Hemos hecho una selección de textos de carácter profético de las Sagradas Escrituras. Los cuales les ponemos a su disposición por si les inspiran y les sirve a la reflexión y toma de conciencia sobre la exigente verdad acerca de lo que Jesús pidió encarecidamente: «¡Velad!«
Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21.
2 Timoteo 3, 1; 2 Timoteo 4.
1 Timoteo 4
2 Pedro 3
2 Tesalonicenses 2
Isaías; Malaquías 4; Ezequiel 7; Daniel, Zacarías, Jeremías, Habacuc, Joel, Sofonías
Del libro del Apocalipsis no extraemos textos concretos por ser todo ello referente al tema profético; por lo que nos remitimos a su lectura completa en la Biblia.
Notas: a) no son todos pasajes posibles b) el subrayado y resaltado son nuestros.
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Evangelio según San Mateo, capítulo 24
[1]Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo. [2]Pero él les respondió: «¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida.» [3]Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo.» [4]Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie. [5]Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «»Yo soy el Cristo»», y engañarán a muchos. [6]Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. [7]Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos. [8]Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento. [9]«Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. [10]Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente. [11]Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos. [12]Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará. [13]Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. [14]«Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin. [15]«Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda), [16]entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; [17]el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa; [18]y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto. [19]¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! [20]Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado. [21]Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla. [22]Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días. [23]«Entonces, si alguno os dice: «»Mirad, el Cristo está aquí o ahí»», no lo creáis. [24]Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. [25]¡Mirad que os lo he predicho! [26]«Así que si os dicen: «»Está en el desierto»», no salgáis; «»Está en los aposentos»», no lo creáis. [27]Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre. [28]Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres. [29]«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas. [30]Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. [31]El enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro. [32]«De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. [33]Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas. [34]Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. [35]El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [36]Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre. [37]«Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. [38]Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, [39]y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. [40]Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; [41]dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. [42]«Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. [43]Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. [44]Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. [45]«¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? [46]Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. [47]Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. [48]Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: «»Mi señor tarda»», [49]y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, [50]vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, [51]le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Mateo, cap. 26
61 que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo.»
64 Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis = al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.»
Evangelio según San Marcos, capítulo 13
[1]Al salir del Templo, le dice uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué construcciones.» [2]Jesús le dijo: «¿Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.» [3]Estando luego sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo, le preguntaron en privado Pedro, Santiago, Juan y Andrés: [4] «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse.» [5]Jesús empezó a decirles: «Mirad que no os engañe nadie. [6]Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «»Yo soy»», y engañarán a muchos. [7]Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis; porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. [8]Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento. [9]«Pero vosotros mirad por vosotros mismos; os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis ante gobernadores y reyes por mi causa, para que deis testimonio ante ellos. [10]Y es preciso que antes sea proclamada la Buena Nueva a todas las naciones. [11]«Y cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis de qué vais a hablar; sino hablad lo que se os comunique en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu Santo. [12]Y entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. [13]Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. [14]«Pero cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe (el que lea, que entienda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; [15]el que esté en el terrado, no baje ni entre a recoger algo de su casa, [16]y el que esté por el campo, no regrese en busca de su manto. [17]¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! [18]Orad para que no suceda en invierno. [19]Porque aquellos días habrá una tribulación cual no la hubo desde el principio de la creación, que hizo Dios, hasta el presente, ni la volverá a haber. [20]Y si el Señor no abreviase aquellos días, no se salvaría nadie, pero en atención a los elegidos que él escogió, ha abreviado los días. [21]Entonces, si alguno os dice: «»Mirad, el Cristo aquí»» «»Miradlo allí»», no lo creáis. [22]Pues surgirán falsos cristos y falsos profetas y realizarán señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, a los elegidos. [23]Vosotros, pues, estad sobre aviso; mirad que os lo he predicho todo. [24]«Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, [25]las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. [26]Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; [27]entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. [28]«De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. [29]Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. [30]Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. [31]El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [32]Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. [33]«Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. [34]Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; [35] velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. [36]No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. [37]Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!»
Marcos, cap. 14
57 Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio:
58 «Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres.»
62 Y dijo Jesús: «Sí, yo soy, y veréis = al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del cielo.»
Evangelio según San Lucas, capítulo 21
[1]Alzando la mirada, vió a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; [2]vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, [3]y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. [4]Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.» [5]Como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: [6]«Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.» [7]Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?» [8]El dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «»Yo soy»» y «»el tiempo está cerca»». No les sigáis. [9]Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.» [10]Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. [11]Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. [12]«Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; [13]esto os sucederá para que deis testimonio. [14]Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, [15]porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. [16]Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, [17]y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. [18]Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. [19]Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. [20]«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. [21]Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; [22]porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito. [23]¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo; [24]y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. [25]«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, [26]muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. [27]Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. [28]Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.» [29]Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los árboles. [30]Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. [31]Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca. [32]Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. [33]El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [34] «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, [35]como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. [36]Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.» [37]Por el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos. [38]Y todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo.
Hechos 2
14 Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras:
15 No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día,
16 sino que es lo que dijo el profeta:
17 = Sucederá = en los últimos días, dice Dios: = Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, = y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. =
18 = Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu. =
19 = Haré prodigios = arriba = en el cielo = y señales abajo = en la tierra. =
20 = El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que llegue el Día grande del Señor. =
21= Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. =
Segunda Epístola de San Pedro, capítulo 3
[3]Sabed ante todo que en los últimos días vendrán hombres llenos de sarcasmo, guiados por sus propias pasiones, [4]que dirán en son de burla: «¿Dónde queda la promesa de su Venida? Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación». [5]Porque ignoran intencionadamente que hace tiempo existieron unos cielos y también una tierra surgida del agua y establecida entre las aguas por la Palabra de Dios, [6]y que, por esto, el mundo de entonces pereció inundado por las aguas del diluvio, [7]y que los cielos y la tierra presentes, por esa misma Palabra, están reservados para el fuego y guardados hasta el día del Juicio y de la destrucción de los impíos. [8] Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día. [9]No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión. [10]El Día del Señor llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos, con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá. [11]Puesto que todas estas cosas han de disolverse así, ¿cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad, [12] esperando y acelerando la venida del Día de Dios, en el que los cielos, en llamas, se disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán? [13]Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en lo que habite la justicia.
[17]Vosotros, pues, queridos, estando ya advertidos, vivid alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos disolutos, os veáis derribados de vuestra firme postura.
Segunda Epístola a los Tesalonicenses, capítulo 2
[1]Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, [2]que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. [3]Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, [4]el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. [5]¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? [6]Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. [7]Porque el ministerio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, [8]entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida. [9]La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, [10]y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. [11]Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, [12]para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad.
[15]Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.
Primera Epístola a Timoteo, capítulo 4
[1]El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas, [2] por la hipocresía de embaucadores que tienen marcada a fuego su propia conciencia; [3] éstos prohíben el matrimonio y el uso de alimentos que Dios creó para que fueran comidos con acción de gracias por los creyentes y por los que han conocido la verdad. [4]Porque todo lo que Dios ha creado es bueno y no se ha de rechazar ningún alimento que se coma con acción de gracias; [5] pues queda santificado por la Palabra de Dios y por la oración. [6]Si tú enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús, alimentado con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido fielmente. [7]Rechaza, en cambio, las fábulas profanas y los cuentos de viejas. Ejercítate en la piedad.
Segunda Epístola a Timoteo
Capítulo 3
[1]Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; [2] los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, [3]desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, [4]traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, [5]que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos.
Capítulo 4
[3]Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; [4] apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.
Epístola de San Judas
[5]Quiero recordaros a vosotros, que ya habéis aprendido todo esto de una vez para siempre, que el Señor, habiendo librado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron; [6]y además que a los ángeles, que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los tiene guardados con ligaduras eternas bajo tinieblas para el juicio del gran Día. [7]Y lo mismo Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que como ellos fornicaron y se fueron tras una carne diferente, padeciendo la pena de un fuego eterno, sirven de ejemplo. [8]Igualmente éstos, a pesar de todo, alucinados en sus delirios, manchan la carne, desprecian al Señorío e injurian a las Glorias. [9]En cambio el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él juicio injurioso, sino que dijo: «Que te castigue el Señor». [10]Pero éstos injurian lo que ignoran y se corrompen en las cosas que, como animales irracionales, conocen por instinto. [11]¡Ay de ellos!, porque se han ido por el camino de Caín, y por un salario se han abandonado al descarrío de Balaam, y han perecido en la rebelión de Coré. [12]Estos son una mancha cuando banquetean desvergonzadamente en vuestros ágapes y se apacientan a sí mismos; son nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz; [13]son olas salvajes del mar, que echan la espuma de su propia vergüenza, estrellas errantes a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre.
Primera Epístola de San Juan
Capítulo 2
[18]Hijos míos,
es la última hora.
Habéis oído que iba a venir un Anticristo;
pues bien, muchos anticristos han aparecido,
por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
[22]¿Quién es el mentiroso
sino el que niega que Jesús es el Cristo?
Ese es el Anticristo,
el que niega al Padre y al Hijo.
[23]Todo el que niega al Hijo
tampoco posee al Padre.
Quien confiesa al Hijo
posee también al Padre.
Capítulo 4
[1]Queridos,
no os fiéis de cualquier espíritu,
sino examinad si los espíritus vienen de Dios,
pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
[3] y todo espíritu que no confiesa a Jesús,
no es de Dios;
ese es el del Anticristo.
El cual habéis oído que iba a venir;
pues bien, ya está en el mundo.
Escritos del profeta Daniel
Capítulo 1
[1]El año tercero del reinado de Yoyaquim, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén y la sitió. [2]El Señor entregó en sus manos a Yoyaquim rey de Judá, así como parte de los objetos de la Casa de Dios. El los llevó al país de Senaar y depositó los objetos en la casa del tesoro de sus dioses. [3]
[21]Daniel permaneció allí hasta el año primero del rey Ciro.
Capítulo 2
[1]El año segundo del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo sueños, y su espíritu se turbó hasta el punto de no poder dormir. [2]El rey mandó llamar a los magos y adivinos, encantadores y caldeos para que manifestaran al rey sus sueños. Vinieron ellos y se presentaron al rey. [3]El rey les dijo: «He tenido un sueño y mi espíritu se ha turbado por el deseo de comprender este sueño.»
[11]Lo que el rey pide es difícil, y nadie se lo puede descubrir al rey, excepto los dioses; pero ellos no viven entre los seres de carne.» [12]Entonces el rey se enfureció terriblemente y mandó matar a todos los sabios de Babilonia. [13]Promulgado el decreto de matar a los sabios, se buscó también a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
[19]Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión nocturna. Y Daniel bendijo al Dios del Cielo.
