El ayuno, su importancia y grandeza

El ayuno junto con la oración son dos potentes medios que Dios ha querido poner a disposición de los seres humano, como medios importantes y necesarios para llegar a la meta que ha querido para sus hijos: ser santos como Él lo es.

Para los escépticos éstas son dos realidades “tangibles”, se pueden experimentar y comprobar sus resultados, para ver que es así. Y para los creyentes, sabiendo que sin ellas difícilmente se puede seguir a Cristo, ahondar en su estima y practica.

A Jesús le reprochaban de que sus discípulos no ayunaban, y les contestó que ayunarían cuando Él se marchara: ¿Pueden acaso ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? (…)Ya llegará el momento en que les faltará el novio; entonces ayunarán” (Mc 2, 18-22).

Y ya lo creo que ayunaron: recorriéndose el mundo sin nada, al albur de la providencia divina. Este estar en manos de la Providencia y de depender de la caridad del prójimo es algo que se ha practicado de siempre entre la gente de fe más comprometida (San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Francisco Javier… y tantos santos y misioneros y gente de vida consagrada, ermitaños y ordenes religiosos que prescinden de rentas). Y amén de esta actitud extrema, existen grados de desprendimiento, de austeridad y de vivir en voto de pobreza, con lo mínimo imprescindible, y a veces hasta sin esto.

E igualmente existe el ayuno puntual, concreto de unos días determinados. Los que la Iglesia marca en la Cuaresma (el miércoles de ceniza y el viernes santo). Y también los que cada cual quiera imponerse (por un voto, por penitencia, por renuncia, por desapego, por autodisciplinarse, por domeñar un vicio o adquirir una virtud, por alejar al demonio…,  y otros por amor y obediencia a Dios, que como en el caso significativo Medjugorje: donde bastante gente ayuna a pan y agua los miércoles y viernes).

Si ustedes, estimados lectores, aprecian el ayuno y lo llevan a cabo por amor a la voluntad de Nuestro Señor, verán que notan en sus vidas los resultados y el bien que produce. Además, puede dedicar el ahorro económico en bien de los pobres. También es una forma de conseguir las gracias que Dios está dispuesto a derramar en aquellas personas anónimas necesitadas de un auxilio especial de ellas.

Dijo esta frase el papa Francisco: “El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre”.

Ah, y cuando se ayuna, además de ser práctico a nivel espiritual también lo es físicamente, en el cuerpo también produce un efecto beneficios no desestimable; por eso también, por salud, ayunemos de vez en cuando.

Para saber más de la importancia y grandeza esta realidad del ayuno, les invito a que lean estos artículos: aquí y aquí.

 

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