le pueda perjudicar-.

En este momento histórico, cuando todo el mundo se encuentra atemorizado, y añora ser cuidado, adormecido, sedado.. se presta dócilmente a que el Estado se convierta en un monstruoso gigante a su costa, bajo apariencia paternal, que promete cuidar de todos y no dejar a nadie atrás.

 Si esta situación perdura y se agrava, lo sociopolítico lo puede inundar todo hasta llegar a extremos insospechados.  

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