Tomó el rey la palabra y dijo a Daniel (por sobrenombre Beltsassar): «¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he tenido y su interpretación?» [27]Daniel tomó la palabra en presencia del rey y dijo: «El misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, adivinos, magos ni astrólogos que lo puedan revelar al rey; [28]pero hay un Dios en el cielo, que revela los misterios y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días. Tu sueño y las visiones de tu cabeza cuando estabas en tu lecho eran éstos: [29]«Oh rey, los pensamientos que agitaban tu mente en el lecho se referían a lo que ha de suceder en el futuro, y el que revela los misterios te ha dado a conocer lo que sucederá. [30]A mí, sin que yo posea más sabiduría que cualquier otro ser viviente, se me ha revelado este misterio con el solo fin de dar a conocer al rey su interpretación y de que tú conozcas los pensamientos de tu corazón. [31]«Tú, oh rey, has tenido esta visión: una estatua, una enorme estatua, de extraordinario brillo, de aspecto terrible, se levantaba ante ti. [32]La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y sus lomos de bronce, [33] sus piernas de hierro, sus pies parte de hierro y parte de arcilla. [34]Tú estabas mirando, cuando de pronto una piedra se desprendió, sin intervención de mano alguna, vino a dar a la estatua en sus pies de hierro y arcilla, y los pulverizó. [35]Entonces quedó pulverizado todo a la vez: hierro, arcilla, bronce, plata y oro; quedaron como el tamo de la era en verano, y el viento se lo llevó sin dejar rastro. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra. [36]Tal fue el sueño: ahora diremos ante el rey su interpretación. [37]Tú, oh rey, rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado reino, fuerza, poder y gloria [38]- los hijos de los hombres, las bestias del campo, los pájaros del cielo, dondequiera que habiten, los ha dejado en tus manos y te ha hecho soberano de ellos -, tú eres la cabeza de oro. [39]Después de ti surgirá otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que dominará la tierra entera. [40]Y habrá un cuarto reino, duro como el hierro, como el hierro que todo lo pulveriza y machaca: como el hierro qué aplasta, así él pulverizará y aplastará a todos los otros. [41]Y lo que has visto, los pies y los dedos, parte de arcilla de alfarero y parte de hierro, es un reino que estará dividido; tendrá la solidez del hierro, según has visto el hierro mezclado con la masa de arcilla. [42]Los dedos de los pies, parte de hierro y parte de arcilla, es que el reino será en parte fuerte y en parte frágil. [43]Y lo que has visto: el hierro mezclado con la masa de arcilla, es que se mezclarán ellos entre sí por simiente humana, pero no se aglutinarán el uno al otro, de la misma manera que el hierro no se mezcla con la arcilla. [44]En tiempo de estos reyes, el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será destruido, y este reino no pasará a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a todos estos reinos, y él subsistirá eternamente: [45]tal como has visto desprenderse del monte, sin intervención de mano humana, la piedra que redujo a polvo el hierro, el bronce, la arcilla, la plata y el oro. El Dios grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder. Tal es verdaderamente el sueño, y su interpretación digna de confianza.» [46]Entonces el rey Nabucodonosor cayó rostro en tierra, se postró ante Daniel, y ordenó que se le ofreciera oblación y calmante aroma. [47]El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: «Verdaderamente vuestro Dios es el Dios de los dioses y el señor de los reyes, el revelador de los misterios, ya que tú has podido revelar este misterio.» [48]Y el rey confirió a Daniel un alto rango y le dio muchos y magníficos regalos. Le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. [49]Daniel pidió al rey que encargara de la administración de la provincia de Babilonia a Sadrak, Mesak y Abed Negó, quedando Daniel en la corte del rey.
Capítulo 3
[1]El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de sesenta codos de alta por seis de ancha, y la erigió en el llano de Dura, en la provincia de Babilonia. [2]El rey Nabucodonosor mandó a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas y jueces y a todas las autoridades provinciales, que se reunirán y asistieran a la dedicación de la estatua erigida por el rey Nabucodonosor. [3]Se reunieron, pues, los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas y jueces y todas las autoridades provinciales para la dedicación de la estatua erigida por el rey Nabucodonosor; todos estaban en pie ante la estatua erigida por el rey Nabucodonosor. [4]El heraldo pregonó con fuerza: «A vosotros, pueblos, naciones y lenguas, se os hace saber: [5]En el momento en que oigáis el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, os postraréis y adoraréis la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. [6]Aquél que no se postre y la adore, será inmediatamente arrojado en el horno de fuego ardiente.» [7]Con tal motivo, en cuanto se oyó sonar el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que había erigido el rey Nabucodonosor. [8]Sin embargo, algunos caldeos se presentaron a denunciar a los judíos. [9]Tomaron la palabra y dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Viva el rey eternamente! [10]Tú, oh rey, has ordenado que todo hombre, en cuanto oiga sonar el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, se postre y adore la estatua de oro, [11]y que aquél que no se postre para adorarla sea arrojado en el horno de fuego ardiente. [12]Pues hay algunos judíos a quienes has encargado de la administración de la provincia de Babilonia: Sadrak, Mesak y Abed Negó, que no te hacen caso, oh rey; no sirven a tu dios ni adoran la estatua de oro que has erigido.» [13]Ebrio de cólera, Nabucodonosor mandó llamar a Sadrak, Mesak y Abed Negó, que fueron introducidos ante el rey. [14]Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «¿Es verdad, Sadrak, Mesak y Abed Negó, que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que yo he erigido? [15]¿Estáis dispuestos ahora, cuando oigáis sonar el cuerno, el pífano, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, a postraros y adorar la estatua que yo he hecho? Si no la adoráis, seréis inmediatamente arrojados en el horno de fuego ardiente; y ¿qué dios os podrá librar de mis manos?» [16]Sadrak, Mesak y Abed Negó tomaron la palabra y dijeron al rey Nabucodonosor: «No necesitamos darte una respuesta sobre este particular. [17]Si nuestro Dios, a quien servimos, es capaz de librarnos, nos librará del horno de fuego ardiente y de tu mano, oh rey; [18]y si no lo hace, has de saber, oh rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has erigido.» [19]Entonces el rey Nabucodonosor, lleno de cólera y demudada la expresión de su rostro contra Sadrak, Mesak y Abed Negó, dio orden de que se encendiese el horno siete veces más de lo corriente, [20]y mandó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrak, Mesak y Abed Negó y los arrojaran al horno de fuego ardiente. [21]Fueron, pues, atados estos hombres, con sus zaragüelles, túnicas, gorros y vestidos, y arrojados al horno de fuego ardiente. [22]Como la orden del rey era perentoria y el horno estaba excesivamente encendido, la llamarada mató a los hombres que habían llevado allá a Sadrak, Mesak y Abed Negó. [23]Y los tres hombres, Sadrak, Mesak y Abed Negó, cayeron, atados, en medio del horno de fuego ardiente.
[24] Iban ellos por entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
[25] Y Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:
[32] Nos has entregado en manos de nuestros enemigos,
gentes sin ley, pésimos impíos,
en manos de un rey injusto, el más perverso de la tierra toda.
[49] Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, empujó fuera del horno la llama de fuego, [50] y les sopló, en medio del horno, como un frescor de brisa y de rocío, de suerte que el fuego nos los tocó siquiera ni les causó dolor ni molestia.
[91]Entonces el rey Nabucodonosor, estupefacto, se levantó a toda prisa y preguntó a sus consejeros: «¿No hemos echado nosotros al fuego a estos tres hombres atados?» Respondieron ellos: «Indudablemente, oh rey.» [92]Dijo el rey: «Pero yo estoy viendo cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego sin sufrir daño alguno, y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses.» [93]Y Nabucodonosor se acercó a la boca del horno de fuego ardiente y dijo: «Sadrak, Mesak y Abed Negó, servidores del Dios Altísimo, salid y venid aquí.» Entonces Sadrak, Mesak y Abed Negó salieron de en medio del fuego. [94]Los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros del rey se reunieron para ver a estos hombres: el fuego no había tenido ningún poder sobre su cuerpo, los cabellos de su cabeza no estaban chamuscados, sus mantos no se habían alterado, y ni el olor del fuego se les había pegado. [95]Nabucodonosor exclamó: «Bendito sea el Dios de Sadrak, Mesak y Abed Negó, que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, quebrantaron la orden del rey y entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios. [96]Y yo promulgo este edicto: Pueblos, naciones y lenguas, todo aquel que hable ligeramente del Dios de Sadrak, Mesak y Abed Negó, será cortado en pedazos y su casa será reducida a escombros, porque no hay otro dios que pueda salvar de este modo.» [97]Y el rey hizo prosperar a Sadrak, Mesak y Abed Negó en la provincia de Babilonia. [98]Nabucodonosor, Rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas de toda la tierra: ¡Sea grande vuestra paz! [99]Me ha parecido bien daros a conocer las señales y milagros que ha hecho el Dios Altísimo. [100]¡Que grandes sus prodigios,
qué poderosos sus milagros!
¡Reino eterno es su reino,
su imperio de generación en generación!
Capítulo 4
[1]Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa, y satisfecho en mi palacio. [2]Y tuve un sueño que me aterrorizó. Las obsesiones que tuve en mi lecho y las visiones de mi cabeza me aterraron. [3]Entonces di orden de traer a mi presencia a todos los sabios de Babilonia para que me dieran a conocer la interpretación del sueño. [4]Vinieron los magos, adivinos, caldeos y astrólogos y, en su presencia, conté el sueño, pero su interpretación no me la dieron. [5]Después se presentó ante mí Daniel, por sobrenombre Beltsassar, según el nombre de mi dios, en quien reside el espíritu de los dioses santos. Yo le conté el sueño:
[6]«Beltsassar, jefe de los magos, ya sé que tú posees el espíritu de los dioses santos y que ningún misterio ofrece para ti dificultad: mira el sueño que he tenido; dime su interpretación.
[7]«En mi lecho, contemplaba las visiones de mi cabeza: «Un árbol había en el centro de la tierra, de altura muy grande. [8]El árbol creció, se hizo corpulento, su altura llegaba hasta el cielo, su expansión, hasta los confines de la tierra. [9]Era hermoso su ramaje, abundante su fruto; había en él comida para todos, a su sombra se cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban los pájaros del cielo, y toda carne se alimentaba de él. [10]Yo contemplaba, en mi lecho, las visiones de mi cabeza. En esto, un Vigilante, un santo, bajaba del cielo.
[11]Con recia voz gritaba así: «»Abatid el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas, tirad sus frutos; váyanse las bestias de debajo de él, y los pájaros de sus ramas. [12]Pero dejad en tierra tocón y raíces con ataduras de hierro y bronce,
entre la hierba del campo. Sea bañado del rocío del cielo y comparta con las bestias la hierba de la tierra. [13]Deje de ser su corazón de hombre, désele un corazón de bestia y pasen por él siete tiempos. [14]Es la sentencia dictada por los Vigilantes,
la cuestión decidida por los Santos, para que sepa todo ser viviente que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres: se lo da a quien le place y exalta al más humilde de los hombres.»»» [15]«Tal es el sueño que he tenido yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Beltsassar, dime su interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido darme a conocer su interpretación; pero tú puedes, porque en ti reside el espíritu de los dioses santos.» [16]Entonces Daniel, por sobrenombre Beltsassar, quedó un instante aturdido y turbado en sus pensamientos. El rey tomó la palabra y dijo: «Beltsassar, no te turbe este sueño y su interpretación.» Respondió Beltsassar: «¡ Oh mi señor, sea este sueño para tus enemigos y su interpretación para tus adversarios! [17]Ese árbol que has visto, que se hizo grande y corpulento, cuya altura llegaba hasta el cielo y que era visible en toda la tierra, [18]que tenía hermoso ramaje y abundante fruto, en el que había alimento para todos, bajo el cual se cobijaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban los pájaros del cielo, [19]eres tú, oh rey, que te has hecho grande y poderoso, cuya grandeza ha crecido y ha llegado hasta el cielo, y cuyo dominio se extiende hasta los confines de la tierra. [20]«En cuanto a lo que ha visto el rey: un Vigilante, un santo que bajaba del cielo y decía: «»Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raíces dejadlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del rocío del cielo y comparta la suerte con las bestias del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos»», [21]ésta es su interpretación, oh rey, y el decreto del Altísimo que ha tocado a mi señor el rey: [22]«Serás arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás; hierba, como los bueyes, tendrás por comida, y serás bañado del rocío del cielo; siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place. [23] «Y la orden de dejar el tocón y las raíces del árbol, significa que tu reino se te conservará hasta que hayas reconocido que todo poder viene del Cielo. [24]Por eso, oh rey, acepta mi consejo: rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga.» [25]Todo esto le sobrevino al rey Nabucodonosor. [26]Doce meses después, paseándose por la terraza del palacio real de Babilonia, [27]iba diciendo el rey: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como mi residencia real, con el poder de mi fuerza y para la gloria de mi majestad?» [28]Aún estaban estas palabras en la boca del rey, cuando una voz cayó del cielo: «¡A ti se te habla, rey Nabucodonosor! La realeza se te ha ido. [29]De entre los hombres serás arrojado, con las bestias del campo morarás; hierba como los bueyes tendrás por comida, y siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y se lo da a quien le place.» [30]Y al punto se cumplió la palabra en Nabucodonosor: fue arrojado de entre los hombres, se alimentó de hierba como los bueyes, su cuerpo fue bañado del rocío del cielo, hasta crecerle sus cabellos como plumas de águila y sus uñas como las de las aves. [31]«Al cabo del tiempo fijado, yo, Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo, y la razón volvió a mí; entonces bendije al Altísimo,
alabando y exaltando al que vive eternamente, cuyo imperio es un imperio eterno,
y cuyo reino dura por todas las generaciones. [32]Los habitantes todos de la tierra ante él, como si no contaran, hace lo que quiere con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. Nadie puede detener su mano o decirle: «»¿Qué haces?»»
