No ha habido santo que no haya tenido una excepcional consideración a la Eucaristía.
Del sacramento eucarístico se cuentan infinidad de hecho milagrosos, que revelan la real y eficaz Presencia, fuente de toda gracia.
Esta conmovedora anécdota es una hecho real, vivido por santa Teresa de Calcuta, que se asemeja a otro acaecido más recientemente, en 2019. Entonces fue con el cuerpo de Cristo, ahora con su sangre (la que contamos más abajo).
Ambos acontecimientos revelan la fervorosa fe de esas monjas que en actitud de total adoración ante la presencia de Dios caído en el suelo, se postran rindiéndole respeto y amor.
Saben muy bien ante Quien se arrodillan, sabe muy bien a Quien adoran. Y quieren afirmar la Presencia Real y Verdadera de Cristo en la Hostia Santa. Echarse al suelo ante el Señor es un hecho inaudito de gracia infinita.
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Una novicia que fregaba el suelo de la capilla tras una celebración eucarística, comprobó que una Hostia Consagrada se encontraba en el suelo entre el altar y el Sagrario.
Tan pronto como la Madre Teresa se enteró acudió inmediatamente. Lo primero que hizo fue postrarse en la entrada de la capilla. A continuación se levantó y se acercó al lugar en que se encontraba la Sagrada Forma. Allí se arrodilló de nuevo y oró durante un plazo de diez minutos para, acto seguido, postrarse de nuevo ante la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Finalmente repuso la Hostia en el Sagrario.
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Todos los santos, sin excepción, han centrado su vida en Cristo vivo, presente en la Eucaristía. Su fe en la presencia real era tan fuerte que se pasaban horas y horas, acompañando, amando, adorando a Jesús sacramentado.
Son muchas las muestras reales, visibles incluso, que nos ponen de manifiesto -más allá de la fe estricta, que el pan eucarístico es presencia verdadera de Cristo: en ese humilde trocito de pan se ha visto en alguna ocasión el rostro de Jesús, en otras ocasiones que ha avalado por sí sola, o se ha movido interiormente como palpitaciones, en otras ocasiones ha sagrado, y hasta se mantiene intacta, incorrupta, tras años e incluso siglos. Algo también se han realizado científicamente exámenes sobre el tipo materia de la hostia o de la sangre, con resultados que han desafiado a la ciencia, por tratarse de carne humana, y sangre del mismo tipo al de la Sabana Santa. A ello hay que añadir los innumerables milagros relacionados con este Sacramento; se han dado una decena de casos concretos, de personas piadosas que han vivido muchos años de sus vidas sin comer nada, sin alimento, sólo agua, durante muchos años de sus vidas[1]. Otra muestra de la presencia divina en la Eucaristía es la que detectan y proclaman insoportablemente los seres diabólicos en los poseídos en los momentos de los exorcismos.
En estos casos en los que los endemoniados detecta la presencia divina ante quien están sin poder reprimirse y permanecer callados, se dieron -como consta en los Evangelios- varios casos en que los demonios no pudendo soportar la autoridad de Jesús, irrumpian a voces proclamando ante quién se encontraban. Algo así ocurre con la Eucaristia cuando se presenta a un poseído durante el exoscismo, vean un caso paradigmático:
Un caso del padre Tardiff
Al obispo le gusta señalar un caso que atendió el padre Emiliano Tardiff, un misionero canadiense en República Dominicana, muy famoso en la Renovación Carismática, que murió en 1999 y está en proceso de beatificación.
“Emiliano Tardiff era un hombre de Dios que hacía maravillas. Una vez le estaba dando un retiro a sacerdotes en Suiza, cuando se aparecieron allá, no sé de qué otro país vecino, con una joven que se presumía estaba poseída por el demonio. Entonces, él se separó de los demás sacerdotes y se puso a hacerle una oración a la joven».
«Luego hicieron un experimento. Como era un retiro con sacerdotes, tenían el Santísimo expuesto para la ocasión. Seguido mandaron a buscar la custodia donde se coloca el Santísimo. Cuando le acercaban el Santísimo (a la joven) se retorcía y hacía de todo. Estaba poseída por el demonio. Luego retiraban la custodia y se tranquilizaba», señala el obispo.
Pero la historia sigue con una enseñanza sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía… y la percepción del endemoniado.
