Cualquier solución que no pase por el dominio de sí, y aquí es muy importante la ayuda de la gracia, simplemente lleva al desastre y al aumento de la violencia sexual.
Cuando escribo estas líneas es el 25 de noviembre, el Día contra la Violencia de Género, Día que despierta en mí sentimientos contrapuestos, pues en algunas cosas estoy de acuerdo y en otras muchas no. Por supuesto, estoy de acuerdo en condenar el machismo, y con muchísima mayor razón los asesinatos y malos tratos que sufren muchas mujeres de manos de sus compañeros sentimentales, sean sus maridos, parejas de hecho o lo que sea. Pero, desgraciadamente, también hay varones víctimas de sus mujeres, en un número que, mientras se publicaron estadísticas -cosa que dejó de hacerse porque no eran políticamente correctas- rondaba el tercio del total. Y tampoco se incluye en esta violencia de género ni a los homosexuales ni a las lesbianas víctimas de sus compañeros o compañeras sentimentales, por lo que sería más adecuado que violencia de género llamarla violencia doméstica o simplemente violencia sexual. Y no olvidemos las otras víctimas, como los ancianos y niños. El error para mí consiste en ese empeño de dar educación sexual a base de ideología de género. En esta concepción se defiende que la sexualidad está al servicio del placer y no del amor, la absoluta libertad individual sin límites ni constricciones y la no distinción entre bien y mal. Cuando he visto por ejemplo que en mi tierra el gobierno regional se ha puesto como una pantera en apoyo de unas enseñantes que van por las escuelas, institutos y colegios diciendo a los padres que cuando van a entrar en la habitación de un hijo de once años se anuncien previamente para evitar violar la intimidad de su hijo, que puede estar masturbándose y viendo pornografía, porque si no lo hacen así, ello puede tener consecuencias negativas en la sexualidad de sus hijos. En pocas palabras, respetemos y por tanto fomentemos que nuestros chavales vean pornografía. Por cierto, esas clases son obligatorias, aunque la Constitución en su artículo 27-3 diga lo contrario, y es que para algo soy la autoridad. Pero si animamos a nuestros jóvenes a ver y consumir pornografía, fácilmente quedan enganchados y se da un efecto de adicción, que les lleva a buscar imágenes cada vez más duras, con una obsesión cada vez mayor en sus pensamientos y deseos sexuales, con lo que llega un momento que lo que se desea es poner en práctica los comportamientos vistos en la pornografía, que les lleva aberraciones sexuales y a una conducta cada vez más tiránica con su pareja. ¿O es que alguien puede creerse que los integrantes de las manadas que realizan abusos sexuales no llevan mucho tiempo viendo pornografía y no son adictos a ella? https://www.portaluz.org/el-dia-contra-la-violencia-de-genero-3556.htm |
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