[33]«En aquel momento, la razón volvió a mí, y para gloria de mi realeza volvieron también a mí majestad y esplendor; mis consejeros y mis grandes me reclamaron, se me restableció en mi reino, y se me dio una grandeza todavía mayor. [34]Ahora, pues, yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey del Cielo, porque sus obras todas son verdad, justicia todos sus caminos; él sabe humillar a los que caminan con orgullo.»
Capítulo 5
[1]El rey Baltasar dio un gran festín en honor de sus mil dignatarios, y, en presencia de estos mil, bebió vino. [2]Bajo el efecto del vino, Baltasar mandó traer los vasos de oro y plata que su padre Nabucodonosor se había llevado del Templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey, sus dignatarios, sus mujeres y sus concubinas. [3]Se trajeron, pues, los vasos de oro y plata tomados de la Casa de Dios en Jerusalén, y en ellos bebieron el rey, sus dignatarios, sus mujeres y sus concubinas. [4]Bebieron vino y alabaron a sus dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de madera y piedra. [5]De pronto aparecieron los dedos de una mano humana que se pusieron a escribir, detrás del candelabro, en la cal de la pared del palacio real, y el rey vio la palma de la mano que escribía. [6]Entonces el rey cambió de color, sus pensamientos le turbaron, las articulaciones de sus caderas se le relajaron y sus rodillas se pusieron a castañetear. [7]Y el rey mandó a buscar a gritos a los adivinos, caldeos y astrólogos. Tomó el rey la palabra y dijo a los sabios de Babilonia: «El que lea este escrito y me dé a conocer su interpretación, será vestido de púrpura, se le pondrá al cuello un collar de oro, y mandará como tercero en el reino.» [8]Vinieron, pues, todos los sabios del rey; pero no pudieron leer el escrito ni declarar al rey su interpretación. [9]El rey Baltasar se turbó mucho y su semblante cambió de color; también sus dignatarios quedaron desconcertados. [10]En la sala del festín entró la reina, enterada por las palabras del rey y de sus dignatarios. Y dijo la reina: «¡Viva el rey eternamente! No te turben tus pensamientos ni tu semblante cambie de color. [11]Hay en tu reino un hombre en quien reside el espíritu de los dioses santos. Ya en tiempo de tu padre se halló en él luz, inteligencia y sabiduría semejante a la sabiduría de los dioses, y tu padre, el rey Nabucodonosor, le nombró jefe de los magos, adivinos, caldeos y astrólogos. [12]Por tanto, ya que en este Daniel, a quien el rey puso por sobrenombre Beltsassar, se encontró un espíritu extraordinario, ciencia, inteligencia y arte de interpretar sueños, de descifrar enigmas y de resolver dificultades, sea llamado Daniel y él dará a conocer la interpretación.» [13]En seguida fue introducido Daniel a la presencia del rey, y el rey dijo a Daniel: «¿Eres tú Daniel, uno de los judíos deportados, que mi padre el rey trajo de Judá? [14]He oído decir que en ti reside el espíritu de los dioses y que hay en ti luz, inteligencia y sabiduría extraordinarias. [15]Han sido introducidos ahora en mi presencia los sabios y adivinos para que leyeran este escrito y me declararan su interpretación, pero han sido incapaces de descubrir su sentido. [16]He oído decir que tú puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si, pues, logras leer este escrito y declararme su interpretación, serás vestido de púrpura, llevarás al cuello un collar de oro, y mandarás como tercero en el reino.» [17]Daniel tomó la palabra y dijo delante del rey: «Quédate con tus regalos y da tus obsequios a otro, que yo leeré igualmente al rey este escrito y le daré a conocer su interpretación. [18]Oh rey, el Dios Altísimo dio a tu padre Nabucodonosor reino, grandeza, gloria y majestad. [19]Y por esta grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban de miedo en su presencia: mataba él a quien quería, dejaba vivir a quien quería, exaltaba a quien quería y a quien quería humillaba. [20]Pero habiéndose engreído su corazón y obstinado su espíritu hasta la arrogancia, fue depuesto de su trono real, y se le quitó su gloria. [21]Fue expulsado de entre los hombres y su corazón se hizo semejante al de las bestias; estuvo conviviendo con los onagros; se alimentó de hierba como los bueyes, y su cuerpo fue bañado del rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo domina sobre el reino de los hombres y pone en él a quien le place. [22]Pero tú, Baltasar, hijo suyo, no has humillado tu corazón, a pesar de que sabías todo esto; [23]te has engreído contra el Señor del Cielo, se han traído a tu presencia los vasos de su Casa, y tú, tus dignatarios, tus mujeres y tus concubinas, habéis bebido vino en ellos. Habéis celebrado a los dioses de plata y oro, de bronce y hierro, de madera y piedra, que no ven ni oyen ni entienden, pero no has glorificado al Dios que tiene en sus manos tu propio aliento y de quien dependen todos tus caminos. [24]Por eso ha enviado él esa mano que trazó este escrito. [25]La escritura trazada es: Mené, Mené, Teqel y Parsín. [26]Y ésta es la interpretación de las palabras: Mené: Dios ha medido tu reino y le ha puesto fin; [27] Tequel: has sido pesado en la balanza y encontrado falto de peso; [28] Parsín: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y los persas.» [29]Entonces Baltasar mandó revestir de púrpura a Daniel, ponerle un collar de oro al cuello y proclamar que mandaba como tercero en el reino. [30]Aquella noche fue asesinado Baltasar, el rey de los caldeos.
Capítulo 6
[1]Y recibió el reino Darío el Medo, que contaba sesenta y dos años. [2]Plugo a Darío establecer en su reino ciento veinte sátrapas que estuvieran por todo el reino, [3]bajo el mando de tres ministros – Daniel era uno de ellos -, a los que los sátrapas deberían rendir cuentas, con el fin de impedir que el rey recibiera daño alguno. [4]Este mismo Daniel se distinguía entre los ministros y los sátrapas, porque había en él un espíritu extraordinario, y el rey se proponía ponerle al frente del reino entero. [5]Por ello los ministros y los sátrapas se pusieron a buscar un motivo de acusación contra Daniel en algún asunto de Estado; pero no pudieron encontrar ningún motivo de acusación ni falta alguna, porque él era fiel y no se le podía reprochar de negligencia ni falta. [6]Entonces se dijeron aquellos hombres: «No encontraremos ningún motivo de acusación contra este Daniel si no es en materia de la ley de su Dios.» [7]Los ministros y sátrapas acudieron, pues, atropelladamente ante el rey y le hablaron así: «¡Viva eternamente el rey Darío! [8]Todos los ministros del reino, prefectos, sátrapas, consejeros y gobernadores, aconsejan unánimemente que se promulgue un edicto real para poner en vigor la prohibición siguiente: Todo aquel que en el término de treinta días dirija una oración a quienquiera que sea, dios u hombre, fuera de ti, oh rey, será arrojado al foso de los leones. [9]Ahora pues, oh rey, da fuerza de ley a esta prohibición firmando el edicto, de suerte que no se cambie nada, con arreglo a la ley de los medos y persas, que es irrevocable.» [10]Ante esto, el rey Darío firmó el edicto de prohibición. [11]Al saber que había sido firmado el edicto, Daniel entró en su casa. Las ventanas de su cuarto superior estaban orientadas hacia Jerusalén y tres veces al día se ponía él de rodillas, para orar y dar gracias a su Dios; así lo había hecho siempre. [12]Aquellos hombres vinieron atropelladamente y sorprendieron a Daniel invocando y suplicando a su Dios. [13]Entonces se presentaron al rey y le dijeron acerca de la prohibición real: «¿No has firmado tú una prohibición según la cual todo el que dirigiera, en el término de treinta días, una oración a quienquiera que fuese, dios u hombre, fuera de ti, oh rey, sería arrojado al foso de los leones?» Respondió el rey: «La cosa está decidida, según la ley de los medos y los persas, que es irrevocable.» [14]Entonces ellos dijeron en presencia del rey: «Daniel, ese deportado de Judá, no hace caso de ti, oh rey, ni de la prohibición que tú has firmado: tres veces al día hace su oración.» [15]Al oír estas palabras, el rey se afligió mucho y se propuso salvar a Daniel; hasta la puesta del sol estuvo buscando el modo de librarle. [16]Pero aquellos hombres volvieron atropelladamente ante el rey y le dijeron: «Ya sabes, oh rey, que según la ley de los medos y los persas ninguna prohibición o edicto dado por el rey puede ser modificado.» [17]Entonces el rey dio orden de traer a Daniel y de arrojarle al foso de los leones. El rey dijo a Daniel: «Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te librará.» [18]Se trajo una piedra que fue colocada a la entrada del foso, y el rey la selló con su anillo y con el anillo de sus dignatarios, para que no se pudiese cambiar la suerte de Daniel. [19]Después el rey volvió a su palacio y pasó la noche en ayuno; no dejó que le trajeran concubinas y el sueño huyó de él. [20]Al amanecer, al rayar el alba, el rey se levantó y se dirigió a toda prisa al foso de los leones. [21]Acercándose al foso, gritó a Daniel con voz angustiada: «Daniel, servidor del Dios vivo, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿ha podido librarte de los leones?» [22]Entonces Daniel habló con el rey: «¡Viva el rey eternamente! [23]Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones y no me han hecho ningún mal, porque he sido hallado inocente ante él. Y tampoco ante ti, oh rey, he cometido falta alguna.» [24]El rey entonces se alegró mucho y mandó sacar a Daniel del foso. Sacaron a Daniel del foso y no se le encontró herida alguna, porque había confiado en su Dios. [25]Y el rey mandó traer a aquellos hombres que habían acusado a Daniel y echarlos al foso de los leones, a ellos, y a sus hijos y mujeres. Y no habían llegado aún al fondo del foso cuando ya los leones se habían lanzado sobre ellos y les habían triturado todos los huesos. [26]Entonces, el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en toda la tierra: «¡Sea grande vuestra paz! [27]Por mí se decreta que en todos los dominios de mi reino se tema y se tiemble ante el Dios de Daniel, porque él es el Dios vivo, que subsiste por siempre,
– su reino no será destruido y su imperio durará hasta el fin – [28]el que salva y libera, obra señales y milagros en los cielos y en la tierra; el que ha salvado a Daniel del poder de los leones.» [29]Y este mismo Daniel floreció en el reinado de Darío y en el reinado de Ciro el Persa.
Capítulo 7
[1]El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones de su cabeza, mientras se hallaba en su lecho. En seguida puso el sueño por escrito. Comienzo del relato: [2]Daniel tomó la palabra y dijo: Contemplaba yo en mi visión durante la noche lo siguiente: los cuatro vientos del cielo agitaron el mar grande, [3]y cuatro bestias enormes, diferentes todas entre sí, salieron del mar. [4]La primera era como un león con alas de águila. Mientras yo la miraba, le fueron arrancadas las alas, fue levantada de la tierra, se incorporó sobre sus patas como un hombre, y se le dio un corazón de hombre. [5]A continuación, otra segunda bestia, semejante a un oso, levantada de un costado, con tres costillas en las fauces, entre los dientes. Y se le decía: «Levántate, devora mucha carne.» [6]Después, yo seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo con cuatro alas de ave en su dorso; la bestia tenía cuatro cabezas, y se le dio el dominio. [7]Después seguí mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos. [8]Estaba yo observando los cuernos, cuando en esto despuntó entre ellos otro cuerno, pequeño, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él. Tenía este cuerno ojos como los de un hombre, y una boca que decía grandes cosas. [9]Mientras yo contemplaba: Se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó.
Su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. [10]Un río de fuego corría y manaba delante de él. Miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban en pie delante de él. El tribunal se sentó, y se abrieron los libros. [11]Miré entonces, atraído por el ruido de las grandes cosas que decía el cuerno, y estuve mirando hasta que la bestia fue muerta y su cuerpo destrozado y arrojado a la llama de fuego. [12]A las otras bestias se les quitó el dominio, si bien se les concedió una prolongación de vida durante un tiempo y hora determinados. [13]Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. [14]A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.
