Todas las proclamas revolucionarias, todas las promesas democráticas, palidecen ante la deslumbrante insolencia de esta paradoja que nos habla de un Dios loco de amor por sus criaturas; tan loco que, por recuperar su amistad, se hace como una de ellas.
La editorial Espuela de Plata ha tenido el acierto de reunir en un hermoso y accesible volumen titulado El espíritu de la Navidad las páginas que Gilbert K. Chesterton dedicó a celebrar esta fiesta en la que conmemoramos el trastorno del universo. Pincha aquí para comprar ahora El espíritu de la Navidad de Gilbert K. Chesterton. Chesterton sabía bien que escribía para una generación que, como la nuestra, estaba tan exhausta que ya ni siquiera podía abrazarse a algo tan tenaz como la tradición. Sabía que los hombres de nuestra época «van a la deriva, como un iceberg medio derretido que flota en aguas turbias sin saber por qué no encaja en su entorno». Y sabía, en fin, que esta sensación de derretimiento y deriva tenía mucho que ver con la pérdida del espíritu de la Navidad, que es rabiosamente carnal, pues no se expresa en proclamas espiritualistas, sino que se encarna en un niño, en un frágil y aterido niño que llora en mitad de la noche, refugiado en un pesebre. He aquí, a juicio de Chesterton, la emocionante paradoja sobre la que descansa la Navidad: «El poder y el centro del universo entero se pueden encontrar en algo aparentemente pequeño. (…) Y es extraordinario observar hasta qué punto este sentido de la paradoja del pesebre lo pierden los brillantes e ingeniosos teólogos y lo conservan los villancicos». Publicado en XLSemanal Fuente y texto completo: https://www.religionenlibertad.com/espiritu-navidad-61240.htm |
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