«No sé si fue idea del padre Tardif o de otro, pero sacaron la hostia consagrada y buscaron otra hostia igual, pero sin consagrar, y se la acercaron a la joven. Igual que con la custodia, esta se quedaba tranquilita. El padre Emiliano decía: nosotros no notamos la presencia de Cristo, pero el demonio sí sabe hacer la diferencia. Cuando le acercaban la hostia consagrada, la muchacha se ponía como una fiera, pero cuando le ponían la otra, sin consagrar, permanecía tranquilita”, concluye el obispo de Baní.
Decía el converso André Frossard:
Arrastren a la gente al Sagrario. Digan a los curas que expongan el Santísimo a todas horas. Y Él lo hará todo. ¿No se dan cuenta? Es Dios. Omnipotente, infinitamente misericordioso. Se muere de ganas de que le pidan y le agradezcan. Déjense de planes de evangelización, de campañas, de artículos, de vídeos, de conferencias, de charlas y de mandangas por el estilo. Pura autocomplacencia. Pongan a la gente al lado de Dios, físicamente: que le miren, le hablen, le lloren o le adoren. Él lo hará todo. Ustedes no pueden hacer nada, pobres desgraciados.
Todos hablan de Cristo, pero no están con Cristo. Nosotros sabemos que el Santísimo es, ¿cómo le diría?, una especie de bomba atómica del Amor. Irradia una energía que ustedes no pueden concebir. Una Luz que es conocimiento y ante la cual sobran todas las preguntas.
El Santísimo Sacramento transforma vidas, esta es la mayor verdad real aunque no sea «visiblemente palpable» en el sentido de una prueba de laboratorio. Son muchos muchos los casos de transformación de la gente que se postrar ante la Eucaristía. Recuerdo mi viaje a Medjugorje, la cantidad de muchachos recuperados, convertidos, especialmente en el centro Cenáculo, ¡es milagroso!, fruto de la adoración a la Hostia Santa.
Este es un relato conmovedor, que no puedo de dejar de exponer aquí:
En la parroquia San Juan Bautista (Martínez de Latorre, Veracruz, México), un muchacho se apuntó a las tres de la madrugada. ¡Pero no un día a la semana, sino todos los días! En una de las primeras visitas de este joven, cuando estaba adorando, entró un hombre, grande, se arrodilló delante del Santísimo Sacramento y comenzó a llorar a mares. Se empapó llorando un rato largo. Luego, se incorporó y acercándose al joven adorador le dijo… “Yo soy un asesino, he matado a mucha gente. ¿Será que Dios me perdona?”. “¿Y por qué llorabas tanto?”, le respondió el adorador, a lo que el hombre aún emocionado el respondió… “Porque ha salido un fuego de la hostia y me ha quemado el corazón con su amor. ¡Mira cómo estoy!”. El adorador sólo atinó a decirle… “¿ves?, pues vete a confesar mañana con el padre”. Desde el día siguiente, a las tres de la mañana, nuestro joven adorador tuvo por compañero en la hora santa a aquél hombre arrepentido… milagro de la divina misericordia en una capilla de adoración perpetua”.
En una hora santa estás en silencio y ¡Jesús tiene una hora para estar contigo, para hablarte, para sanarte, bendecirte, iluminarte! Si el católico no ha llorado delante del Santísimo, si no ha sentido su amor, su perdón, su misericordia, su presencia, su poder, es que todavía no conoce al verdadero Jesús.
Santo Tomás dice que todos los efectos que la comida y la bebida producen en a vida del cuerpo, los produce este Sacramento (la santa comunión) en la vida del alma: sustenta, acrecienta, repara, gusta.
Para recibir la luz del Misterio del Amor de Dios manifestado en la Eucaristía, ha de arrodillarse y adorar a “Dios escondido” en la Hostia Santa.
En la santísima Eucaristía es « fuente y cima de toda la vida cristiana ». Concilio Vaticano II
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si alguien come de este pan, vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». (Jn 6,51)
«En verdad, en verdad os digo que si no comiereis la carne del Hijo del hombre y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros». (Jn 6,53)
«El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él.» (Jn 6,56)
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Derraman Sangre de Cristo en Misa y la reacción de estas monjas se hizo viral
Tres religiosas -en la foto- conmovieron a los fieles de una parroquia y a miles en las redes sociales tras arrodillarse ante una mancha de vino consagrado o sangre de Cristo que un diácono dejó caer accidentalmente durante Misa.
La historia se ha hecho viral y aquí te la contamos.