[15]Yo, Daniel, quedé muy impresionado en mi espíritu por estas cosas, y las visiones de mi cabeza me dejaron turbado. [16]Me acerqué a uno de los que estaban allí de pie y le pedí que me dijera la verdad acerca de todo esto. El me respondió y me indicó la interpretación de estas cosas: [17]«Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que surgirán de la tierra. [18]Los que han de recibir el reino son los santos del Altísimo, que poseerán el reino eternamente, por los siglos de los siglos.» [19]Después quise saber la verdad sobre la cuarta bestia, que era diferente de las otras, extraordinariamente terrible, con dientes de hierro y uñas de bronce, que comía, trituraba y pisoteaba con sus patas lo sobrante; [20]y acerca de los diez cuernos que había en su cabeza, y del otro cuerno que había despuntado, ante el cual cayeron los tres primeros; y de este cuerno que tenía ojos y una boca que decía grandes cosas, y cuyo aspecto era mayor que el de los otros. [21]Yo contemplaba cómo este cuerno hacía la guerra a los santos y los iba subyugando, [22]hasta que vino el Anciano a hacer justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos poseyeron el reino. [23]El habló así: «La cuarta bestia será un cuarto reino que habrá en la tierra, diferente de todos los reinos. Devorará toda la tierra, la aplastará y la pulverizará. [24]Y los diez cuernos: de este reino saldrán diez reyes, y otro saldrá después de ellos; será diferente de los primeros y derribará a tres reyes; [25]proferirá palabras contra el Altísimo y pondrá a prueba a los santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos y la ley, y los santos serán entregados en sus manos por un tiempo y tiempos y medio tiempo. [26]Pero el tribunal se sentará, y el dominio le será quitado, para ser destruido y aniquilado definitivamente. [27]Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán.» [28]Hasta aquí la relación. Yo, Daniel, quedé muy turbado en mis pensamientos, se me demudó el color del rostro y guardé estas cosas en mi corazón.
Capítulo 8
[1]El año tercero del reinado del rey Baltasar, yo, Daniel, tuve una visión después de la tenida anteriormente. [2]Miré durante la visión y me veía en Susa, la plaza fuerte que está en la provincia de Elam; en la visión miré, y me encontraba en la puerta del Ulay. [3]Levanté los ojos para ver, y vi un carnero que estaba delante de la puerta. Tenía dos cuernos; los dos cuernos eran altos, pero uno más que otro y el más alto había despuntado el último. [4]Vi que el carnero acometía contra el oeste, el norte y el sur. Ninguna bestia podía resistirle, nada podía escapar a su poder. Hacía lo que le parecía y así se hizo grande. [5]Estaba yo cavilando, y he aquí que un macho cabrío vino de occidente, recorriendo la tierra entera sin tocar el suelo; este macho cabrío tenía un cuerno «magnífico» entre los ojos. [6]Vino donde el carnero de dos cuernos que yo había visto en pie delante de la puerta y corrió hacia él con todo el ardor de su fuerza. [7]Vi cómo alcanzaba al carnero, enfurecido contra él; embistió al carnero, y le rompió los dos cuernos, sin que el carnero tuviera fuerzas para resistirle; lo echó por tierra y lo pisoteó; no había nadie que librara al carnero de su mano. [8]El macho cabrío se hizo muy grande, pero cuando estaba en la plenitud de su poder, el gran cuerno se rompió y en su lugar despuntaron cuatro «magníficos» en la dirección de los cuatro vientos del cielo. [9]De uno de ellos salió un cuerno, pequeño, que creció mucho en dirección del sur, del oriente y de la Tierra del Esplendor. [10]Creció hasta el ejército del cielo, precipitó en tierra parte del ejército y de las estrellas, y las pisoteó con sus pies. [11]Llegó incluso hasta el Jefe del ejército, abolió el sacrificio perpetuo y sacudió el cimiento de su santuario [12]y al ejército; en el lugar del sacrificio puso la iniquidad y tiró por tierra la verdad; así obró y le acompañó el éxito. [13]Oí entonces a un santo que hablaba, y a otro santo que decía al que hablaba: «¿Hasta cuándo la visión: el sacrificio perpetuo, la iniquidad desoladora, el santuario y el ejército pisoteados?» [14]Le respondió: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas: después será reivindicado el santuario.» [15]Mientras yo, Daniel, contemplaba esta visión y trataba de comprenderla, vi de pronto delante de mí como una apariencia de hombre, [16]y oí una voz de hombre, sobre el Ulay, que gritaba: «Gabriel, explícale a éste la visión.» [17]El se acercó al lugar donde yo estaba y, cuando llegó, me aterroricé y caí de bruces. Me dijo: «Hijo de hombre, entiende: la visión se refiere al tiempo del Fin.» [18]Mientras él me hablaba, yo me desvanecí, rostro en tierra. El me tocó y me hizo incorporarme donde estaba. [19]Luego dijo: «Mira, voy a manifestarte lo que ocurrirá al fin de la Ira, porque el Fin está fijado. [20]El carnero que has visto, sus dos cuernos, son los reyes de los medos y los persas. [21]El macho cabrío velludo es el rey de Yaván; el cuerno grande entre sus ojos, es el primer rey. [22]El cuerno roto y los cuatro cuernos que despuntaron en su lugar, son cuatro reinos salidos de su nación, pero que no tendrán su fuerza. [23]«Y al término de su reino, cuando lleguen al colmo los pecados, surgirá un rey, insolente y hábil en engaños. [24]Se hará poderosa su fuerza – mas no por su fuerza misma – tramará cosas inauditas, prosperará en sus empresas, destruirá a poderosos y al pueblo de los santos. [25]Y, por su habilidad, triunfará el engaño entre sus manos. Se exaltará en su corazón, y por sorpresa destruirá a muchos. Se alzará contra el Príncipe de los Príncipes, pero – sin que mano alguna intervenga – será quebrantado. [26]Es verdad la visión de las tardes y mañanas que se ha dicho, mas tú guarda en secreto la visión, pues habrá aún para muchos días.» [27]Yo, Daniel, desfallecí y estuve enfermo unos cuantos días. Luego me levanté para ocuparme de los asuntos del rey. Seguía perplejo por la visión, que no se podía comprender.
Capítulo 9
[1]El año primero de Darío, hijo de Asuero, de la raza de los medos, que subió al trono del reino de Caldea, [2]el año primero de su reinado, yo, Daniel, me puse a investigar en las Escrituras sobre el número de años que, según la palabra de Yahveh dirigida al profeta Jeremías, debían pasar sobre las ruinas de Jerusalén, a saber setenta años. [3]Volví mi rostro hacia el Señor Dios para implorarle con oraciones y súplicas, en ayuno, sayal y ceniza.
[20]Todavía estaba yo hablando, haciendo mi oración, confesando mis pecados y los pecados de mi pueblo Israel, y derramando mi súplica ante Yahveh mi Dios, por el santo monte de mi Dios; [21]aún estaba hablando en oración, cuando Gabriel, el personaje que yo había visto en visión al principio, vino volando donde mí a la hora de la oblación de la tarde. [22]Vino y me habló. Dijo: «Daniel, he salido ahora para ilustrar tu inteligencia. [23]Desde el comienzo de tu súplica, una palabra se emitió y yo he venido a revelártela, porque tú eres el hombre de las predilecciones. Comprende la palabra, entiende la visión: [24]Setenta semanas están fijadas
sobre tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a la rebeldía, para sellar los pecados, para expiar la culpa, para instaurar justicia eterna, para sellar visión y profecía, para ungir el santo de los santos. [25]«Entiende y comprende: Desde el instante en que salió la orden de volver a construir Jerusalén, hasta un Príncipe Mesías, siete semanas y sesenta y dos semanas, plaza y foso serán reconstruidos, pero en la angustia de los tiempos. [26]Y después de las sesenta y dos semanas un mesías será suprimido, y no habrá para él… y destruirá la ciudad y el santuario el pueblo de un príncipe que vendrá. Su fin será en un cataclismo y, hasta el final, la guerra y los desastres decretados. [27]El concertará con muchos una firme alianza una semana; y en media semana hará cesar el sacrificio y la oblación, y en el ala del Templo estará la abominación de la desolación, hasta que la ruina decretada se derrame sobre el desolador.»
Capítulo 10
[1]El año tercero de Ciro, rey de Persia, una palabra fue revelada a Daniel, por sobrenombre Beltsassar. Palabra verdadera: gran lucha. El comprendió la palabra; le fue dada en visión su inteligencia. [2]En aquel tiempo, yo, Daniel, hice penitencia durante tres semanas: [3]no comí alimento sabroso; ni carne ni vino entraron en mi boca, ni me ungí, hasta el término de estas tres semanas. [4]El día veinticuatro del primer mes, estando a orillas del río grande, el Tigris, [5]levanté los ojos para ver. Vi esto: Un hombre vestido de lino, ceñidos los lomos de oro puro: [6]su cuerpo era como de crisólito, su rostro, como el aspecto del relámpago, sus ojos como antorchas de fuego, sus brazos y sus piernas como el fulgor del bronce bruñido, y el son de sus palabras como el ruido de una multitud. [7]Sólo yo, Daniel, contemplé esta visión: los hombres que estaban conmigo no veían la visión, pero un gran temblor les invadió y huyeron a esconderse. [8]Quedé yo solo contemplando esta gran visión; estaba sin fuerzas; se demudó mi rostro, desfigurado, y quedé totalmente sin fuerzas. [9]Oí el son de sus palabras y, al oírlo, caí desvanecido, rostro en tierra. [10]En esto una mano me tocó, haciendo castañear mis rodillas y las palmas de mis manos. [11]Y me dijo: «Daniel, hombre de las predilecciones, comprende las palabras que voy a decirte, e incorpórate, porque yo he sido enviado ahora donde ti.» Al decirme estas palabras me incorporé temblando. [12]Luego me dijo: «No temas, Daniel, porque desde el primer día en que tú intentaste de corazón comprender y te humillaste delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y precisamente debido a tus palabras he venido yo. [13]El Príncipe del reino de Persia me ha hecho resistencia durante veintiún días, pero Miguel, uno de los Primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda. Le he dejado allí junto a los reyes de Persia [14]y he venido a manifestarte lo que le ocurrirá a tu pueblo al fin de los días. Porque hay todavía una visión para esos días.» [15]Al decirme estas palabras, di con mi rostro en tierra y quedé en silencio; [16]y he aquí que una figura de hijo de hombre me tocó los labios. Abrí la boca para hablar y dije a aquel que estaba delante de mí: «Señor mío, ante esta visión la angustia me invade y ya no tengo fuerzas. [17]Y ¿cómo este siervo de mi Señor podría hablar con mi Señor, cuando ahora las fuerzas me faltan y ni aliento me queda?» [18]El que tenía aspecto de hombre me tocó de nuevo y me reanimó. [19]Me dijo: «No temas, hombre de las predilecciones; la paz sea contigo, cobra fuerza y ánimo.» Y, mientras me hablaba, me sentí reanimado y dije: «Hable mi Señor, porque me has confortado.» [20]Me dijo entonces: «¿Sabes por qué he venido donde ti? Y ahora volveré a luchar con el Príncipe de Persia: cuando haya terminado, verás que viene el Príncipe de Yaván. [21]Pero voy a revelarte lo que está consignado en el Libro de la Verdad. Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro Príncipe,
Capítulo 11
