El aumento de la increencia

La increencia es un fenómeno específico de nuestro tiempo. Nunca como hasta ahora ha sucedido con la magnitud y rapidez con la que está aconteciendo en todo el mundo, con la excepción de África.

Una investigación revela que más de la mitad de los franceses no creen en Dios. A la pregunta ‘¿Crees en Dios?’, el 51% de los franceses respondió negativamente; cuando hace tan solo 10 años era el 44%. (Gaudium Press); algo parecido sucede en Inglaterra  donde la mayoría de la juventud dice no tener religión; en Alemania, en un estudio de esta semana se dice que un tan solo 12% de los alemanes considera que las religiones sean buena para la Humanidad; en Estados Unidos dos de cada tres abandonan su iglesia protestante al llegar a la mayoría de edad. Y otros países católicos como España, Italia, Irlanda o latinoamericanos se encuentran aquejados de un fenómeno parecido.

Y es preocupante. Lo es por cuanto significa. Creer o no creer en Dios, aunque a simple vista parezca que no, tiene consecuencias. Muchos de los que no creen piensan que Dios carece de importancia practica; es decir, que da igual que exista o no, pues es irrelevante en el sentido de que no incide o participa en la historia de la Humanidad.

Aunque esto no es del todo así, la gente de la increencia lo experimenta como si Dios hubiera sido un invento del pasado, una antigualla inútil y vacía de sentido. En ello los que decimos creer deberíamos intentar desmentirlo con palabras reales, es decir, con hechos y datos efectivos que evidenciaran la presencia verdadera de Dios en nuestras vidas, cómo se manifiesta en ellas y en qué las cambia el que ese Realidad Trascendente se experimentable personalmente en nuestra existencia. El que Dios exista o no, no da igual, no; el que Dios exista lo cambia todo, aunque se quiera ignorar que no cambia nada. Decía san Ireneo que para el que cree todo tiene un significado que le remite a Dios, todo le habla de El; y en cambio, para el que no cree, nada le dice nada.

No es lo mismo vivir enfocada la existencia sobre una materialidad finita que vivir con una espiritualidad abierta a la Trascendencia; no es lo mismo vivir en perspectiva de aquí y ahora que en la esperanza de una más allá; no es lo mismo vivir sin más, sin un sentido profundo y verdadero, producto del azar y la casualidad, que el ser causa del un amor divino de origen y vivir en una casa (la Tierra) creada por la mano paterno-maternal de quien es nuestro Creador que es Amor. No, no es lo mismo el que Dios esté presente en nuestras vidas o no; todo tiene otro color, y todo hasta los comportamientos y actitudes quedan afectados y modificados, la moral cambia, cambia la responsabilidad, el sentido de la dignidad, la motivación, la intensidad, la verdad…

El aumento de la increencia va a cambiar muchas cosas. En lo tocante a lo ético y a las consideraciones de la conciencia ya se están viendo: el trato de los hijos con los padres; el  planteamiento ante la ancianidad y el cuidado de los mayores, la eutanasia como respuesta; el egoísmo y la falta de escrúpulos; el aborto como solución a cargas; el incremento de los suicidios; dependencias de todo tipo… etc.

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