En su cuenta de Facebook, el diácono Mike Hinger relató lo ocurrido en la Saint Maximilian Kolbe Catholic Church, ubicada en la localidad de Liberty Township en el estado de Ohio (Estados Unidos).
“El fin de semana en la Misa de las 10:00, accidentalmente derramé algo de la preciosa sangre de Jesús en la alfombra durante la Comunión. Inmediatamente coloqué un purificador sobre lo derramado para que nadie pisara el área hasta que pudiera limpiarla luego de la Misa”, contó. El purificador es una tela blanca usada para purificar o limpiar el cáliz luego de la Comunión.
“Al terminar la Misa fui a la sacristía para buscar algo de agua y otro purificador para limpiar la preciosa sangre. Cuando salí hacia la parte principal de la iglesia vi a tres monjas de (la congregación) Children of Mary que habían estado en la Misa de las 10, arrodilladas alrededor de la preciosa sangre derramada y con el rostro hacia abajo, postradas en adoración esperando a que yo volviera”, continuó el diácono.
En declaraciones a ACI Prensa este jueves 21 de noviembre, Mike Hinger contó que al ver a las religiosas “estaba muy conmovido porque no esperaba eso. Yo estaba siguiendo los procedimientos normales para limpiar la sangre de Cristo. Y cuando volví estaban de rodillas, con el rostro hacia abajo en adoración. Me sorprendió mucho verlas hacer eso”.
Hinger dijo además que “casi comienzo a llorar cuando las vi. Creo que así ellas nos enseñaron sobre la real presencia de Jesús en la Eucaristía y en la preciosa sangre. Su gesto habla muy fuerte a quien lo haya visto. Ese es el mensaje: Esta es realmente la sangre de Cristo derramada en la alfombra”.
Mike Hinger, que es diácono permanente desde hace 9 años y está casado, tiene dos hijos adultos y 3 nietos, comentó también que no esperaba tanta repercusión de su publicación en Facebook que tiene más de 13 mil reacciones, 1.300 comentarios y ha sido compartida más de 8 mil veces.
“Incluso hoy Jesús toma a dos personas normales”, él y Sara Merkel que compartieron la historia “y las convierte en muchas más. Con gente en Australia y en todo el mundo el Señor llega a muchos Esa es la forma en la que el Espíritu Santo obra”, concluyó el diácono que no pudo conversar con las religiosas, aunque sí ha informado de su publicación a la superiora local de la congregación.
Sara Merkel, de la oficina de comunicaciones de la parroquia Saint Marximilian Kolbe, indicó a ACI Prensa que “esto sucedió en la Misa de las 10 de la mañana el domingo 17 de noviembre. Era una Misa como cualquier otra pero en ella se iba a celebrar algunas primeras comuniones”.
“Las religiosas eran de la congregación Children of Mary y estaban en la Misa porque son amigas de algunas de las familias que asistieron por las primeras comuniones”, explicó Merkel.
“Fue una coincidencia que ellas estuvieran en Misa ese día con nosotros, pero ciertamente ha sido una forma hermosa de difundir el amor y la devoción a nuestro Señor en el Santísimo Sacramento”, resaltó.
La congregación Children of Mary (Hijas de María) tiene como carisma “saciar la sed de Jesús de ser amado en el Santísimo Sacramento”.
“Él nos llama a las hermanas de Children of Mary a decirle a su pueblo que Él los ama y está con ellos. Proclamamos este mensaje principalmente con nuestra reverente participación en la Santa Misa y amándolo y adorándolo en la Eucaristía, lo que nos da gracia a nosotras y al mundo”, señalan las religiosas en su sitio web.
por Walter Sánchez Silva
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[1] Hay santos que han pasado años sin comer ni beber más que la comunión diaria. Este fenómeno extraordinario se llama inedia (ayuno absoluto). Entre otros santos lo tuvieron Sta. Angela de Foligno (s.XIV) por 12 años; Sta. Catalina de Siena (s.XIV) por 8 años; la Bta. Elizabet de Reute (s.XV) por 15 años; Sta. Lidwina (s.XIV) por 28 años; S. Nicolás de Flue (s.XV) por 20 años; Sta Catalina de Raconixio (s.XVI) por 10 años; Domenica Lazzali (s.XIX); Luisa Lateau (s.XIX) por 10 años; Marta Robin (s.XX) 50 años y Teresa Neumann (s.XX) muchos años también.
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