[1]mi apoyo para darme ayuda y sostenerme. [2]Pero ahora voy a revelarte la verdad. «Mira: En Persia habrá todavía tres reyes; el cuarto tendrá más riquezas que todos ellos, y cuando por su riqueza se haya hecho poderoso provocará a todos los reinos de Yaván. [3]Surgirá entonces un rey valeroso que dominará en un gran imperio y actuará a placer. [4]En trance de engrandecerse, su reino será quebrantado y repartido a los cuatros vientos del cielo, pero no entre su descendencia ni con un dominio como el que él había ejercido, porque su reino será extirpado y entregado a otros distintos de aquélla. [5]«El rey del Mediodía se hará fuerte; uno de sus príncipes se hará más fuerte que él y tendrá un imperio mayor que el suyo. [6]Algunos años después concertarán una alianza, y la hija del rey del Mediodía vendrá donde el rey del Norte para realizar el convenio. Pero no resistirá la fuerza de su brazo, ni subsistirá su descendencia: será entregada, ella y las personas de su séquito, así como su hijo y el que era su apoyo. En aquel tiempo, [7]se alzará en su lugar un retoño de sus raíces, que vendrá contra el ejército, entrará en la fortaleza del rey del Norte, y los tratará como vencedor. [8]Sus mismos dioses, sus estatuas y sus objetos preciosos de plata y oro serán el botín que se llevará a Egipto, y durante algunos años se mantendrá a distancia del rey del Norte. [9]Este entrará en el reino del rey del Mediodía y luego regresará a su país. [10]Sus hijos se prepararán para la guerra y reunirán una gran multitud de tropas, y él vendrá, irrumpirá como un río, pasará y se levantará de nuevo en guerra hasta su fortaleza. [11]Entonces el rey del Mediodía, montando en cólera, saldrá a combatir contra el rey del Norte, que movilizará una gran multitud; pero esta multitud caerá en sus manos. [12]La multitud quedará aniquilada; su corazón se exaltará entonces, aplastará a miríadas de hombres, pero no durará su fuerza. [13]El rey del Norte volverá a la carga después de movilizar una multitud más numerosa que la primera, y al cabo de algunos años irrumpirá con un gran ejército y abundante aparato. [14]Por entonces se levantarán muchos contra el rey del Mediodía y los violentos de entre los de tu pueblo se alzarán con ánimo de cumplir la visión, pero fracasarán. [15]Vendrá el rey del Norte, levantará trincheras y tomará una ciudad fortificada. Los brazos del rey del Mediodía no resistirán; ni siquiera lo mejor del pueblo tendrá fuerzas para resistir. [16]Aquel que avanza contra él le tratará a su capricho, sin que haya quien pueda resistirle: se establecerá en la Tierra del Esplendor, llevando en sus manos la destrucción. [17]Concebirá el proyecto de subyugar su reino entero; luego hará un pacto con él dándole una hija de las mujeres con el fin de destruirle, pero esto no se logrará ni resultará así. [18]Entonces se volverá hacia las islas y tomará un buen número de ellas; pero un magistrado pondrá fin a su ultraje sin que él pueda devolverle el ultraje. [19]«Luego se volverá hacia los baluartes de su país, pero tropezará, caerá y no se le encontrará más. [20]En su lugar surgirá otro, que enviará un exactor contra el esplendor real: en pocos días será destruido, mas no en público ni en guerra. [21]«En su lugar se levantará un miserable, a quien no se le darán los honores reales. Se insinuará astutamente y se apoderará del reino por intrigas. [22]Las fuerzas invasoras se hundirán ante él y serán destruidas, así como también el Príncipe de una alianza. [23]Por medio de sus cómplices obrará con engaño y, aunque con poca gente, se irá haciendo fuerte. [24]Invadirá a placer los lugares ricos de la provincia y hará lo que no habían hecho ni sus padres ni los padres de sus padres: distribuirá entre ellos botín, despojos y riquezas, y tramará maquinaciones contra las fortalezas, aunque sólo por un tiempo. [25]«Incitará su fuerza y su corazón contra el rey del Mediodía con un gran ejército. El rey del Mediodía saldrá a la guerra con un ejército muy grande y muy poderoso, pero no podrá resistir, pues se tramarán contra él maquinaciones. [26]Y los mismos que compartían sus manjares le destruirán; su ejército quedará hundido y caerán muchos muertos. [27]«En cuanto a los dos reyes, su corazón lleno de maldad, incluso sentados a la misma mesa, sólo se dirán mentiras; pero no lograrán nada, porque el tiempo fijado está aún por venir. [28]El volverá a su país con grandes riquezas, su corazón contra la Alianza santa; actuará y luego regresará a su país. [29]Llegado el momento, volverá de nuevo hacia el Mediodía, pero esta vez no resultará como la primera. [30]Vendrán contra él las naves de los Kittim, y se desanimará. Volverá atrás y se encorajinará furiosamente contra la Alianza santa, y una vez más tendrá en consideración a los que abandonen la Alianza santa. [31]«De su parte surgirán fuerzas armadas, profanarán el santuario – ciudadela, abolirán el sacrificio perpetuo y pondrán allí la abominación de la desolación. [32]A los violadores de la Alianza los corromperá con halagos, pero el pueblo de los que conocen a su Dios se mantendrá firme y actuará. [33]Los doctos del pueblo instruirán a la multitud; mas sucumbirán bajo la espada y la llama, la cautividad y la expoliación, durante algún tiempo. [34]Cuando sucumban, recibirán poca ayuda; y muchos se unirán a ellos traidoramente. [35]Entre los doctos sucumbirán algunos, para que entre ellos haya quienes sean purgados, lavados y blanqueados, hasta el tiempo del Fin, porque el tiempo fijado está aún por venir. [36]«El rey actuará a placer; se engreirá y se exaltará por encima de todos los dioses, y contra el Dios de los dioses proferirá cosas inauditas; prosperará hasta que se haya colmado la Ira, – porque lo que está decidido se cumplirá. [37]No hará caso de los dioses de sus padres, no se cuidará del favorito de las mujeres ni de ningún otro dios; sólo a sí mismo se exaltará por encima de todos. [38]En su lugar venerará al dios de las fortalezas; venerará con oro y plata, piedras preciosas y joyas, a un dios a quien sus padres no conocieron. [39]Pondrá como defensores de las fortalezas al pueblo de un dios extranjero; a los que le reconozcan, les colmará de honores dándoles dominio sobre muchos y repartiéndoles la tierra como recompensa. [40] «Al tiempo del Fin, el rey del Mediodía se enfrentará a él; el rey del Norte irrumpirá contra aquél con carros, jinetes y numerosas naves. Entrará en sus tierras, las invadirá y atravesará. [41]Vendrá a la Tierra del Esplendor, donde caerán muchos, pero de sus manos escaparán los siguientes: Edom, Moab y los restos de los ammonitas. [42]«Extenderá su mano sobre los países: ni el país de Egipto escapará. [43]Se apoderará de los tesoros de oro y plata y de todos los objetos preciosos de Egipto. Libios y kusitas le seguirán. [44]Pero noticias venidas del Oriente y del Norte le turbarán; saldrá entonces con gran furor, con ánimo de destruir y exterminar a muchos. [45]Plantará sus tiendas reales entre el mar y el santo monte de la Tierra del Esplendor. Entonces llegará a su fin y nadie vendrá en su ayuda.
Capítulo 12
[1]«En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro. [2]Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno. [3]Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad. [4]«Y tú, Daniel, guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del Fin. Muchos andarán errantes acá y allá, y la iniquidad aumentará.» [5]Yo, Daniel, miré y vi a otros dos que estaban de pie a una y otra parte del río. [6]Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: «¿Cuándo será el cumplimiento de estas maravillas?» [7]Y oí al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, jurar, levantando al cielo la mano derecha y la izquierda, por Aquel que vive eternamente: «Un tiempo, tiempos y medio tiempo, y todas estas cosas se cumplirán cuando termine el quebrantamiento de la fuerza del Pueblo santo.» [8]Yo oí, pero no comprendí. Luego dije: «Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?» [9]Dijo: «Anda, Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del Fin. [10]Muchos serán lavados, blanqueados y purgados; los impíos seguirán haciendo el mal; ningún impío comprenderá nada; sólo los doctos comprenderán. [11]Contando desde el momento en que sea abolido el sacrificio perpetuo e instalada la abominación de la desolación: mil doscientos noventa días. [12]Dichoso aquel que sepa esperar y alcance mil trescientos treinta y cinco días. [13]Y tú, vete a descansar; te levantarás para recibir tu suerte al Fin de los días.»
Jeremías, capítulo 4
[5]Avisad en Judá
y que se oiga en Jerusalén.
Tañed el cuerno por el país,
pregonad a voz en grito:
¡Juntaos,
vamos a las plazas fuertes!
[6]¡Izad bandera hacia Sión!
¡Escapad, no os paréis!
Porque yo traigo una calamidad del norte
y un quebranto grande.
[7]Se ha levantado el león de su cubil,
y el devorador de naciones se ha puesto en marcha:
salió de su lugar
para dejar la tierra desolada.
Tus ciudades quedarán arrasadas, sin habitantes.
[13]Ved cómo se levanta cual las nubes,
como un huracán sus carros,
y ligeros más que águilas sus corceles.
– ¡Ay de nosotros, estamos perdidos!
[14]- Limpia de malicia tu corazón, Jerusalén,
para que seas salva.
¿Hasta cuándo durarán en ti
tus pensamientos torcidos?
[18]Tu proceder y fechorías
te acarrearon esto;
esto tu desgracia te ha penetrado hasta el corazón
porque te rebelaste contra mí.
[19]- ¡Mis entrañas, mis entrañas!,
¡me duelen las telas del corazón,
se me salta el corazón del pecho!
No callaré,
porque mi alma ha oído sones de cuerno,
el clamoreo del combate.
[20]Se anuncia quebranto sobre quebranto,
porque es saqueada toda la tierra.
En un punto son saqueadas mis tiendas,
y en un cerrar de ojos mis toldos.
[21]¿Hasta cuándo veré enseñas,
y oiré sones de cuerno?
[22]- Es porque mi pueblo es necio:
A mí no me conocen.
Criaturas necias son,
carecen de talento.
Sabios son para lo malo,
ignorantes para el bien.
[23]Miré a la tierra, y he aquí que era un caos;
a los cielos, y faltaba su luz.
[24]Miré a los montes, y estaban temblando,
y todos los cerros trepidaban.
[25]Miré, y he aquí que no había un alma,
y todas las aves del cielo se habían volado.
[26]Miré, y he aquí que el vergel era yermo,
y todas las ciudades estaban arrasadas delante de Yahveh
y del ardor de su ira.
[27]Porque así dice Yahveh:
Desolación se volverá toda la tierra,
aunque no acabaré con ella.
[28]Por eso ha de enlutarse la tierra,
y se oscurecerán los cielos arriba;
pues tengo resuelta mi decisión
y no me pesará ni me volveré atrás de ella.
Escritos del profeta Isaías
Capítulo 2
1 Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.
2 Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones,
3 y acudirán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos.» Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh.
4 Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.
5 Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.
17 Se humillará la altivez del hombre, y se abajará la altanería humana; será exaltado Yahveh solo, en aquel día,
18 y los ídolos completamente abatidos.
19 Entrarán en las grietas de las peñas y en las hendiduras de la tierra, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
20 Aquel día arrojará el hombre a los musgaños y a los topos los ídolos de plata y los ídolos de oro que él se hizo para postrarse ante ellos,
21 y se meterá en los agujeros de las peñas y en las hendiduras de las piedras, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
Capítulo 24
1 He aquí que Yahveh estraga la tierra, la despuebla, trastorna su superficie y dispersa a los habitantes de ella:
2 al pueblo como al sacerdote; al siervo como al señor; a la criada como a su señora; al que compra como al que vende; al que presta como al prestatario; al acreedor como a su deudor.
3 Devastada será la tierra y del todo saqueada, porque así ha hablado Yahveh.
4 En duelo se marchitó la tierra, se amustia, se marchita el orbe, el cielo con la tierra se marchita.
5 La tierra ha sido profanada bajo sus habitantes, pues traspasaron las leyes, violaron el precepto, rompieron la alianza eterna.
6 Por eso una maldición ha devorado la tierra, y tienen la culpa los que habitan en ella. Por eso han sido consumidos los habitantes de la tierra, y quedan pocos del linaje humano.
7 El mosto estaba triste, la viña mustia: se trocaron en suspiros todas las alegrías del corazón.
8 Cesó el alborozo de los tímpanos, suspendióse el estrépito de los alegres, cesó el alborozo del arpa.
9 No beben vino cantando: amarga el licor a sus bebedores.
10 Ha quedado la villa vacía, ha sido cerrada toda casa, y no se puede entrar.
11 Se lamentan en las calles por el vino. Desapareció toda alegría, emigró el alborozo de la tierra.
12 Ha quedado en la ciudad soledad, y de desolación está herida la puerta.
13 Porque en medio de la tierra, en mitad de los pueblos, pasa como en el vareo del olivo, como en los rebuscos cuando acaba la vendimia.
