Dios tiene un plan para ti

Puedes ser un trasto, alguien sin estima, con mi defectos, un poco zombi, etc. Estás liberado de cualquier engreimiento; eres acto para que Dios plasme sobre ti lo que tiene pensado…

A la luz de este día de Pentecostés vemos más claramente que Dios derrama su Espíritu sobre todos, sin distingos. Todos, de color, nación, lengua o condición que fueran recibieron la Fuerza que baja del cielo, y hablan en lenguas diversas, pero todos la entendían como su fuera la suya, el Espíritu Santo une lo diferente, sin borrar la diferencia, sin uniformizar, sin hace clones. Todos a los que Jesús llamó, «eran diferentes. Jesús no los había cambiado, no los había uniformado y convertido en ejemplares producidos en serie.» (Papa Francisco).

Dios nos acepta así, tal y como somos, con nuestros caracteres propios, con nuestras capacidades y discapacidades, con nuestras aptitudes y defectos. Y como allí en Pentecostés hacernos suyos, de la comunidad de creyentes, de su Iglesia. Donde cada cual da de sí el don recibido. «La Iglesia nació así: nosotros, diversos, unidos por el Espíritu Santo. Él nos recuerda que, ante todo, somos hijos amados de Dios; todos iguales, en esto, y todos diferentes. El Espíritu desciende sobre nosotros, a pesar de todas nuestras diferencias y miserias, para manifestarnos que tenemos un solo Señor, Jesús, y un solo Padre, y que por esta razón somos hermanos y hermanas.» (Papa Francisco).

Lo que uno hace o aporta no es tan importante, a veces algo insignificante -si ha sido impulsado por el Espíritu Santo- puede tener valor eterno. Este valor eterno procede de la presencia de la gracia divina que hay en ello. De modo que a los ojos de Dios, cualquier persona hasta la más inepta tiene un propósito:  realizar con ella una obra de santidad, un hijo a semejanza de su Hijo.

Dios a ti, como a todos, te tiene un lugar reservado en su Banquete, estás en la lista de los que pertenecen a su Reino. Nacimos de un don, de Dios, al que tenemos en el corazón, y en la medida que nos damos, crecemos, haciendo lo que llevamos dentro; donación. Da igual lo que hagamos, siempre que nos donemos.

Este es el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros: es el mismo, pero diverso. Cada uno somos únicos, excepcionales, como cada uno de sus hijos para una madre, aunque alguno sea un trasto, pero que se deja querer y llevar de la mano… por el camino que le quiera llevar.

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