14 Ellos levantan su voz y lanzan hurras; la majestad de Yahveh aclaman desde el mar.
15 Por eso, en Oriente glorificad a Yahveh, en las islas del mar el nombre de Yahveh, Dios de Israel.
16 Desde el confín de la tierra cánticos hemos oído: «¡Gloria al justo!» Y digo: «¡Menguado de mí, menguado de mí! ¡Ay de mí, y de estos malvados que hacen maldad, los malvados que han consumado la maldad!»
17 ¡Pánico, hoya y trampa contra ti, morador de la tierra!
18 Sucederá que el que escape del pánico, caerá en la hoya, y el que suba de la hoya, será preso en la trampa. Porque las esclusas de lo alto han sido abiertas, y se estremecen los cimientos de la tierra,
19 Estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra,
20 vacila, vacila la tierra como un beodo, se balancea como una cabaña; pesa sobre ella su rebeldía, cae, y no volverá a levantarse.
21 Aquel día castigará Yahveh al ejército de lo alto en lo alto y a los reyes de la tierra en la tierra;
22 serán amontonados en montón los prisioneros en el pozo, serán encerrados en la cárcel y al cabo de muchos días serán visitados.
23 Se afrentará la luna llena, se avergonzará el pleno sol, cuando reine Yahveh Sebaot en el monte Sión y en Jerusalén, y esté la Gloria en presencia de sus ancianos.
Capítulo 26
[9]Con toda mi alma te anhelo en la noche,
y con todo mi espíritu por la mañana te busco.
Porque cuando tú juzgas a la tierra,
aprenden justicia los habitantes del orbe.
[11]Yahveh, alzada está tu mano,
pero no la ven;
verán tu celo por el pueblo y se avergonzarán,
tu ira ardiente devorará a tus adversarios.
[14]Los muertos no vivirán,
las sombras no se levantarán,
pues los has castigado, los has exterminado
y has borrado todo recuerdo de ellos.
[19]Revivirán tus muertos,
tus cadáveres resurgirán,
despertarán y darán gritos de júbilo
los moradores del polvo;
porque rocío luminoso es tu rocío,
y la tierra echará de su seno las sombras.
[20]Vete, pueblo mío, entra en tus cámaras
y cierra tu puerta tras de ti,
escóndete un instante
hasta que pase la ira.
[21]Porque he ahí a Yahveh que sale de su lugar
a castigar la culpa de todos los habitantes de la tierra contra él;
descubre la tierra sus manchas de sangre
y no tapa ya a sus asesinados.
Capítulo 27
1 Aquel día castigará Yahveh con su espada dura, grande, fuerte, a Leviatán, serpiente huidiza, a Leviatán, serpiente tortuosa, y matará al dragón que hay en el mar.
Capítulo 34
1 Acercaos, naciones, a oír, atended, pueblos; oiga la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y cuanto en él brota,
2 que ira tiene Yahveh contra todas las naciones, y cólera contra todas sus mesnadas. Las ha anatematizado, las ha entregado a la matanza.
3 Sus heridos yacen tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus montes chorrean sangre;
4 se esfuma todo el ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera.
Capítulo 35
1 Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor;
2 estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios.
3 Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes.
4 Decid a los de corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará.
5 Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán.
6 Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa,
7 se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro.
8 Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán.
9 No habrá león en ella, ni por ella subirá bestia salvaje, no se encontrará en ella; los rescatados la recorrerán.
10 Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!
Capítulo 47
1 Baja, siéntate en el polvo, virgen, hija de Babel! ¡Siéntate en tierra, destronada, hija de los caldeos! Ya no se te volverá a llamar la dulce, la exquisita.
2 Toma el molino y muele la harina. Despójate de tu velo, descubre la cola de tu vestido, desnuda tus piernas y vadea los ríos.
3 Descubre tu desnudez y se vean tus vergüenzas. Voy a vengarme y nadie intervendrá.
4 Nuestro redentor, cuyo nombre es Yahveh Sebaot, el Santo de Israel, dice:
5 Siéntate en silencio y entra en la tiniebla, hija de los caldeos, que ya no se te volverá a llamar señora de reinos.
6 Irritado estaba yo contra mi pueblo, había profanado mi heredad y en tus manos los había entregado; pero tú no tuviste piedad de ellos; hiciste caer pesadamente tu yugo sobre el anciano.
7 Tú decías: «Seré por siempre la señora eterna.» No has meditado esto en tu corazón no te has acordado de su fin.
8 Pero ahora, voluptuosa, escucha esto, tú que te sientas en seguro y te dices en tu corazón: «¡Yo, y nadie más! No seré viuda, ni sabré lo que es carecer de hijos.»
9 Estas dos desgracias vendrán sobre ti en un instante, en el mismo día. Carencia de hijos y viudez caerán súbitamente sobre ti, a pesar de tus numerosas hechicerías y del poder de tus muchos sortilegios.
10 Te sentías segura en tu maldad, te decías: «Nadie me ve.» Tu sabiduría y tu misma ciencia te han desviado. Dijiste en tu corazón: «¡Yo, y nadie más!»
11 Vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no podrás evitar. Vendrá sobre ti súbitamente una devastación que no sospechas.
12 ¡Quédate, pues, con tus sortilegios y tus muchas hechicerías con que te fatigas desde tu juventud! ¿Te podrán servir de algo? ¿Acaso harás temblar?
13 Te has cansado de tus planes. Que se presenten, pues, y que te salven los que describen los cielos, los que observan las estrellas y hacen saber, en cada mes, lo que te sucederá.
14 Mira, ellos serán como tamo que el fuego quemará. No librarán sus vidas del poder de las llamas. No serán brasas para el pan ni llama ante la cual sentarse.
15 Eso serán para ti tus hechiceros por los que te has fatigado desde tu juventud. Cada uno errará por su camino, y no habrá quien te salve.
Capítulo 51
[3]Cuando haya consolado Yahveh a Sión,
haya consolado todas sus ruinas
y haya trocado el desierto en Edén
y la estepa en Paraíso de Yahveh,
regocijo y alegría se encontrarán en ella,
alabanza y son de canciones.
[4]Préstame atención, pueblo mío,
mi nación, escúchame;
que una instrucción saldrá de mí,
y juicio mío para luz de las naciones.
Inminente,
[5]cercana está mi justicia,
saldrá mi liberación,
y mis brazos juzgarán a los pueblos.
Las islas esperan en mí
y cuentan con mi brazo.
[6]Alzad a los cielos vuestros ojos
y contemplad la tierra abajo,
pues los cielos como humareda se disiparán,
la tierra como un vestido se gastará
y sus moradores como el mosquito morirán.
Pero mi salvación por siempre será,
y mi justicia se mantendrá intacta.
[7]Prestadme oído, sabedores de lo justo,
pueblo consciente de mi ley.
No temáis las injurias de los hombres,
y de sus ultrajes no os asustéis;
[8]pues como un vestido se los comerá la polilla,
y como lana los comerá la tiña.
Pero mi justicia por siempre será,
y mi salvación por generaciones de generaciones.
[9]¡Despierta, despierta, revístete de poderío,
oh brazo de Yahveh!
¡Despierta como en los días de antaño,
en las generaciones pasadas!
¿No eres tú el que partió a Ráhab,
el que atravesó al Dragón?
[10]¿No eres tú el que secó la Mar,
las aguas del gran Océano,
el que trocó las honduras del mar en camino
para que pasasen los rescatados?
[11]Los redimidos de Yahveh volverán,
entrarán en Sión entre aclamaciones,
y habrá alegría eterna sobre sus cabezas.
¡Regocijo y alegría les acompañarán!
¡Adiós, el penar y suspiros!
[12]Yo, yo soy tu consolador.
¿Quién eres tú, que tienes miedo del mortal
y del hijo del hombre,
al heno equiparado?
[13]Olvidas a Yahveh, tu hacedor,
el que extendió los cielos
y cimentó la tierra;
y te estás despavorido
todo a lo largo del día
ante la furia del opresor,
en cuanto se aplica a destruir.
Pues ¿dónde está esa furia del opresor?
[14]Pronto saldrá libre el que está en la cárcel,
no morirá en la hoya,
no le faltará el pan.
[15]Yo soy Yahveh tu Dios, que agito el mar y hago bramar sus olas;
Yahveh Sebaot es mi nombre.
[16]Yo he puesto mis palabras en tu boca
y te he escondido a la sombra de mi mano,
cuando extendía los cielos y cimentaba la tierra,
diciendo a Sión: «Mi pueblo eres tú.»
[17]¡Despierta, despierta!
¡Levántate, Jerusalén!
Tú, que has bebido de mano de Yahveh
la copa de su ira.
El cáliz del vértigo
has bebido hasta vaciarlo.
[18]No hay quien la guíe
de entre todos los hijos que ha dado a luz,
no hay quien la tome de la mano
de entre todos los hijos que ha criado.
[19]Estas dos cosas te han acaecido
– ¿quién te conduele? –
saqueo y quebranto, hambre y espada
– ¿quién te consuela? –
[20]Tus hijos desfallecen, yacen,
en la esquina de todas las calles
como antílope en la red,
llenos de la ira de Yahveh,
de la amenaza de tu Dios.
[21]Por eso, escucha esto, pobrecilla,
ebria, pero no de vino.
[22]Así dice tu Señor Yahveh,
tu Dios, defensor de tu pueblo.
Mira que yo te quito de la mano
la copa del vértigo,
el cáliz de mi ira;
ya no tendrás que seguir bebiéndolo.
[23]Yo lo pondré en la mano de los que te afligían,
de los que a ti misma te decían:
«Póstrate para que pasemos»,
y tú pusiste tu espalda como suelo
y como calle de los que pasaban.
Capítulo 52
[2]Sacúdete el polvo, levántate,
cautiva Jerusalén,
Líbrate de las ligaduras de tu cerviz,
cautiva hija de Sión.
[6]Por eso mi pueblo conocerá mi nombre
en aquel día y comprenderá
que yo soy el que decía: «Aquí estoy.»
[7]¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero
que anuncia la paz,
que trae buenas nuevas,
que anuncia salvación,
que dice a Sión:
«Ya reina tu Dios!»
[8]¡Una voz! Tus vigías alzan la voz,
a una dan gritos de júbilo,
porque con sus propios ojos ven
el retorno de Yahveh a Sión.
[11]¡Apartaos, apartaos,
salid de allí!
¡Cosa impura no toquéis!
¡Salid de en medio de ella, manteneos limpios,
portadores del ajuar de Yahveh!
[12]Pues sin prisa habréis de salir,
no iréis a la desbandada,
que va al frente de vosotros Yahveh,
y os cierra la retaguardia el Dios de Israel.
[13]He aquí que prosperará mi Siervo,
será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera.
[14]Así como se asombraron de él muchos
– pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre,
ni su apariencia era humana –
[15 ]otro tanto se admirarán muchas naciones;
ante él cerrarán los reyes la boca,
pues lo que nunca se les contó verán,
y lo que nunca oyeron reconocerán.
Escritos del profeta Ezequiel
Capítulo 7
[1]La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: [2]Hijo de hombre, di: Así dice el Señor Yahveh a la tierra de Israel: ¡El fin! Llega el fin sobre los cuatro extremos de esta tierra. [3]Ahora es el fin para ti; voy a desencadenar mi cólera contra ti, para juzgarte según tu conducta y pedirte cuentas de todas tus abominaciones. [4]No tendré para ti una mirada de piedad, no te perdonaré, sino que te pediré cuentas de tu conducta; aparecerán tus abominaciones en medio de ti, y sabréis que yo soy Yahveh.
Capítulo 37
[1]La mano de Yahveh fue sobre mí y, por su espíritu, Yahveh me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos. [2]Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. [3]Me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?» Yo dije: «Señor Yahveh, tú lo sabes.» [4]Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahveh. [5]Así dice el Señor Yahveh a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. [6]Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahveh.»
[9]El me dijo: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahveh: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.»
[21]y diles: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo recojo a los hijos de Israel de entre las naciones a las que marcharon. Los congregaré de todas partes para conducirlos a su suelo. [22]Haré de ellos una sola nación en esta tierra, en los montes de Israel, y un solo rey será el rey de todos ellos; no volverán a formar dos naciones, ni volverán a estar divididos en dos reinos. [23]No se contaminarán más con sus basuras, con sus monstruos y con todos sus crímenes. Los salvaré de las infidelidades por las que pecaron, los purificaré, y serán mi pueblo y yo seré su Dios. [24]Mi siervo David reinará sobre ellos, y será para todos ellos el único pastor; obedecerán mis normas, observarán mis preceptos y los pondrán en práctica. [25]Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, donde habitaron vuestros padres. Allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, para siempre, y mi siervo David será su príncipe eternamente. [26]Concluiré con ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre. [27]Mi morada estará junto a ellos, seré su Dios y ellos serán mi pueblo. [28]Y sabrán las naciones que yo soy Yahveh, que santifico a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre.
Capítulo 38
[1]La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: [2]Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Gog, en el país de Magog, príncipe supremo de Mesek y Túbal, y profetiza contra él.
[5]Persia, Kus y Put están con ellos, todos con escudo y yelmo. [6]Gómer, con todas sus huestes, Bet Togarmá, en el extremo norte, con todas sus huestes, pueblos numerosos, están contigo.
[9]Tú subirás, avanzarás como un huracán, como un nubarrón que cubrirá la tierra, tú y todas tus huestes, y los numerosos pueblos que están contigo. [10]Así dice el Señor Yahveh: Aquel día te vendrán al corazón proyectos y concebirás perversos planes.
[14]Por eso, profetiza, hijo de hombre. Dirás a Gog: Así dice el Señor Yahveh: ¿No es verdad que aquel día, cuando mi pueblo Israel viva en seguridad, te pondrás en movimiento? [15]Vendrás de tu lugar, del extremo norte, tú y pueblos numerosos contigo, todos montados a caballo, enorme asamblea, ejército innumerable. [16]Subirás contra mi pueblo Israel como un nublado que recubre la tierra. Será al fin de los días; yo te haré venir entonces contra mi tierra para que las naciones me conozcan, cuando yo manifieste mi santidad a sus ojos, a costa tuya, Gog. [17]Así dice el Señor Yahveh: Tú eres aquel de quien yo hablé antaño, por medio de mis siervos los profetas de Israel, que profetizaron en aquel tiempo, durante años, que yo te haría venir contra ellos. [18]Aquel día, cuando Gog avance contra el suelo de Israel – oráculo del Señor Yahveh – estallará mi furor. En mi cólera, [19]en mis celos, en el ardor de mi furia lo digo: Sí, aquel día habrá un gran terremoto en el suelo de Israel. [20]Temblarán entonces ante mí los peces del mar y los pájaros del cielo, las bestias del campo y todos los reptiles que serpean por el suelo, y todos los hombres de sobre la haz de la tierra. Se desplomarán los montes, caerán las rocas, todas las murallas caerán por tierra. [21]Convocaré contra él toda clase de terrores, oráculo del Señor Yahveh. Volverán la espada unos contra otros. [22]Le castigaré con la peste y la sangre, haré caer una lluvia torrencial, granizos, fuego y azufre, sobre él, sobre sus huestes y sobre los numerosos pueblos que van con él. [23]Manifestaré mi grandeza y mi santidad, me daré a conocer a los ojos de numerosas naciones y sabrán que yo soy Yahveh.
Capítulo 39
[4]En los montes de Israel caerás tú, tus huestes y los pueblos que van contigo. Te he entregado como pasto a toda clase de aves de rapiña y a las fieras del campo. [5]En la haz del campo caerás, porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. [6]Mandaré fuego sobre Magog y sobre los que viven seguros en las islas, y sabrán que yo soy Yahveh. [7]Manifestaré mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, no dejaré que vuelva a ser profanado mi santo nombre, y las naciones sabrán que yo soy Yahveh, santo en Israel. [8]He aquí que todo esto llega y se va a realizar – oráculo del Señor Yahveh -: éste es el día que yo he anunciado. [9]Entonces los habitantes de las ciudades de Israel saldrán a quemar y a entregar a las llamas las armas, paveses y escudos, arcos y flechas, mazas y lanzas. Harán fuego con ello durante siete años.
[14]Luego se escogerán hombres que recorran constantemente el país y entierren a los que hayan quedado por el suelo, para purificarlo. Al cabo de siete meses empezarán su búsqueda.
[27]Cuando yo los haga volver de entre los pueblos y los recoja de los países de sus enemigos, manifestaré en ellos mi santidad a los ojos de numerosas naciones, [28]y sabrán que yo soy Yahveh su Dios, cuando, después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna en su suelo sin dejar allí a ninguno de ellos. [29]No les ocultaré más mi rostro, porque derramaré mi Espíritu sobre la casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh.
Escritos del profeta Habacuc
Capítulo 1
[3]¿Por qué me haces ver la iniquidad,
y tú miras la opresión?
¡Ante mí rapiña y violencia,
querella hay y discordia se suscita!
[4]Por eso la ley se desvirtúa,
y no aparece el juicio.
¡Sí, el impío asedia al justo,
por eso aparece el juicio pervertido!
[5]Mirad a las gentes, contemplad,
quedad estupefactos, atónitos:
voy a hacer yo una obra en vuestros días
que no creeríais si se os contara.
Capítulo 2
[4]«He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta,
más el justo por su fidelidad vivirá.»
[14] ¡Pues la tierra se llenará
del conocimiento de la gloria de Yahveh,
como las aguas cubren el mar!
Miqueas, capítulo 4
[1]Sucederá en días futuros
que el monte de la Casa de Yahveh
será asentado en la cima de los montes,
y se alzará por encima de las colinas.
Y afluirán a él los pueblos,
[2]acudirán naciones numerosas y dirán:
«Venid, subamos al monte de Yahveh,
a la Casa del Dios de Jacob,
para que él nos enseñe sus caminos,
y nosotros sigamos sus senderos».
Pues de Sión saldrá la Ley,
y de Jerusalén la palabra de Yahveh.
[3]El juzgará entre pueblos numerosos,
y corregirá a naciones poderosas;
forjarán ellas sus espadas en azadones,
y sus lanzas en podaderas.
No blandirá más la espada nación contra nación,
ni se adiestrarán más para la guerra.
[6]Aquel día – oráculo de Yahveh –
yo recogeré a la oveja coja,
reuniré a la perseguida,
y a la que yo había maltratado.
[7]De las cojas haré un Resto,
de las alejadas una nación fuerte.
Entonces reinará Yahveh sobre ellos
en el monte Sión,
desde ahora y por siempre.
[8]Y tú, Torre del Rebaño,
Ofel de la hija de Sión,
va a venir, va a entrar en ti el dominio de antaño,
la realeza de la hija de Jerusalén.
[10]¿Retuércete y grita,
hija de Sión, como mujer en parto,
porque ahora vas a salir de la ciudad,
y en el campo morarás.
Llegarás hasta Babel,
y allí serás liberada,
y allí te rescatará Yahveh
de la mano de tus enemigos.
Malaquías, capítulo 3
[1]He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Angel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice Yahveh Sebaot. [2]¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero. [3]Se sentará para fundir y purgar.
[10]Llevad el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi Casa; y ponedme así a prueba, dice Yahveh Sebaot, a ver si no os abro las esclusas del cielo y no vacío sobre vosotros la bendición hasta que ya no quede, [11]y no ahuyento de vosotros al devorador, para que no os destruya el fruto del suelo y no se os quede estéril la viña en el campo, dice Yahveh Sebaot.
[19]Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los que cometen impiedad serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama. [20]Pero para vosotros, los que teméis mi Nombre, brillará el sol de justicia con la salud en sus rayos, y saldréis brincando como becerros bien cebados fuera del establo. [21]Y pisotearéis a los impíos, porque serán ellos ceniza bajo la planta de vuestros pies, el día que yo preparo, dice Yahveh Sebaot. [22]Acordaos de la Ley de Moisés, mi siervo, a quien yo prescribí en el Horeb preceptos y normas para todo Israel. [23]He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. [24]El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema.
Escritos del profeta Joel
Capítulo 1
[6]Porque una nación ha subido contra mi tierra,
fuerte e innumerable:
sus dientes son dientes de león,
y tienen muelas de leona.
[7]En desolación ha dejado mi viña,
destrozada mi higuera:
la ha pelado del todo y derribado,
y sus ramas han quedado blancas.
[15]«¡Ay, el Día,
que está cerca el Día de Yahveh,
ya llega como devastación de Sadday!»
[19]A ti clamo, Yahveh,
porque el fuego ha devorado los pastizales del desierto,
la llama ha abrasado todos los árboles del campo.
[20]Hasta las bestias del campo jadean tras de ti,
porque están secas las corrientes de agua,
y el fuego ha devorado los pastizales del desierto
Capítulo 2
[1]¡Tocad el cuerno en Sión,
clamad en mi monte santo!
¡Tiemblen todos los habitantes del país,
porque llega el Día de Yahveh,
porque está cerca!
[2]¡Día de tinieblas y de oscuridad,
día de nublado y densa niebla!
[6]Ante él se estremecen los pueblos,
todos los rostros mudan de color.
[10]¡Ante él tiembla la tierra,
se estremecen los cielos,
el sol y la luna se oscurecen,
y las estrellas retraen su fulgor!
[11]Ya da Yahveh la voz delante de su ejército,
porque sus batallones son inmensos,
porque es fuerte el ejecutor de su palabra,
porque es grande el Día de Yahveh,
y muy terrible: ¿quién lo soportará?
[12]«Mas ahora todavía – oráculo de Yahveh –
volved a mí de todo corazón,
con ayuno, con llantos, con lamentos.»
[13]Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos,
volved a Yahveh vuestro Dios,
porque él es clemente y compasivo,
tardo a la cólera, rico en amor,
y se ablanda ante la desgracia.
[17]Entre el vestíbulo y el altar lloren
los sacerdotes, ministros de Yahveh,
y digan: «¡Perdona, Yahveh, a tu pueblo,
y no entregues tu heredad al oprobio
a la irrisión de las naciones!
¿Por qué se ha de decir entre los pueblos:
¿Dónde está su Dios?»
[20]Al que viene del Norte le alejaré de vosotros,
y le echaré hacia una tierra de aridez y desolación:
su vanguardia hacia el mar oriental,
hacia el mar occidental su retaguardia.
Y subirá su hedor,
y subirá su fetidez».
(¡Porque él hace grandezas!)
[26]Comeréis en abundancia hasta hartaros,
y alabaréis el nombre de Yahveh vuestro Dios,
que hizo con vosotros maravillas.
(¡Mi pueblo no será confundido jamás!)
[27]«Y sabréis que en medio de Israel estoy yo,
¡yo, Yahveh, vuestro Dios, y no hay otro!
¡Y mi pueblo no será confundido jamás!»
Capítulo 3
[1]«Sucederá después de esto
que yo derramaré mi Espíritu en toda carne.
Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,
vuestros ancianos soñarán sueños,
y vuestros jóvenes verán visiones.
[2]Hasta en los siervos y las siervas
derramaré mi Espíritu en aquellos días.
[3]Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra,
sangre, fuego, columnas de humo».
[4]El sol se cambiará en tinieblas
y la luna en sangre,
ante la venida del Día de Yahveh,
grande y terrible.
[5]Y sucederá que todo el que invoque el nombre de Yahveh será salvo,
porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá supervivencia,
como ha dicho Yahveh,
y entre los supervivientes estarán los que llame Yahveh.
Capítulo 4
[1]«Porque he aquí que en aquellos días, en el tiempo aquel,
cuando yo cambie la suerte de Judá y Jerusalén,
[2]congregaré a todas las naciones
y las haré bajar al Valle de Josafat:
allí entraré en juicio con ellas,
acerca de mi pueblo y mi heredad, Israel.
[5]Vosotros que arrebatasteis mi plata y mi oro,
que llevasteis a vuestros templos mis mejores alhajas,
[6]y a los hijos de Judá y Jerusalén
los vendisteis a los hijos de Yaván,
para alejarlos de su término.
[12]«¡Despiértense y suban las naciones
al Valle de Josafat!
Que allí me sentaré yo para juzgar
a todas las naciones circundantes.
[13]Meted la hoz,
porque la mies está madura;
venid, pisad,
que el lagar está lleno,
y las cavas rebosan,
tan grande es su maldad.»
[14]¡Multitudes y multitudes
en el Valle de la Decisión!
Porque está cerca el Día de Yahveh,
en el Valle de la Decisión.
[15]El sol y la luna se oscurecen,
las estrellas retraen su fulgor.
[16]Ruge Yahveh desde Sión,
desde Jerusalén da su voz:
¡el cielo y la tierra se estremecen!
Mas Yahveh será un refugio para su pueblo,
una fortaleza para los hijos de Israel.
[17]«Sabréis entonces que yo soy Yahveh vuestro Dios,
que habito en Sión, mi monte santo.
Santa será Jerusalén,
y los extranjeros no pasarán más por ella.»
[18]Sucederá aquel día
que los montes destilarán vino
y las colinas fluirán leche;
por todas las torrenteras de Judá
fluirán las aguas;
y una fuente manará de la Casa de Yahveh
que regará el valle de las Acacias.
[19]Egipto quedará hecho una desolación,
Edom un desierto desolado,
por su violencia contra los hijos de Judá,
por haber derramado sangre inocente en su tierra.
[20]Pero Judá será habitada para siempre,
y Jerusalén de edad en edad.
[21]«Yo vengaré su sangre, no la dejaré impune»,
y Yahveh morará en Sión.
Sofonías, capítulo 1
14 ¡Cercano está el gran Día de Yahveh, cercano, a toda prisa viene! ¡Amargo el ruido del día de Yahveh, dará gritos entonces hasta el bravo!
15 Día de ira el día aquel, día de angustia y de aprieto, día de devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y densa niebla,
16 día de trompeta y de clamor, contra las ciudades fortificadas y las torres de los ángulos.
17 Yo pondré a los hombres en aprieto, y ellos como ciegos andarán, (porque pecaron contra Yahveh); su sangre será derramada como polvo, y su carne como excremento.
Escritos del profeta Zacarías
Capítulo 2
[9]Y yo seré para ella – oráculo de Yahveh – muralla de fuego en torno, y dentro de ella seré gloria.»
[12]Pues así dice Yahveh Sebaot
que tras la gloria me ha enviado
a las naciones que os despojaron:
«El que os toca a vosotros
a la niña de mi ojo toca.»
Capítulo 4
[1]Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño. [2]Y me dijo: «¿Qué ves?» Dije: «Veo un candelabro todo de oro, con una ampolla en su vértice: tiene siete lámparas y siete boquillas para las siete lámparas que lleva encima. [3]Hay también dos olivos junto a él, uno a su derecha y el otro a su izquierda.» [4]Proseguí y dije al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué es esto, señor mío?» [5]Me respondió el ángel que hablaba conmigo y me dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.» [6]Prosiguió él y me habló así: Esta es la palabra de Yahveh a Zorobabel. No por el valor ni por la fuerza, sino sólo por mi Espíritu – dice Yahveh Sebaot -. [7]¿Quién eres tú, gran monte? Ante Zorobabel serás una explanada, y él extraerá la piedra de remate, a los gritos de «¡Bravo, bravo por ella!». [8]Me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: [9]Las manos de Zorobabel echaron el cimiento a esta Casa y sus manos la acabarán; (sabréis así que Yahveh Sebaot me ha enviado a vosotros). [10]¿Quién menospreció el día de los modestos comienzos? ¡Se alegrará al ver la plomada en la mano de Zorobabel! « Esos siete son los ojos de Yahveh: ellos recorren toda la tierra.» [11]Entonces tomé la palabra y le dije: «¿Qué son esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?» [12](Añadí de nuevo y le dije: «¿Qué son las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten de sí aceite dorado?») [13]El me habló y dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.» [14]Y él me dijo: «Estos son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra.»
Capítulo 8
[22]Y vendrán pueblos numerosos y naciones poderosas a buscar a Yahveh Sebaot en Jerusalén, y a ablandar el rostro de Yahveh. [23]Así dice Yahveh Sebaot: En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las naciones asirán por la orla del manto a un judío diciendo: «Queremos ir con vosotros, porque hemos oído decir que Dios está con vosotros.»
Capítulo 9
[9]¡Exulta sin freno, hija de Sión,
grita de alegría, hija de Jerusalén!
He aquí que viene a ti tu rey:
justo él y victorioso,
humilde y montado en un asno,
en un pollino, cría de asna.
[10]El suprimirá los cuernos de Efraím
y los caballos de Jerusalén;
será suprimido el arco de combate,
y él proclamará la paz a las naciones.
Su dominio irá de mar a mar
y desde el Río hasta los confines de la tierra.
Capítulo 11
4 Así dice Yahveh mi Dios: Apacienta las ovejas de matadero,
5 esas que sus compradores matan impunemente, mientras sus vendedores dicen: «¡Bendito sea Yahveh; ya soy rico!», y a las que no perdonan los pastores.
6 Pues yo no perdonaré más a los habitantes de esta tierra, oráculo de Yahveh; mas he aquí que voy a entregar a los hombres, a cada uno en manos de su vecino y en manos de su rey; ellos aplastarán la tierra y yo no los libraré de sus manos.
7 Apacenté, pues, las ovejas de matadero destinadas a los tratantes de ovejas, y me procuré dos cayados: a uno lo llamé «Gracia» y al otro «Vínculo». Me puse a apacentar las ovejas,
8 y me deshice de los tres pastores en un mes. Pero mi alma se impacientó con ellos y su alma también se hastió de mí.
9 Entonces dije: «¡No os apacentaré más; la que tenga que morir, que muera, la que tenga que desaparecer, que desaparezca, y las que queden, que se coman unas a otras!»
10 Tomé luego mi cayado «Gracia» y lo partí, para romper la alianza que Yahveh había concluido con todos los pueblos.
11 Quedó roto aquel día, y los tratantes de ovejas que me observaban supieron que era una palabra de Yahveh.
12 Yo les dije: «Si os parece bien, dadme mi jornal; sino, dejadlo.» Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata.
13 Yahveh me dijo: «¡Echalo al tesoro, esa lindeza de precio en que me han apreciado!» Tomé, pues, los treinta siclos de plata y los eché en la Casa de Yahveh, en el tesoro.
14 Después partí mi segundo cayado «Vínculo», para romper la fraternidad entre Judá e Israel.
15 Yahveh me dijo entonces: «Toma todavía el hato de un pastor necio.
16 Pues he aquí que yo voy a suscitar en esta tierra un pastor que no hará caso de la oveja perdida, ni buscará a la extraviada, ni curará a la herida, ni se ocupará de la sana, sino que comerá la carne de la cebada, y hasta las uñas les arrancará.
17 ¡Ay del pastor inútil que abandona las ovejas! ¡Espada sobre su brazo y sobre su ojo derecho; que su brazo se seque del todo, y del todo se oscurezca su ojo!»
Capítulo 12
1 Oráculo. Palabra de Yahveh sobre Israel. Oráculo de Yahveh, el que despliega los cielos, funda la tierra y forma el espíritu del hombre en su interior.
2 He aquí que yo hago de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos del contorno (durante el asedio contra Jerusalén).
2-b (y también sobre Judá).
3 Aquel día haré yo de Jerusalén una piedra de levantamiento para todos los pueblos: todos los que la levanten se desgarrarán completamente. Y contra ella se congregarán todas las naciones de la tierra.
4 Aquel día – oráculo de Yahveh – heriré de aturdimiento a todo caballo, y a su caballero, de locura. Y a todos los pueblos heriré de ceguera. (Mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos.)
5 Entonces dirán en su corazón los jefes de Judá: «La fuerza de los habitantes de Jerusalén está en Yahveh Sebaot su Dios.»
6 Aquel día haré de los jefes de Judá como un brasero con fuego de leña, como una antorcha con fuego de gavillas; y devorarán a derecha e izquierda a todos los pueblos del contorno, mientras que Jerusalén será de nuevo habitada en su lugar.
7 Salvará Yahveh en primer lugar a las tiendas de Judá, para que el prestigio de la casa de David y el prestigio de los habitantes de Jerusalén no se crezca sobre Judá.
8 Aquel día protegerá Yahveh a los habitantes de Jerusalén: el más flaco entre ellos será aquel día como David, y la casa de David será como Dios, como un ángel de Yahveh, al frente de ellos.
9 Aquel día me dispondré a destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén;
10 derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito.
11 Aquel día será grande la lamentación en Jerusalén, como la lamentación de Hadad Rimmón en la llanura de Meguiddó.
Capítulo 13
1 Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza.
2 Aquel día – oráculo de Yahveh Sebaot – extirparé yo de esta tierra los nombres de los ídolos y no se volverá a mentarlos; igualmente a los profetas y el espíritu de impureza los quitaré de esta tierra.
8 Y sucederá en toda esta tierra – oráculo de Yahveh – que dos tercios serán en ella exterminados y el otro tercio quedará en ella.
9 Yo meteré en el fuego este tercio: los purgaré como se purga la plata y los probaré como se prueba el oro. Invocará él mi nombre y yo le responderé; diré: «¡El es mi pueblo!» y él dirá: «¡Yahveh es mi Dios!»
Capítulo 14
1 He aquí que viene el Día de Yahveh en que serán repartidos tus despojos en medio de ti.
2 Yo reuniré a todas las naciones en batalla contra Jerusalén. Será tomada la ciudad, las casas serán saqueadas y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad partirá al cautiverio, pero el Resto del pueblo no será extirpado de la ciudad.
3 Saldrá entonces Yahveh y combatirá contra esas naciones como el día en que él combate, el día de la batalla.
4 Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur.
5 Y huiréis al valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta Yasol; huiréis como huisteis a causa del terremoto en los días de Ozías, rey de Judá. Y vendrá Yahveh mi Dios y todos los santos con él.
6 Aquel día no habrá ya luz, sino frío y hielo.
7 Un día único será – conocido sólo de Yahveh -: no habrá día y luego noche, sino que a la hora de la tarde habrá luz.
8 Sucederá aquel día que saldrán de Jerusalén aguas vivas, mitad hacia el mar oriental, mitad hacia el mar occidental: las habrá tanto en verano como en invierno.
9 Y será Yahveh rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único Yahveh y único su nombre!
10 Toda esta tierra se tornará llanura, desde Gueba hasta Rimmón, al sur de Jerusalén. Y ésta, encumbrada, será habitada en su lugar, desde la Puerta de Benjamín hasta el emplazamiento de la antigua Puerta, es decir, hasta la Puerta de los Ángulos, y desde la torre de Jananel hasta los Lagares del rey.
11 Se habitará en ella y no habrá más anatema: ¡Jerusalén será habitada en seguridad!
12 Y ésta será la plaga con que herirá Yahveh a todos los pueblos que hayan hecho la guerra a Jerusalén: pudrirá su carne estando ellos todavía en pie, sus ojos se pudrirán en sus cuencas, y su lengua se pudrirá en su boca.
13 Y cundirá aquel día entre ellos un inmenso pánico de Yahveh: agarrará cada uno la mano de su prójimo y levantarán la mano unos contra otros.
14 También Judá combatirá en Jerusalén. Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro, plata y vestidos en cantidad inmensa.
15 Semejante será la plaga de los caballos, mulos, camellos y asnos, y de todo el ganado que haya en aquellos campamentos: ¡una plaga como ésa!
16 Y todos los supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén subirán de año en año a postrarse ante el Rey Yahveh Sebaot y a celebrar la fiesta de las Tiendas.
17 Y para aquella familia de la tierra que no suba a Jerusalén a postrarse ante el Rey Yahveh Sebaot no habrá lluvia.
18 Si la familia de Egipto no sube ni viene, caerá sobre ella la plaga con que Yahveh herirá a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.
19 Tal será el castigo de Egipto y el castigo de todas las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.
20 Aquel día se hallará en los cascabeles de los caballos: «Consagrado a Yahveh», y serán las ollas en la Casa de Yahveh como copas de aspersión delante del altar.
21 Y toda olla, en Jerusalén y Judá, estará consagrada a Yahveh Sebaot; todos los que quieran sacrificar vendrán a tomar de ellas, y en ellas cocerán; y no habrá más comerciante en la Casa de Yahveh Sebaot el día aquel.

